A sus 41 años, José Feliciano Martín ha luchado desde 2016 contra un astrocitoma, un tipo de tumor cerebral. A los 32 años lo operaron por primera vez y, cuando creía que lo había superado, una recidiva (reaparición tras remisión) le obligó, siete años después, a pasar nuevamente por el quirófano y repetir las duras sesiones de radioterapia y quimioterapia. En esta segunda ocasión los profesionales de la Asociación Española Contra el Cáncer en Tenerife le facilitaron toda la ayuda necesaria.
El tacorontero recuerda que estaba trabajando cuando se desmayó y se cayó de la escalera. Horas más tarde recibió el alta del hospital privado por una supuesta lipotimia. Sin embargo, por la tarde, el episodio se repitió en su casa mientras comía un bocadillo. Tras varios estudios fue diagnosticado con un astrocitoma de grado II (difuso) en el hemisferio izquierdo y fue operado en el Hospital Universitario de Canarias (HUC) por Pablo Febles y su equipo.
Aquella operación tuvo algunas secuelas neurológicas (perdió el habla, confundía el vocabulario y tuvo que volver a aprender a leer y escribir) y motoras (le afectó la movilidad del lado derecho). Tras recuperarse y volver a trabajar, siete años más tarde volvió a reaparecer el astrocitoma en grado III. En esta ocasión fue intervenido por el neurocirujano Julio Plata con una cirugía despierta. Esta vez no perdió el habla ni la movilidad.
Tumor cerebral
Feli reconoce que después de dos operaciones en el cerebro tiene una calidad de vida que no esperaba: “Me ha permitido ganar años de vida y poder cuidar a tu familia, que es lo más importante”. Cuando ya había olvidado el cáncer, junto a su pareja decidieron ser padres, y así nacieron sus dos hijos mellizos, que ahora tienen seis años y fueron una enorme alegría.
Sin embargo, “se me vino el mundo arriba al diagnosticarme la recidiva. Imagínate lasnoches sin dormir y todas las preocupaciones y pensamientos. Tenía miedo, pero no tanto a la muerte como al temor de lo que dejaría detrás y qué le ocurriría a mi mujer y mis hijos, a mis padres y hermanas”. Además, las sesiones de radioterapia y quimioterapia se alargaron durante casi un año. “Esperaba seis meses, superar y a volver a luchar por mis hijos y mi mujer, pero cuando me dijeron que tardaría un año y, cuando durante el primer mes tuve que acudir todos los días al hospital, se me hizo todo cuesta arriba”.
Fue en esta ocasión cuando le aconsejaron que pidiera ayuda a la Asociación Española Contra el Cáncer “y fue el mejor consejo que me dieron en mi vida”, reconoció. De la AECC en Tenerife solo tiene buenas palabras de sus profesionales: “Tamara es la psicóloga que me acompañó y es una asesora y tremenda profesional; también Diego, el fisioterapeuta que me ayudó en mi recuperación; o la labor de Yolanda, la trabajadora social para poder tener una ayuda económica necesaria o gestionarme los grados de discapacidad”.
Tras el primer cáncer, “todo tuvimos que gestionarlo nosotros, incluso volví a trabajar precipitadamente, tenía que pagar la casa y terapias de rehabilitación y con clases para volver a hablar y escribir, un trabajo diario de casi seis meses, lo que quizás influyó en la recaída. Ahora me tomo las cosas con más tranquilidad, la AECC me ha dado prácticamente todo hecho y su ayuda ha sido fundamental. No tengo palabras de agradecimiento”.
Además de su familia, una de las pasiones de José Feliciano es el fútbol. Jugó desde muy pequeño y hasta aficionados, y para él, tanto física como psicológicamente, “es un hobby que no puedo dejar, me despeja y activa la mente”. Actualmente entrena al equipo de base de la UD Tacoronte, en el que juegan sus mellizos.

Pedir ayuda
Ahora mismo, Martín derrocha “ilusión y esperanza”, aconseja vivir el día a día, compartir con la familia los momentos felices y tomarse todo con tranquilidad. “Hay que encarar lo que venga surgiendo sobre la marcha, sin volverse loco pensando una y otra vez en el futuro y en lo que podría o no pasar”.
Reconoce que cuando el mundo se nos viene encima “hay que pedir ayuda” a profesionales. “Tamara ha sido fundamental para afrontar mi recuperación mental y un apoyo a mi mujer”.
“La clave es cómo te enfrentas al problema; si bajas los brazos, te das por vencido o te estancas, estoy seguro de que no sales adelante. A no ser que tengas ayuda y te dejes ayudar. En mi caso, la ayuda la tuve y la tengo gracias a la AECC”.







