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Un estudio de la ULL mide la radiación del volcán de La Palma y aclara sus efectos en la salud

La erupción provocó un aumento significativo de las concentraciones de gas radón en las zonas próximas al centro eruptivo, aunque no representó un riesgo grave para la salud pública
Volcán de La Palma
Imagen de archivo del volcán de La Palma. / Europa Press

Un estudio liderado por la Universidad de La Laguna (ULL) concluye que la erupción del volcán de La Palma, no representó un riesgo grave para la salud pública por exposición a gas radón. Aunque el proceso eruptivo elevó de forma significativa la presencia de este elemento radiactivo en las zonas próximas al cono, la radiación estimada para la población del Valle de Aridane se mantuvo dentro de los parámetros seguros.

La investigación la han desarrollado expertos del Laboratorio de Física Médica y Radioactividad Ambiental de la ULL y del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER). El trabajo científico ha sido publicado por la revista especializada Journal of Hazardous Materials.

El radón es un gas radiactivo de origen natural, invisible e inodoro, que surge por la desintegración del uranio en las rocas. Los científicos vigilan este elemento en entornos volcánicos porque está considerado la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo. Durante la emergencia de 2021 en La Palma, el volcán emitió unos 30 millones de becquerelios por metro cuadrado al día. Esta tasa superó en 160 veces la de otros volcanes en calma y fue hasta un millón de veces mayor que la de un suelo natural.

Por qué aumentó el gas radón en La Palma

El informe científico atribuye este repunte a la apertura de nuevas fracturas y al aumento de la permeabilidad del terreno durante la erupción. Estos dos factores facilitaron que el gas ascendiera con rapidez desde el subsuelo hasta la superficie.

La investigación constata que los niveles de radón descendieron a medida que aumentaba la distancia respecto al foco de la erupción. En los puntos más cercanos, una cuarta parte de las mediciones en el interior de los edificios superó el umbral de referencia de 300 becquerelios por metro cúbico que marca la normativa sanitaria.

La acumulación del gas en los hogares dependió también de la meteorología. Los episodios de vientos débiles y las inversiones térmicas a baja altura dificultaron la dispersión del radón, lo que favoreció que se concentrara cerca del suelo y dentro de las viviendas.

El impacto real en la salud de la población

Pese a estos picos de emisión, la dosis de radiación ionizante estimada para los habitantes del Valle de Aridane durante los tres meses de erupción fue de 0,3 milisieverts.

La ULL explica que, si este dato se extrapolara a un año completo, la exposición total sería de 1,2 milisieverts. Esta cifra representa aproximadamente la mitad de la dosis media anual que recibe cualquier persona por fuentes naturales y artificiales en condiciones normales, por lo que se descartan problemas graves de salud.

No obstante, el estudio advierte de que en puntos muy cercanos al centro eruptivo se pudieron registrar dosis superiores en casos de exposición prolongada. Por ello, los investigadores recomiendan incluir el control del radón en los protocolos de riesgo volcánico en Canarias. Esto permitirá proteger a la población y mejorar el conocimiento sobre los sistemas magmáticos y el clima.

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