Santa Cruz de Tenerife dispone de 38 depósitos capaces de almacenar más de 200.000 metros cúbicos de agua potable, una reserva que, según el Ayuntamiento, permite a la capital contar con una autonomía media superior a cinco días. Detrás del abastecimiento hay además cerca de 1.000 kilómetros de tuberías y una desaladora que aporta buena parte del agua consumida en el municipio.
La gestión corresponde a la Empresa Mixta de Aguas de Santa Cruz de Tenerife (Emmasa), integrada en el Grupo Sacyr, que se encarga del ciclo integral: captación, desalación, distribución, saneamiento, depuración y regeneración del agua.
El alcalde, José Manuel Bermúdez, sostiene que disponer de esta capacidad de almacenamiento permite afrontar con mayor margen posibles averías o incidencias en el suministro. La compleja orografía de Santa Cruz obliga, además, a distribuir los depósitos por diferentes cotas del municipio.
38 depósitos para almacenar más de 200.000 metros cúbicos
La red cuenta, según los datos facilitados por el Ayuntamiento y Emmasa, con 38 depósitos en servicio y una capacidad conjunta de 204.000 metros cúbicos.
Entre las instalaciones principales se encuentran Los Campitos y Ofra. El primero resulta especialmente relevante para abastecer las cotas medias de la ciudad.
Precisamente, el Ayuntamiento anunció el pasado 5 de agosto una inversión de 925.338,79 euros para adecuar una arquilla aforadora y permitir que el depósito de Los Campitos pueda recibir directamente agua procedente de la desaladora. Hasta ahora se abastecía únicamente del Canal del Norte.
La distribución se completa con depósitos situados en zonas como Fumero, Plaza de Toros, Cueva Roja, Salamanca, La Salud, El Sobradillo o Barranco Grande.
En Anaga existen además instalaciones de menor tamaño destinadas a abastecer núcleos que presentan una situación geográfica más compleja, entre ellos San Andrés, Taganana, Roque Negro o el entorno de Pico del Inglés.
La desaladora produce la mayor parte del agua
La procedencia del agua consumida en Santa Cruz ha cambiado durante las últimas décadas.
La ciudad dependía tradicionalmente en mayor medida de pozos y galerías. La desalación de agua de mar tiene ahora un peso fundamental en el suministro.
Sacyr cifra en un 62% la proporción del agua consumida en los hogares de Santa Cruz que procede de la desaladora. La compañía señala que la instalación entró en funcionamiento en 2001 y que una ampliación elevó su capacidad de producción de 21.000 a 28.800 metros cúbicos diarios.
La planta cuenta con pozos costeros desde los que se capta el agua antes de someterla al proceso de tratamiento. Sacyr Agua sitúa su capacidad de diseño en 35.520 metros cúbicos diarios.
El resto del suministro procede, principalmente, de recursos subterráneos obtenidos mediante pozos y galerías.
Una red de casi 1.000 kilómetros bajo Santa Cruz
Al almacenamiento hay que añadir el sistema necesario para llevar el agua hasta los barrios.
El concejal de Servicios Públicos, Carlos Tarife, destaca que la red de abastecimiento se aproxima a los 1.000 kilómetros de tuberías, sometidos a tareas de mantenimiento y vigilancia.
Emmasa utiliza sistemas de control y monitorización para seguir variables como la presión y detectar posibles pérdidas en la red.
La disponibilidad de agua almacenada resulta especialmente importante ante una avería de gran alcance. Los depósitos permiten mantener el abastecimiento mientras se localiza y soluciona una incidencia, aunque la autonomía concreta puede variar dependiendo del consumo y de la zona afectada.
El agua continúa su recorrido después del grifo
El ciclo tampoco termina cuando el agua llega a viviendas y comercios.
Santa Cruz dispone de una extensa red de saneamiento que conduce las aguas residuales hacia las infraestructuras de tratamiento. El Ayuntamiento y Emmasa continúan además ejecutando inversiones en este sistema. En julio finalizaron, por ejemplo, la nueva estación de bombeo de aguas residuales de Los Alisios, dentro del Plan Vertido Cero.
Parte del agua tratada puede posteriormente regenerarse para usos que no requieren agua potable, como el riego de zonas verdes.
El sistema permite así que buena parte del agua que consume Santa Cruz proceda actualmente del mar, se almacene en diferentes puntos estratégicos y recorra una red diseñada para adaptarse a las importantes diferencias de altitud existentes dentro del propio municipio.






