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Los Vivitos: el reverso del paraíso

En este asentamiento informal plantado sobre suelo agrícola protegido entre Guaza y Buzanada, viven alrededor de 250 personas en más de 47 unidades familiares
Los Vivitos: el reverso del paraíso

La borrasca Therese llegó de noche, como suelen llegar todas aquellas cosas que no se esperan del todo, aunque se saben inevitables. El agua cayó durante horas sobre el Sur Tenerife con una insistencia que los campos agradecieron y las viviendas irregulares temieron. En Los Vivitos, un asentamiento informal plantado sobre suelo agrícola protegido entre Guaza y Buzanada, visible desde la TF-1, las planchas de techumbre comenzaron a desprenderse con el viento. Luis Machado recuerda el sonido: “Rezabas porque no te cayese encima de tu casa”.


Machado es el portavoz de los vecinos de Los Vivitos.Cuando llegamos a su encuentro, se halla haciendo una chapuza. Suelta las herramientas y se limpia las manos en el pantalón. A su lado aparece su yerno. Están levantando una nueva vivienda hecha con paneles de virutas de madera prensada con resinas, una estructura sólida, con techo y paredes consolidadas. Una casa para que el chico viva con su mujer, junto a su familia, en una parcela anexa. Es una de las tantas donde una familia más ha echado raíces.


Durante el transcurso de la conversación, a lo lejos, varios niños juegan con su bicicleta. Uno hace girar un molinillo de plástico con el viento que baja de la Montaña de Guaza y otro da toques con una pelota. Sus padres tienden la ropa o recogen agua en recipientes. Las gallinas picotean entre parcelas delimitadas por paredes de bloques. A lo lejos, suena el valido de baifos. También hay lechugas y cebollas cultivadas. En general hay, sobre todo, una vida cotidiana que transcurre al margen del ordenamiento territorial pero no, en ningún sentido profundo, al margen de la realidad.

UN ASENTAMIENTOHERMANO


Los Vivitos tiene una entrada principal, en la subida desde la TF-66 con destino Buzanada, una vía irregular que se bifurca. Este poblado se extiende sobre más de trescientos mil metros cuadrados de suelo agrícola no urbanizable. No es una urbanización clandestina al uso, no responde —al menos en su núcleo más antiguo— a ninguna trama especulativa. Los indicios apuntan, más bien, a una respuesta desesperada ante la falta de vivienda asequible, especialmente para personas con pocos recursos.


Eso lo distingue de Lomo Negro, el “asentamiento hermano”, también ilegal, ubicado en el municipio de Arona, levantado junto a El Fraile, con unos 700 habitantes y tres décadas de historia a sus espaldas. Lomo Negro, tiene calles, farolas, una cierta estética, buzones, y un alto grado de consolidación en las construcciones que hace tiempo superó la capacidad de reacción de las administraciones. Los Vivitos es, de forma totalmente contraria, otra cosa: más joven y más frágil. Todo, en su justa medida, es precario.


Dicen los vecinos que los drones sobrevuelan la zona con regularidad. Moustafa, que nos dirige por Los Vivitos para hablar con vecinos que acceden a contar a DIARIO DE AVISOS su situación, afirma que hace tiempo, sin embargo, no aparece ningún funcionario municipal en persona. “Al final no hacen nada”, dice en un tono de alivio.


“Ya saben todos los que vivimos aquí. El Ayuntamiento ha llevado a cabo un censo, fueron casa por casa. Incluso, ya nos definen por módulos”. La palabra se esconde bajo una frialdad que contrasta de forma brutal con lo que hay detrás: familias, niños, e incluso exiliados políticos que huyeron de algún lugar y encontraron aquí algo parecido a un hogar.


Se calcula que en Los Vivitos viven alrededor de 250 personas en más de 47 unidades familiares, y el número crece, según sus habitantes, “a un ritmo vertiginoso”.


Hecho de lonas, madera, piedras y materiales reciclados, el lugar acoge a personas que no pueden permitirse vivir en otro sitio de la isla. A simple vista, no parece que hayan segundas viviendas, son en su amplia mayoría un intento precario de crear un hogar.


La mañana en que visitamos el asentamiento, el verde que dejó la Therese todavía se distinguía en los bordes de las parcelas. La borrasca había hecho daño. “No tenemos salida de agua”, recuerda Machado. “Sí bien se drena en el suelo, se nos metió en las casas y tuvimos que buscar soluciones para evacuarlo. Fue muy peligroso. Se soltaban planchas de las viviendas y rezabas porque no te cayese encima”.


Para analizar la fisonomía del asentamiento, situemos dos zonas bien establecidas: las zona del ala izquierda, desde la entrada de la TF-66, donde se haya el asentamiento con viviendas más consolidadas.


En el ala derecha, la cosa cambia. Ahí el paisaje se vuelve más fragmentado. Más nómada. Como si el lugar se fuera deshilachando conforme se aleja uno del núcleo original. Hay gente que llegó hace menos tiempo, que todavía no ha decidido si quedarse. Entre ellos, ocasionalmente, alguno que roba y revende. “Son casos muy localizados”, dice Machado.

EMPADRONARSE


La comunidad tiene sus normas, aunque no estén escritas. Machado es percibido por el núcleo como el portavoz, orquestando las reuniones de los vecinos para reclamar a las administraciones. No hay asociación formal constituida, pero hay un liderazgo reconocido, una estructura implícita que funciona porque tiene que funcionar.


“Queremos instalarnos y en ese afán por crecer, estamos limpiando y tratamos de reorganizarnos como una urbanización más. Conseguiremos hacer una comunidad ordenada, con sus calles, farolas y suministro”.


Empadronarse es otro bolero. Los vecinos lo están intentando, pero no lo consiguen. La ironía no pasa desapercibida. Por ejemplo, en Lomo Negro, los residentes sí lo lograron. Cómo exactamente un vecino de un poblado sin licencia, levantado sobre suelo rústico de protección agrícola, obtiene la condición de ciudadano registrado de un municipio que simultáneamente le abre expedientes de restablecimiento de la legalidad urbanística, es una de esas preguntas que el derecho administrativo español no responde con claridad y que el sentido común tampoco alcanza a resolver del todo. Lo que sí es claro es que alguien en el Consistorio aronero, en algún momento, dio luz verde y, posteriomente, abrió la veda.
Sin empadronamiento no hay acceso a servicios básicos como la escolarización. No hay existencia administrativa completa.


Montserrat Ortega, directora de la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural, ha subrayado a este periódico que estos asentamientos “no encajan en la categoría tradicional de infracción urbanística”, y que hay que diferenciar entre parcelaciones con obras y calles y casos que exigen una intervención municipal con enfoque social.


En reuniones con el Ayuntamiento de Arona, el Cabildo y la Policía Canaria se ha buscado un marco de actuación. La intención del consistorio es actuar en una fase inicial en Los Vivitos, antes de que las ocupaciones deriven en un asentamiento masivo consolidado y que complique la reposición de la legalidad.


Machado tiene claro quién debería también dar la cara. “El propietario, en algún momento, tendrá que decidir qué pasa con su parcela, en conjunto con las administraciones.” El dueño del suelo —dos titulares con el 50 % cada uno— ha permanecido ausente de la conversación.
Mohamed J. Derbah, en representación de Fuerza Canaria, partido que se presentará a las próximas elecciones municipales de Arona, ha traído cubas de agua al asentamiento en varias ocasiones, además de instalar farolas en los caminos de acceso. También lo ha hecho en Lomo Negro.

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