Desde primera hora de la mañana de ayer, el muelle pesquero de Puerto de la Cruz se llenó de gente que intentaba hacerse un hueco para poder ver la embarcación de la Virgen del Carmen y San Telmo, uno de los actos más importantes de las Grandes Fiestas de Julio. Un acontecimiento religioso y popular que ayer cumplió 105 años desde que se organizara por primera vez en 1921. Fue una imagen traída de La Orotava hasta que en 1954 el escultor portuense Ángel Acosta, afincado en Tarragona, donó la talla actual a su ciudad actual.
En un día espléndido, en el que ni siquiera hubo panza de burro para mitigar el calor, el muelle fue un constante hervidero de personas, entre vecinos y visitantes, que quisieron honrar a la patrona de los marineros.
Tras la eucaristía celebrada en la Parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, con la presencia de pescadores y autoridades, se inició la procesión terrestre, en la que los cargadores de ambas hermandades llevaron las imágenes a hombros atravesando las calles del casco hasta llegar al muelle pesquero.
Primero salió San Telmo al grito de “¡Viva el lucero de los mares!”. Minutos después lo hizo la Virgen, intentando abrirse paso entre la multitud que esperaba por fuera de la iglesia gritando “guapa, guapa, guapa’ y cientos de teléfonos móviles que querían captarla pasando por un arco de anturios blancos y rojos, estrenando una mantilla donada por una fiel que ha preferido mantenerse en el anonimato.
Niños, bebés y personas en sillas de ruedas fueron acercadas a ambas imágenes que se detenían a cada paso para ser veneradas por los miles de fieles hasta que se juntaron, como es habitual, en la Punta del Viento.
Durante todo el trayecto estuvieron acompañadas por lluvias de pétalos que fueron alfombrando el camino, numerosos vivas y guapas y la parranda de los jueves.
A las 20.00 horas San Telmo llegó al muelle y minutos después, sobre las 20.15 horas, lo hizo la Virgen del Carmen. Una vez allí, como es tradición, desde uno de los balcones, Tony Acedo y Fabiola Socas y Chago Melián deleitaron a la multitud con sus interpretaciones.
“Viva la Virgen del Carmen, viva San Telmo, vivan los pescadores, viva el Puerto de la Cruz”, proclamó este último tras cantar el Ave María y acto seguido, comenzó a abrirse el camino para que las dos imágenes pudieran embarcar, previo saludo a manos de los cargadores y cargadoras.
Lo hizo primero San Telmo, en el Adrinere, y luego la Virgen a bordo de la Nueva San Ramón, en medio de aplausos, gritos y chapuzones. El mar, en completa calma, facilitó el traspaso. Fue a las 20.55 horas, cuando se escuchó el grito más esperado del día: “No pasa nada, la Virgen está embarcada”.
Más de un siglo después, Puerto de la Cruz no solo vivió con fervor una tradición que es el alma de su gente, sino que volvió a demostrar que su devoción marinera está por encima de todo y que ni el fútbol de una semifinal del Mundial, con España como una de las protagonistas, es rival para su devoción.





