Charo Valentí nació el 27 de enero de 1954 en La Coruña, en el número 7 de la Plazuela de Los Ángeles, y falleció el 6 de abril de 2022 en la ciudad gallega. Sin embargo, la isla de Tenerife desempeñó un papel fundamental en su vida, pues fue aquí donde pudo respirar la libertad que se le había negado, realizarse en lo personal y en lo profesional y, sobre todo, dar salida a su gran pasión: el arte.
A partir de 1986, aproximadamente, y hasta 2003, Charo Valentí fue la artista que se encargó de pintar los carteles de las películas que se exhibían en el Cine Víctor de Santa Cruz de Tenerife. Una labor que complementaba sus ingresos económicos, aunque la principal razón que la llevaba a crear estas obras de arte de gran formato (2,40 por 1,50 metros) se encuentra en esa vocación artística que poseyó desde siempre y desarrolló de manera autodidacta.
Santiago Guitián Valentí, su sobrino y ahijado, es el heredero de la colección de carteles, conformada por un total de 134 obras, y se ha trazado el objetivo de difundir el legado de su tía, al tiempo que, como señala en una charla con DIARIO DE AVISOS, dar un paso más y hacer que este reconocimiento se inscriba a su vez en un proyecto que incluye una doble vertiente solidaria.

LAS RESTRICCIONES
La menor de tres hermanas, Charo Valentí se vino a vivir a la Isla, donde ya residía la madre de Santiago, en 1981, buscando alejarse de un ambiente familiar opresivo y lleno de restricciones. Su madre era gallega y se dedicaba a las tareas del hogar, mientras que su padre era mallorquín y militar. “Mi abuelo fue mandado a combatir al frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial -explica Santiago Guitián-, formando parte de la División Azul enviada por Franco. Tenía solo 19 años. Volvió a España tras ser herido por fuego de mortero y, tras vivir los horrores de la guerra, su personalidad se vio muy condicionada, algo que afectaría a toda la familia”.
VOCACIONES
“Era una persona muy autoritaria -añade Guitián Valentí-, hasta el punto de no permitir a Charo desarrollar su pasión por la pintura, por lo que ella dibujaba a escondidas. A su hija mayor no le permitió continuar estudiando Ciencias Biológicas tras suspender una sola asignatura y a mi madre, la del medio, le prohibió materializar su sueño de ser bailarina de danza clásica, pues consideraba que con ello se convertiría en una mujer de mala vida”.
“Al llegar a Tenerife -prosigue el sobrino de la artista-, fue cuando mi tía tuvo la oportunidad de sacar todo eso que llevaba dentro, sentirse realizada y expresarse con total libertad”. “Quizás a esto se deba que lo que más le gustaba era pintar los carteles de películas de animación, llenas de magia y fantasía, justo las que habían faltado en su vida hasta entonces y que logró tras poner tierra de por medio”.
La artista, de formación autodidacta, se instaló en Tenerife en 1981, donde pudo al fin expresar su vocación
Santiago Guitián detalla, asimismo, que conserva una carpeta con dibujos primerizos de su tía, realizados durante la niñez y la adolescencia. “Ahí ya apuntaba maneras; de algún modo, son un popurrí premonitorio de por dónde se iba a conducir más tarde su arte”.
La más pequeña de la familia Valentí comenzó a trabajar llevando la contabilidad de la empresa que gestionaba los multicines Óscar y Greco, así como el Cine Víctor. Al mismo tiempo se encargaba de mantener los contactos con las distintas distribuidoras de las películas que se proyectaban en estas salas ya desaparecidas de la capital tinerfeña. Eso le permitió, de forma complementaria, comenzar a crear los carteles de los estrenos que llegaban al Víctor, dos obras de arte por película, que se exponían a ambos lados de la fachada.
“De hecho, empezó a hacer los carteles un poco antes de 1986 -puntualiza Santiago Guitián-, pero como al principio los pintaba sobre papel, se deterioraban con facilidad y pasado muy poco tiempo todos acababan, lamentablemente, en la basura, por lo que entonces decidió hacerlos con acrílicos sobre muselina”.

ESTADOS UNIDOS
El sobrino de la artista detalla que en numerosas ocasiones la animaba a exponer sus obras fuera de Canarias: “Estudié el bachillerato en Estados Unidos, de manera que cuando regresé a Tenerife ya contaba con el inglés como herramienta. A mí siempre me había maravillado su trabajo, en el que la mayoría de actores y actrices que pintaba procedían de ese país, así que no dejaba de alentarla a embarcarse en el proyecto de viajar a Norteamérica para presentar su obra, mientras le decía que el idioma no sería una barrera pues yo la iba a acompañar”.
Pero Charo Valentí nunca se animó a dar ese paso y le explicaba a su sobrino que algún día, cuando ella ya no estuviese, la colección de carteles sería para él y entonces podría hacer con ella lo que creyese más conveniente, detalla Santiago, quien precisa que, no obstante, su tía sí que expuso en la Isla, en tres ocasiones: “Una en CajaCanarias, otra en Arona y una tercera en el Casino de Tenerife”.
Santiago Guitián Valentí conserva un total de 134 obras de gran formato realizadas por su tía durante 17 años
Una década antes de fallecer, víctima de la enfermedad neurodegenerativa conocida como demencia con cuerpos de Lewy, Charo Valentí regresó a Galicia, donde murió, como se ha apuntado, hace cuatro años.
EL PROYECTO
A partir de ese momento, poco a poco, Santiago Guitián Valentí fue dándole vueltas en su cabeza a un gran proyecto en el que se conjugan el deseo de dar a conocer la creatividad de la artista con la solidaridad hacia quienes padecen dolencias neurodegenerativas y la sensibilización medioambiental. “Mi sueño es hacer llegar buena parte de estos carteles a quienes los protagonizan, actores, actrices, directores de cine… o, si han fallecido, a sus familias y personas más allegadas, para que los adquieran”, explica durante la conversación con este periódico.
“Del dinero que reciba -argumenta-, destinaría el 22% a iniciativas que contribuyan a la investigación de las enfermedades neurodegenerativas, mientras que el 33%, alcanzando así el 55% de los beneficios que obtenga por la venta, se dividiría en tres partes que irían destinadas a otras tantas comunidades nativas de la Amazonía”.
“El único cartel que regalaría sería el de Hook (Steven Spielberg, 1991), protagonizada por Dustin Hoffman y Robin Williams, y sería para el hijo de este último actor, que está muy implicado en esa misma causa de la investigación de las enfermedades neurodegenerativas”, comenta Santiago Guitián, quien en este punto recuerda que Robin Williams, que se suicidó en 2014, también padecía demencia con cuerpos de Lewy, como se reveló en la autopsia.

AMAZONÍA
En cuanto a su idea de reservar tres partes (cada una del 11%) a la defensa de la naturaleza, Guitián Valentí expone que durante muchos años ha vivido en Sudamérica y ha estado en contacto con comunidades nativas. “El objetivo es ayudarlas a que puedan continuar adquiriendo tierras en los entornos donde viven y así asegurar la conservación y protección de la selva y los bosques, que hoy están a merced de la tala masiva para la obtención de madera y de los cultivos extensivos que rompen el equilibrio natural y la armonía de un ecosistema que de por sí es perfecto sin la intervención humana. Además, la minería es la gran causante de la contaminación de ríos, lagos, lagunas y acuíferos, tan necesarios para que fluya la vida en nuestro planeta”, subraya.
De forma paralela, también contempla que las creaciones de Charo Valentí puedan contemplarse de nuevo en Tenerife mediante distintas exposiciones. Aunque aún no cuenta con fechas cerradas, aclara, Santiago Guitián Valentí afirma que ya ha mantenido conversaciones para mostrarlas en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, en el Centro Cultural de Adeje y en Puerto de la Cruz.





