Fasnia saldó ayer una deuda con su propia historia. El Ayuntamiento local rindió homenaje a uno de sus hijos más ilustres: Emiliano Díaz Castro (1901-1981), político socialista, abogado, masón y exiliado republicano, cuya trayectoria conecta con algunos de los episodios más decisivos del siglo XX español. El acto incluyó una mesa redonda sobre su vida y obra, la presentación de un libro biográfico del cronista oficial del municipio Octavio Rodríguez Delgado y la inauguración de un busto en su memoria.
La noche del 23 de febrero de 1981, Emiliano Díaz Castro falleció en Ciudad de México a causa de un infarto fulminante mientras seguía por televisión el asalto al Congreso de los Diputados, por lo que su nombre quedó ligado a la intentona golpista del 23-F.
Nació en el municipio de Fasnia, en el seno de una familia humilde de agricultores. Antes de cumplir los 20 años, ya ejercía como secretario accidental del ayuntamiento sureño. Fue secretario general y presidente de la Agrupación Socialista Tinerfeña, considerado uno de los fundadores de la organización insular que alcanzó proyección nacional durante la Segunda República.
Castro fue candidato del Bloque de Izquierdas en 1933 y resultó elegido diputado en las elecciones de febrero de 1936 dentro del Frente Popular. Su peso político durante la guerra civil fue especialmente relevante, ya que fue uno de los pocos diputados que asistió a todas las sesiones de las Cortes itinerantes de la República, celebradas, incluida la última, en el castillo de Figueras, cuando apenas algo más de 60 parlamentarios defendían la República. Por todo ello, fue condenado en su ausencia, confiscándosele sus bienes, inhabilitado profesionalmente y su familia en Fasnia, que sufrió una dura represión.
EXILIO
Tras la derrota republicana se exilió en Francia. Pasó por un campo de concentración. En 1942 logró huir de la ocupación nazi y emigró a México.
En los últimos años de su vida pudo regresar varias veces a su Fasnia natal, donde fue recibido y homenajeado.
En la noche del 23 de febrero de 1981, falleció en Ciudad de México tras sufrir un infarto. Contemplaba en televisión el asalto al Congreso de los Diputados, atónito, ante lo que suponía para él un retroceso a todo lo que se había conseguido. Su muerte quedó ligada simbólicamente para siempre al triste episodio protagonizado por Tejero.







