Han tenido que pasar casi 54 años para que el ser humano vuelva a abandonar finalmente la órbita baja terrestre y se aventure más allá de los 400 kilómetros de distancia en los que ha quedado confinado durante décadas, limitado por la altitud a la que orbita la Estación Espacial Internacional.
Anoche, esa distancia se multiplicaba nada menos que por mil durante la esperada maniobra de sobrevuelo lunar, que llevaba a la tripulación de Artemis II más allá de los 405.000 kilómetros de distancia de la Tierra.
En el punto de máximo alejamiento la nave Orion superaba en más de 5.000 kilómetros la marca ostentada hasta ahora por los tripulantes de la misión Apolo 13, en abril del lejano 1970, convirtiendo a los astronautas de Artemis II en los humanos que más lejos han estado jamás del planeta que los viera nacer.
Pero el verdadero objetivo de Artemis II no es batir un viejo récord, sino dar el primer paso que marca un nuevo camino. La misión se cumplía anoche y un inédito y apasionante capítulo de la exploración espacial tripulada quedaba escrito a fuego en la historia.
Los cuatro astronautas de Artemis II, los primeros en viajar a la Luna en el siglo XXI, disfrutaban anoche de un privilegio que ha estado al alcance de apenas dos docenas de personas: observar con sus propios ojos la cara oculta de la Luna.
Durante la madrugada de anoche, en una maniobra que se prolongó durante más de seis horas, la nave Orion realizaba su esperado sobrevuelo lunar, aproximándose a tan solo 6.500 kilómetros de altitud sobre la magullada superficie surcada de heridas y cicatrices: los miles y miles de cráteres fruto de más de 4.500 millones de años de maltrato cósmico.
Una “magnífica desolación”, como describiera Buzz Aldrin el paisaje que se extendía ante sus ojos en el momento de pisar la Luna en 1969, justo después de su compañero Neil Armstrong, durante la misión Apolo 11.
Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, la tripulación de Artemis II, no ha pasado a la historia por dejar impresas las huellas de sus botas en el fino polvo del regolito lunar y han tenido que conformarse con llenar sus retinas de Luna para siempre.
Sin embargo, la historia les reconoce desde anoche y por derecho propio una aportación que ha resultado tan imprescindible como necesaria para que otros astronautas, de nombres aún desconocidos, vuelvan a caminar sobre la Luna en próximas misiones.
La vuelta a casa
A la tripulación de Artemis II le aguardan ahora miles y miles de kilómetros de espacio vacío por cruzar, pero siempre con la vista fija en la gran canica azul que se irá haciendo más y más grande a cada minuto en las ventanillas de su nave, a medida que se acercan a casa.
La reentrada a la atmósfera terrestre será el próximo hito y otro de los puntos críticos de la misión. En casa les espera una cálida bienvenida, en contraste con la frialdad del espacio que aún deben desandar.
Misión cumplida, Artemis II.







