La historia de los pueblos de Santa Úrsula y La Victoria de Acentejo, en el norte de Tenerife, tiene un capítulo común que marcó en ambas localidades un antes y un después, con un puente de protagonista. Sucedió hace ahora casi 120 años, y conviene recordarlo porque fue excepcional desde muchos puntos de vista. En 1906 se encargó y en 1909 se inauguró el puente del rey Alfonso XIII, un viaducto sobre el barranco Hondo que fue la primera obra de hormigón armado hecha en Canarias.
La técnica constructiva del hormigón armado o concreto armado, consiste en la combinación de dos materiales: el hormigón y el acero corrugado. Estos materiales se combinan con el fin de conformar elementos estructurales como forjados, vigas, pilares, muros y cimientos de distinta entidad, entre otros.
La invención del hormigón armado se suele atribuir al francés Joseph-Louis Lambot, que en 1848 produjo el primer barco de hormigón armado conocido y lo ensayó en el lago de Besse-sur-Issole. En España, el hormigón armado comienza su andadura en Lérida, de la mano del ingeniero militarFrancesc Macià, que diseñó el depósito de agua de Puigverd con la patente del francés Joseph Monier.
No obstante, la expansión de esta nueva técnica constructiva se produce por el empuje comercial de François Hennebique por medio de su concesionario en San Sebastián Miguel Salaverría y del ingeniero José Eugenio Ribera, entonces destinado en Asturias. En 1898 construye los forjados de la cárcel de Oviedo, el tablero del puente de Ciaño y el depósito de aguas de Llanes.

El primer edificio de entidad construido con hormigón armado es la fábrica de harinas La Ceres, en Bilbao, entre los años 1899 y 1900 (aún hoy en pie y rehabilitada como viviendas) y el primer puente de dimensiones considerables, con arcos de 35 metros de luz, el levantado sobre el Nervión-Ibaizabal en La Peña para el paso del tranvía de Arratia entre Bilbao y Arrigorriaga, desaparecido en las riadas de 1983.
José Eugenio Ribera fue el ingeniero que por orden de Alfonso XIII diseñó el puente que unió ya para siempre a La Victoria de Acentejo y Santa Úrsula. Hay un libro que recogió testimonios, documentos y hasta fotografías de aquel gran acontecimiento. Es un trabajo del exalcalde de La Victoria Alfonso Fernández García, titulado Historia de un puente. Todo empezó en 1906 con la visita oficial al Archipiélago canario del rey Alfonso XIII, acompañado de varios ministros. Las Islas se encontraban entonces en una situación de total abandono y el viaje del monarca -cuyo prestigio y popularidad habían caído tras el desastre de la Guerra de Cuba- pretendía acallar las protestas y el malestar de las instituciones y del pueblo canario. Don Alfonso desembarcó en Santa Cruz Tenerife el 26 de marzo y fue objeto de una recepción multitudinaria. Era el primer rey que visitaba la Isla.
Dos días después salió de excursión por la zona Norte. Durante el recorrido, los vecinos de Santa Úrsula y La Victoria aprovecharon la oportunidad para solicitarle al rey que se construyera un puente sobre el barranco Hondo, con el fin de mejorar las comunicaciones entre ambos pueblos e impulsar el desarrollo de una comarca aislada y empobrecida.

Alfonso XIII
Alfonso XIII no sólo tomó buena nota de aquella anhelada aspiración vecinal, sino que ordenó al Gobierno de forma inmediata, mediante un Real Decreto de 27 de marzo de 1906, la construcción de un puente viaducto sobre el barranco Hondo, en la denominada carretera de segundo orden de La Orotava a Santa Cruz. La obra supuso un auténtico hito técnico, histórico y social. Fue el primer proyecto de hormigón armado que se construyó en Canarias y uno de los primeros de toda España. Aun hoy en día sorprende la celeridad con la que se ordenó y ejecutó semejante obra, que apenas tres años después de la visita del rey ya estaba terminada y en uso. Se da además la circunstancia de que fue de las pocas realizaciones propiciadas por aquella histórica visita real, que resultó más una operación de maquillaje y propaganda que otra cosa. Aparte del puente de Hierro, las únicas promesas de Alfonso XIII que se vieron cumplidas fueron la cesión del Castillo San Cristóbal al Ayuntamiento de Santa Cruz, la Escuela de Artes y Oficios y una granja agrícola.
Los técnicos actuales coinciden en calificar al viaducto de Barranco Hondo como “una excepcional obra de ingeniería, innovadora y vanguardista”. El proyecto fue encargado al ingeniero de caminos José Eugenio Ribera, por Real Orden de 16 de septiembre de 1907. En esa misma fecha se adjudicaron las obras al contratista madrileño Luis Gomendio Saleses y la Compañía de Construcciones Hidráulicas y Civiles, por la cantidad de 124.448,57 pesetas.
El 25 de mayo, el rey aprobó el proyecto y el presupuesto reformados. A mediados de 1908 comenzaron las obras. El ingeniero Ribera decidió construir un arco único para eludir dificultades en los cimientos por las características del terreno, con partes escoriáceas volcánicas. El puente tenía 83,20 metros de longitud y un fondo máximo hasta el barranco de 32,20 metros. El ancho de la calzada era de 5,5, más dos andenes laterales para peatones. Por lo innovador del diseño se le bautizó como sistema Ribera en todos los tratados técnicos de la época. La ejemplaridad de la obra quedó además plasmada en una maqueta a escala en la antigua Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid. Más de un siglo después, los pilares y la estructura del puente del Rey se encuentran en perfecto estado. A principios de los ochenta sufrió una reforma a fondo.
El ángel y el Rey
El periódico La Época describió que a lo largo del trayecto del rey Alfonso XIII por la Isla se levantaron numerosos arcos triunfales. El de La Victoria estaba situado en una de las curvas donde se iniciaba la carretera de San Clemente. Eran dos palos de madera, altos y fuertes, que cruzaban entre ambos una cuerda de la que pendía un cesto grande adornado. Justo en el instante en que el coche del rey se aproximó al arco, comenzó a descender del mismo un cesto adornado con flores, y dentro de él una niña vestida de ángel. El coche del rey se detuvo. La niña bajó del cesto, se dirigió a don Alfonso y, tras hacerle una reverencia, le entregó un escrito en el que los alcaldes de La Victoria y Santa Úrsula pedían al monarca la construcción del ansiado puente. Gracias a esta original argucia, los dos pueblos vieron pronto hecho realidad su anhelo.
Los alcaldes de La Victoria y Santa Úrsula reclaman mejoras urgentes
Con motivo del cercano 120 aniversario del puente del rey Alfonso XIII, o puente de Hierro, como se le conoce popularmente, DIARIO DE AVISOS ha querido conocer el parecer de los actuales regidores de los dos pueblos que une y hermana esta singular e histórica infraestructura.
Para el alcalde de Santa Úrsula, Juan Manuel Acosta, “el puente de Alfonso XIII es una infraestructura emblemática para nuestro pueblo y para toda la comarca. Durante décadas ha sido un elemento clave de conexión, desarrollo y cohesión territorial, formando parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Más allá de su función práctica, es también -recalca-un símbolo del progreso y de la historia reciente de nuestro municipio”.
En cuanto a su estado actual, el alcalde santaursulero destaca que el puente se encuentra operativo, “aunque, como cualquier infraestructura con tantos años de servicio, requiere un seguimiento continuo. Desde el Ayuntamiento somos conscientes de su valor histórico y funcional, por lo que existe voluntad institucional de seguir trabajando en su mantenimiento y, en coordinación con las administraciones competentes, valorar futuras actuaciones que permitan preservar este elemento tan significativo”, concluye Acosta.
Por el otro lado del puente, el teniente de alcalde y concejal de Cultura de La Victoria de Acentejo, Domingo Martín, comenta que “hablar del puente de Alfonso XIII –o del Puente de Hierro, como es popularmente conocido-, simboliza la unión entre pueblos, la importancia de los avances tecnológicos y la necesidad de conectar a la población de una isla con marcadas dificultades orográficas. Más allá de la historia en torno a cómo se gestó su construcción, el puente habla de desarrollo, de propuestas políticas comunes, de comprensión de mejorar las condiciones de los vecinos y vecinas de la época y de interés y compromiso en su ejecución”
“Se trata así -subraya Martín-de una de las primeras construcciones con hormigón armado de toda España y marcó el devenir histórico de ambos pueblos, suponiendo un antes y un después en términos históricos. Tiene también -agrega- un profundo sentimiento social y cultural; casi 120 años después de su construcción sigue siendo punto de encuentro y referencia. Y casi 120 años después de su construcción, continúa intacta la cruz que se erigió junto a uno de sus márgenes para celebrar que en el proceso de construcción no hubo fallecidos por accidente laboral”.
Respecto al estado actual, el alcalde de La Victoria, Juan Antonio García Abreu, resalta que el puente del Rey “sigue en pie, cumpliendo con su propósito inicial, si bien, su estado es manifiestamente mejorable. Sigue siendo una infraestructura muy útil, pñero exige actuaciones urgente. Es prioritario -detalla el alcalde- ampliar y mejorar las aceras; actualmente son muy estrechas y obligan a los viandantes a poner en peligro su integridad por la escasa distancia que les separa de los vehículos. Hemos planteado incluso la propuesta de que se construyan las aceras en solo uno de los laterales, doblando así su anchura y generando mayor confianza en todos, peatones y conductores”.
AMPLIACIÓN
De igual forma, García Abreu considera que “es imperativo elevar la altura de las barandillas laterales. A nadie se le escapa la cantidad de incidentes que ha habido a lo largo de los años en este punto y considero fundamental acometer esta actuación para intentar evitar que siga aumentando la lista de sucesos. Por otro lado, sería necesario estudiar la ampliación del ancho del puente”.
“Sé que es una obra de gran envergadura -continúa el alcalde victoriero-, pero a nadie se le escapa que las necesidades actuales nada tienen que ver con las de 1909, cuando se inauguró. En 2026 continuamos viendo que es complicado el paso de dos vehículos a la vez y que este se torna imposible si uno de ellos es de grandes dimensiones. Se debe avanzar en este empeño, máximo si tenemos en cuenta el nivel de saturación que padecen la práctica totalidad de vías de la isla de Tenerife”, concluye García Abreu.






