La intervención de 1.269 prendas deportivas falsificadas en Gran Canaria vuelve a poner sobre la mesa un fenómeno que se repite cada vez que se acerca una gran competición internacional: el auge de las camisetas falsas de fútbol. Canarias no es un lugar, ni mucho menos, aparte en lo que a esto respecta. No solo eso, sino que los clubes deportivos canarios también se han visto afectados por un boom que va a más en los últimos tiempos.
La Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea y la OCDE estiman que el comercio mundial de productos falsificados alcanzó los 467.000 millones de dólares en 2021, una cifra equivalente al 2,3% del comercio mundial. En el caso de la Unión Europea, las importaciones de falsificaciones se estimaron en 99.000 millones de euros, el 4,7% de las importaciones procedentes del resto del mundo.
Cuando la camiseta de fútbol pasa a ser un lujo
Para entender este fenómeno hay que echar la vista atrás. En los últimos años las equipaciones oficiales, sobre todo de fútbol, han multiplicado su valor, provocando el auge de las camisetas falsas. Son ya muchos los clubes que venden sus elásticas a precios que rondan -o superan-, los 100 euros, un montante a todas luces muy elevado.
Además, durante las últimas temporadas se ha abierto un nuevo mercado: las camisetas de fútbol sirven ahora para vestir, han pasado a ser una prenda de moda y de lujo, disparando su precio. No solo las actuales: las camisetas originales de temporadas pasadas, gracias al revival de todo lo retro, pasan a ser pequeños tesoros.
El atractivo para el comprador es evidente: una equipación falsificada puede costar una fracción del precio de la oficial. Para muchos consumidores, especialmente en un contexto de inflación y pérdida de poder adquisitivo, la diferencia económica pesa más que la autenticidad del producto.
Más baratas, y más rápidas, que las originales
La falsificación también se adapta con rapidez a la actualidad deportiva. Por ejemplo, cuando se desvela una nueva camiseta, ni siquiera por el propio club, sino que hay una filtración, la misma está disponible en webs y chats de Telegram de manera rapidísima. “Los falsificadores son cada vez más capaces de producir versiones de productos de alta demanda, promocionarlas por internet y aprovechar canales de envío menos controlados”, reconocen desde la OCDE .
Esa es una de las razones por las que acabar con las falsificaciones resulta tan complicado. Ya no se trata únicamente de grandes cargamentos detectables en contenedores. Una parte creciente del negocio se mueve a través de paquetes pequeños, envíos postales, venta ambulante, redes sociales, páginas web temporales y canales de distribución muy fragmentados. Según la propia OCDE, alrededor del 65% de las incautaciones ya implica pequeños paquetes y correo, lo que evidencia el cambio hacia fórmulas más rápidas y difíciles de inspeccionar.
En el caso de las camisetas de fútbol, el negocio se apoya además en un producto de consumo rápido. Las equipaciones cambian cada temporada, los torneos duran pocas semanas y el interés del comprador puede concentrarse en momentos muy concretos. Esa temporalidad favorece ventas rápidas y dificulta que la persecución administrativa o judicial llegue siempre a tiempo.
Las camisetas falsas y los equipos canarios
Hasta hace no tanto, no resultaba sencillo encontrar camisetas falsas del CD Tenerife o la UD Las Palmas. Ahora se encuentran del CB Canarias o del CB Gran Canaria que tienen un mercado más reducido en comparación al fútbol.
En las Islas el sistema es exactamente el mismo. Desde mayoristas que se promocionan en chats de Telegram y que venden directamente desde fábrica, a personas que hacen las veces de mediadores añadiendo un precio al pedido a modo de ganancia.
“Yo compraba camisetas originales, pero en los últimos tiempos ha sido imposible. Si eres seguidor del Tenerife, como es mi caso, no puedo comprarme las tres camisetas que se sacan al año, porque siendo estudiante es imposible”, reconoce un joven seguidor blanquiazul de 22 años.
Las camisetas retro han aparecido como todo un filón para los vendedores y una pieza codiciada para cualquier coleccionista. En este caso, claro, se mezclan dos cosas: los altos precios y las pocas cantidades que pueden quedar de esas prendas: “Por una camiseta de la UEFA del Tenerife pueden llegar a pedir 600 euros. Eso es imposible. Una con la misma tela, casi igual, la consigues por 15 euros y te llega a Canarias en un mes”, recalca este aficionado.
En el otro lado de la balanza, los clubes, claro. Marcas, clubes, federaciones, comercios legales y titulares de derechos son los grandes perjudicados y se da la circunstancia de que los clubes deportivos ponen a la venta las prendas con precios fijados por las propias marcas.
Para evitar también, más allá de la actuación policial, la proliferación de camisetas falsas, los grandes productores han incluido nuevos materiales que son más complicados de reproducir pero el mercado de estas prendas no parece que pare de crecer.






