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Crees que le haces un favor, pero esto es lo que le pasa a tu gato cuando lo sacas a pasear con correa

Los máximos organismos de medicina felina advierten de que esta práctica genera niveles nocivos de estrés y graves problemas de conducta en el hogar
Crees que le haces un favor, pero esto es lo que le pasa a tu gato cuando lo sacas a pasear con correa
No existe un consenso que avale el paseo de gatos en entornos urbanos abiertos. | IA

En los últimos meses, las redes sociales y ciertos portales de internet han popularizado una tendencia al alza: ver a propietarios paseando a sus gatos por parques y calles con arnés y correa. Aunque se suele promocionar como una actividad beneficiosa para combatir el aburrimiento y el estrés del animal, la realidad científica es radicalmente distinta.

Los máximos expertos en medicina felina advierten de que esta práctica, lejos de ser un estímulo positivo, constituye una fuente potencial de traumas, ansiedad y graves riesgos de seguridad para la inmensa mayoría de los felinos domésticos.

El mito del paseo felino: ¿por qué la calle estresa al gato?

A diferencia de los perros, que son animales cursoriales y sociales que disfrutan explorando nuevos territorios y socializando, los gatos son territoriales y cazadores solitarios. Su bienestar emocional depende por completo del control, la predictibilidad y la seguridad de su entorno habitual (su hogar).

Cuando un gato es sacado de su territorio con una correa, se le despoja de sus dos principales mecanismos de defensa ante el peligro: la huida y el ocultamiento. Al encontrarse retenido por un arnés en un espacio abierto lleno de estímulos impredecibles (ruidos de tráfico, presencia de perros, personas extrañas u olores de otros felinos), el animal entra frecuentemente en un estado de indefensión aprendida o en un shock por pánico.

Lo que dicen las máximas instituciones veterinarias

La comunidad científica internacional es clara al respecto. No existe un consenso que avale el paseo de gatos en entornos urbanos abiertos.

  • International Cat Care (iCatCare): la prestigiosa organización británica y su división veterinaria, la International Society of Feline Medicine (ISFM), desaconsejan de forma generalizada el uso de correas en la vía pública. En sus declaraciones oficiales detallan que, al no poder escapar hacia un lugar alto o escondido, el gato experimenta niveles nocivos de cortisol (la hormona del estrés). Puedes ampliar los criterios de bienestar emocional en la web de la International Cat Care.
  • American Association of Feline Practitioners (AAFP): en sus guías oficiales sobre el manejo del entorno felino, la asociación estadounidense insiste en que el acceso al exterior solo debe realizarse si es en entornos totalmente protegidos, controlados y diseñados para ellos (como un “catio” o terraza totalmente mallada), catalogando la calle como un entorno de alto riesgo biológico (parásitos, virus como la leucemia felina) y físico. Consulta sus manuales de salud en la American Association of Feline Practitioners.

Los riesgos ocultos: del escapismo a los problemas de conducta en casa

Los etólogos clínicos (veterinarios especialistas en comportamiento) advierten de las consecuencias secundarias de forzar estas salidas:

  1. El “efecto escapista”: la fisonomía del gato (clavículas flotantes y enorme flexibilidad) hace que, ante un espanto (un claxon, el ladrido de un perro), puedan zafarse de casi cualquier arnés en segundos. Las pérdidas y atropellos por esta causa han aumentado en las clínicas veterinarias.
  2. Problemas de marcaje dentro del hogar: al exponer al gato al olor de felinos callejeros en la vía pública, el animal puede regresar a casa sintiendo que su territorio doméstico está amenazado. Esto desencadena conductas problemáticas como el marcaje con orina en muebles o agresividad redirigida hacia sus tutores.

La alternativa correcta: “Gatificar” antes que pasear

Si un gato muestra signos de aburrimiento o frustración en casa, los expertos coinciden en que la solución jamás debe ser sacarlo a la calle, sino aplicar el llamado enriquecimiento ambiental.

Esto consiste en adaptar la vivienda a las necesidades naturales de la especie:

  • Proporcionar estructuras verticales (estanterías y rascadores altos) donde puedan vigilar su territorio.
  • Instalar protecciones seguras en ventanas y balcones para que puedan disfrutar del aire libre y el sol visualmente sin riesgos de caídas (el conocido síndrome del gato paracaidista).
  • Utilizar juguetes interactivos y dispensadores de comida que estimulen su instinto de caza diario.

En conclusión, aunque existan excepciones individuales de gatos extremadamente audaces y habituados desde las primeras semanas de vida, la regla general de la medicina veterinaria es estricta: para garantizar la felicidad y la salud de un gato, el mejor lugar del mundo sigue siendo el interior de un hogar seguro y enriquecido.

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