Matías, un joven de 27 años, ha sido la última víctima que se ha cobrado el imponente edificio abandonado que preside, desde hace más de 50 años, el litoral santacrucero de Añaza, una infraestructura inacabada, más conocida como el mamotreto de Añaza, que en menos de un año se ha saldado con dos trágicas muertes, las cuales se suman a las más de 15 contabilizadas en el tiempo en el que esta edificación desafía a quienes acceden a su interior.
El pasado sábado, justo un día después de que la Policía Nacional y Policía Local evitaran que otro joven se lanzara al vacío desde el último piso de dicho inmueble, la muerte volvió a teñir de negro la edificación. Matías, que sufría una depresión, se precipitó sobre las 19.30 horas al vacío desde las primeras plantas del edificio, poniendo fin a su vida. Xiomara, su madre, ha lanzado un grito de desesperación para pedir que la muerte de su hijo “sea la última en el mamotreto. Que de una vez lo derriben para que ninguna otra familia tenga que vivir este dolor”.
La afectada madre relató ayer a DIARIO DE AVISOS, entre sollozos, el trágico suceso que ha inundado de tristeza a su familia. “Estamos rotos, destrozados, y ojalá la muerte de Matías no haya sido en vano y de una vez por todas se pongan los medios que eviten que el mamotreto siga siendo accesible. Somos conscientes de que una demolición requiere tiempo y que existen procedimientos administrativos que deben cumplirse. Lo que no puede esperar es la protección de las personas”, apuntó.
Xiomara relató que su hijo fallecido sufría una depresión. “Él vivía solo en Bajamar, porque yo resido en el País Vasco, y aunque estaba en tratamiento nunca imaginé un final así. Por la mañana estuvimos hablando y parecía que iba a mejor, pero por la tarde lo llamé y no respondía, hasta que sobre las 18.30 horas del sábado recibí un mensaje suyo en el que decía que estaba paseando”.
Pasada la medianoche, Xiomara recibió una llamada en la que le comunicaron la peor noticia de su vida. Su hijo mayor había fallecido. “Cogí el primer avión y aquí estoy, aún asimilando todo lo ocurrido, después de enterrarle y esperando para recoger sus cenizas”, comentó.
Según la afectada madre, su hijo acudió esa tarde al edificio en su propio coche, el cual dejó aparcado en la calle Mayántigo y accedió sin más al interior de la edificación, portando las llaves y un teléfono móvil que sigue sin aparecer. “No voy a parar hasta lograr que cierren herméticamente ese edificio y que, de una vez, logren derribarlo. Espero ser la última madre que tenga que llorar por un hijo que se lanza desde el mamotreto”, aseveró.
Salud mental
Xiomara apuntó que mientras el edificio continúe en pie debe impedirse de forma real y efectiva cualquier acceso a su interior. “Ninguna persona debería poder entrar en un lugar cuyo riesgo es conocido. La demolición puede requerir tiempo. La protección de las personas no”, destacó. Para ella, “resulta imprescindible que, mientras el Ayuntamiento de Santa Cruz concluye los trámites para su derribo, se adopten de inmediato las medidas necesarias para evitar por completo el acceso al edificio y que vuelva a producirse otra tragedia”, alegó.
Asimismo, hizo hincapié en que la muerte de Matías también obligue a mirar más allá del edificio. “La salud mental no puede seguir siendo un tema del que solo hablemos cuando ya es demasiado tarde. Detrás de cada persona que sufre hay una historia, una familia y una lucha silenciosa que muchas veces pasa desapercibida”, recalcó.
“Ojalá la pérdida de Matías contribuya a impulsar un compromiso con la salud mental y con la protección de la vida. Nada nos devolverá a Matías. Pero sí podemos decidir qué hacemos a partir de hoy”, incidió la desolada madre.







