Una sucesión de cristaleras reventadas tiene en vilo a los comerciantes de El Fraile. Desde el pasado octubre se han contabilizado más de una decena de lunas rotas en distintos establecimientos de la zona, en lo que los afectados describen ya como una situación “insostenible” para el mediano e incluso pequeño comercio, avivando el sentimiento de desprotección en el barrio.
El caso más reciente tuvo lugar en la madrugada del pasado lunes, en un local especializado en la administración de fincas, donde los asaltantes tras romper el cristal, llegaron a forzar y abrir armarios. El intento de robo se frustró cuando varios vecinos “comenzaron a gritar y ahuyentaron a los autores”.
El establecimiento, que cuenta con un cristal de seguridad con luna intermedia, “nunca había tenido problemas”, según sus responsables, que optaron por cambiar el cristal esa misma mañana ante el temor de “pasar la noche con el local expuesto”.
La oficina financiera de Cajasiete también ha sufrido las consecuencias del mismo rompe cristales, despertándose una misma mañana con dos de sus cajeros con la pantalla dañada, dejando el servicio inoperativo durante una jornada, además de los daños a sus cristaleras, que aseguran, ya han sido reventados en dos ocasiones.
El caso más grave es el del supermercado Dialprix, cuya cristalera ha sido destrozada hasta en seis ocasiones desde el pasado mes de octubre. Cada reposición está valorada en unos 3.000 euros.
Ante la situación, residentes de la zona reconocen que el local se ha vuelto “incómodo” como espacio de compra por la insistencia de los hechos, y el menudeo constante en las inmediaciones del negocio, todo ello en medio de un clima de tensión y temor al robo que se ha extendido en el barrio.
Hurtos
A la rotura de cristaleras, se suman, según denuncia la asociación de vecinos Santa Isabel de Portugal, los hurtos en los pequeños comercios de la zona, otro de los episodios que se repiten en el núcleo costero y que han engrosado la ola de inseguridad. Según los afectados, se registran “entre tres y cuatro robos diarios”, en los que desaparecen sobre todo productos de bajo valor y fácil reventa: pulpos, café o aceite figuran entre los sustraídos. Preguntado por este periódico, el Ayuntamiento señaló que, por el momento, “no tiene constancia” de que se hayan producido los hechos denunciados.







