La Laguna Tenerife cayó en su visita al Lleida en Liga Endesa (103-101) en un desenlace cruel en el que Abromaitis falló una canasta debajo del aro para llevar el duelo a la prórroga.
En la segunda parte los insulares encajaron 61 tantos, algo que hace muy complicado ganar un compromiso de este calibre en Liga Endesa.
Intercambio de canastas
Sin Shermadini, Huertas asumió el mando en un inicio muy anotador (9-12). Era un partido desordenado, algo que le interesaba más al Lleida,
Cuando La Laguna Tenerife logró funcionar tanto en ataque como en defesa el encuentro cambió. En defensa, porque con la rotación al Lleida l costaba anotar; en ataque, porque compartiendo el balón, el Canarias era superior (17-22).
El 19-28 del final de cuarto reflejaba las diferencias entre ambos equipos.
La Laguna Tenerife impone su ritmo
Lleida logró un 12-5 de parcial para apretar las cosas (31-33). Vidorreta tuvo que parar el partido. El tiempo muerto surtió efecto: parcial de 0-8 para el 31-41.
Solo algunos minutos después fue Gerard Encuentra el que tuvo que parar el duelo con tiempo. Un 34-46 a falta de dos minutos ponía las cosas de cara para un La Laguna Tenerife que mostraba todo su arsenal.
El 42-51 del descanso volvía a mostrar a un La Laguna Tenerife superior.
Lleida, mejor
Nuevo intercambio de canastas en el inicio de la tercera manga (51-56) hasta que Vidorreta optó por parar el encuentro con 56-63 a falta de dos minutos.
Con el 69-75 todo quedaba por decidir. El Canarias tenía que volver a defender con intensidad: en esta manga había recibido 27 tantos.
Último cuarto
Un nuevo arreón de La Laguna Tenerife puso el 72-79 en el marcador del Barris Nord, que volvía a impulsar a los suyos. Fitipaldo, con cinco tantos seguidos, puso a los suyos con 74-82 antes de que Scrubb mandara el duelo, con 74-85, a un tiempo muerto de encuentra.
Cuando a Gerard Encuentra le señalaron una técnica el marcador quedó en 94-95 y, a partir de ese momento, los ilerdenses manejaron mejor los tiempos, aprovechando las personales señaladas a favor.
El último tiro, debajo del aro de Abromaitis valía para poner el empate a 103, pero, cruelmente, la pelota se quedó en el hierro (103-101).






