medio ambiente

Los influencers del aceite usado

La campaña ‘Aceite separado, recurso aprovechado’ es una iniciativa de la Fundación Moeve, el Cabildo de Tenerife y la Fundación Ataretaco, que convierte a alumnos de entre 10 y 11 años en prescriptores del reciclaje de aceite doméstico
Los influencers del aceite usado

Cada vez que freímos papas, croquetas o pescado generamos un residuo doméstico muy común, el aceite de cocina usado. Como todo residuo, nos obliga a preguntarnos ¿qué pasa con él después? Si tiramos ese aceite en el fregadero, desaparece de nuestro hogar, sí; pero acaba generando otros problemas mucho más graves: se solidifica en las tuberías, provoca atascos, malos olores, plagas y obliga a las depuradoras de nuestras Islas, ya de por sí extralimitadas, a realizar tratamientos de un coste mucho mayor. En cuanto al mar, la situación es clara: una pequeña cantidad puede contaminar enormes volúmenes de agua y dificultar seriamente su depuración.


Para cambiar este hábito cotidiano, el Cabildo de Tenerife, la Fundación Moeve y la entidad de inserción social Ataretaco han puesto en marcha la campaña “Aceite separado, recurso aprovechado”, que alcanza ya su tercera edición. La iniciativa no solo pretende recoger aceite doméstico usado para su reciclaje, sino algo mucho más ambicioso: cambiar la conducta ambiental de toda la población empezando por las aulas.


El funcionamiento es sencillo. Hasta la fecha, 17 centros educativos de Santa Cruz y La Laguna se han sumado a la iniciativa con talleres donde el alumnado descubre qué ocurre realmente cuando el aceite se tira por el desagüe. Aprenden conceptos como economía circular, contaminación del agua y reciclaje, pero sobre todo adquieren un hábito práctico: guardar el aceite usado en una botella de plástico cerrada, y depositarlo en los contenedores habilitados en sus colegios. Un ejemplo de estas prácticas lo encontramos en el colegio Punta del Hidalgo, donde su directora, Rut Hernández, nos cuenta que la sensibilización no solo es latente en el alumnado; sino que su efecto ha influido ya en el pueblo costero. Tras dos sesiones, la primera de introducción donde, además de un taller educativo, se les entregó un embudo para la recogida doméstica, y la segunda de elaboración de cartelería, un grupo de 17 niños de entre 10 y 11 años han logrado contagiar en sus casas y, desde ahí, a sus vecinos. Ahora el colegio se ha convertido en un punto de recogida también de aceite usado, gracias a un gran contenedor colocado en el marco de este programa y gestionado por Ataretaco.


Porque ahí está lo interesante. Los estudiantes se convierten en auténticos “influencers ambientales” dentro de sus propias casas. Son ellos quienes recuerdan a sus familias que no tiren el aceite, quienes colocan la botella con el embudo que les han regalado junto a la cocina y quienes insisten en llevarla al colegio. Así se genera un cambio de comportamiento que afecta a toda la familia. Unos 2.500 menores han participado en los talleres, de los cuales 350 se han convertido de manera voluntaria en agentes sensibilizantes para impartir charlas en sus colegios y “contagiar” a más compañeros, recibiendo para ello una formación extra. Una vez recogido el aceite, la Fundación Ataretaco se encarga de su transporte y gestión. Este paso añade otra dimensión al proyecto: la social. La actividad genera empleo verde para personas en situación de vulnerabilidad, haciendo un tándem perfecto entre sostenibilidad y economía social. El residuo doméstico, por tanto, no solo se recicla, también crea oportunidades laborales. Después comienza la segunda vida del aceite. Tras su tratamiento, se transforma en biodiésel. Es decir, lo que antes era un contaminante se convierte en energía y materia prima, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y minimizando el riesgo de emisiones. Pero el objetivo de este programa no es recoger litros de aceite, sino consolidar un hábito. La experiencia demuestra que cuando los niños interiorizan prácticas sostenibles, estas permanecen en la vida adulta. Por eso el proyecto apuesta por la educación: formar ciudadanos que entiendan que los residuos no desaparecen, solo cambian de lugar; pero si se reciclan generan valor.


¿Y cómo separamos el aceite? Lo mejor de esta tarea es que es sencilla: solo hay que guardarlo en una botella de plástico, evitando el vidrio que se rompe al lanzarlo al contenedor. Un acto casi insignificante a nivel individual que a escala colectiva puede colaborar al no deterioro de las aguas canarias y la creación de combustible respetuoso. Se espera que pronto se adhieran a la campaña otros colegios de estos y otros municipios, haciendo que la marea de agentes sensibilizantes crezca. Con este programa del Cabildo de Tenerife y la Fundación Moeve, la Isla no solo está reciclando aceite; sino haciendo algo mucho más importante: plantar la semilla en una generación que entiende que cuidar el medio ambiente empieza en casa, justo cuando se recoge la cocina después de una comida familiar.

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