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El año I después de la moción de censura que dividió a Güímar

Se cumplen doce meses de aquel tenso pleno cargado de calor, tanto en los termómetros como en el ambiente, que sacudió el mapa político municipal en la isla de Tenerife
El año I después de la moción de censura que dividió a Güímar
La alcaldesa entrante, Luisi Castro, saluda a Gustavo Pérez, regidor saliente. / Sergio Méndez

Eran las once de la mañana cuando nueve concejales del Partido Popular, el edil de Nueva Canarias-Bloque Canarista, Carlos Llarena, y dos concejales díscolos del PSOE, José Miguel Hernández y Patricia Encinoso, cruzaron juntos la plaza del Ayuntamiento.

Vestían de riguroso negro, algunos cogidos de la mano, en una imagen fraternal que anticipaba la tercera moción de censura de la historia reciente del municipio, y la que devolvería a Carmen Luisa Castro el bastón de mando.

Entre abanicos, un calor sofocante y la mirada de más de veinte retratos de exalcaldes güimareros, daba inicio un pleno que ya se adivinaba histórico.

Doce meses después, con el aniversario encima, ambos protagonistas del cambio de gobierno (la alcaldesa que llegó y el alcalde que se fue) recuerdan aquel episodio que agitó el panorama político municipal.

“Se llaman estrategias políticas y es mejor guardarlas”, dice Castro, recordando como se fraguó la censura. Eso sí, admite que el proceso fue, “un encaje de bolillos”. Llarena fue, según su relato, “un socio fiel” desde 2023. Con José Miguel Hernández, las conversaciones arrancaron a finales de 2024 (como adelantó este periódico); con Patricia Encinoso, algo más tarde. A partir de ahí, dice la regidora, “todo empezó a rodar”, hasta que la moción se registró oficialmente el 28 de julio de 2025.

De aquel pleno, Castro recuerda el murmullo constante en la sala, la emoción y también “la tristeza y el enfado de una parte de los asistentes”. Destaca el comportamiento cívico de los güimareros presentes, algo que, asegura, “no siempre ha acompañado a otras mociones que le ha tocado vivir”. Y guarda un recuerdo casi íntimo sobre la sensación, no buscada, de ver sonreír a Tita Díaz, exalcaldesa de Güímar, que hacía su aparición entre el público.

Aquel pleno, formó parte de una jornada bronca, caliente por el clima y por la tensión social. De esos días en los que un pueblo se divide y cruza una línea de la que ya no hay vuelta atrás.

Comportamientos machistas

El entonces portavoz socialista, Airam Puerta, pidió que no se cediera la palabra a los dos ediles tránsfugas de su partido por tratarse de un pleno donde, según la costumbre, solo intervienen los portavoces; la alcaldesa entrante respondió amenazando con expulsarlo de la sesión si no cedía su turno a Encinoso.

Fue entonces cuando, en un discurso que ella misma calificó de “liberador”, denunció lo que describió como “comportamientos machistas y homófobos” dentro del antiguo grupo de gobierno, y aseguró haber rechazado múltiples ofertas de cargos y sueldo dentro de las filas del PSOE para no terminar de romper aquel pacto.

El otro edil que “traicionó” a los socialistas, Hernández, cargó contra sus excompañeros por, en su expresión, convertir el Ayuntamiento en un “cortijo particular”.

El resultado, 12 votos a favor por 9 en contra, superó por uno la mayoría absoluta de los 21 escaños de la corporación.

Un año después, la pregunta obligada —¿mereció la pena?— obtiene de Castro una respuesta sin matices: “Sí. Por mis vecinas y vecinos, por mi pueblo, por el Partido Popular. Pero, sobre todo, por el presente y el futuro de Güímar”. Sobre lo que ha cambiado en este tiempo, sin embargo, prefiere no calificarse a sí misma. “Esa pregunta no la debo responder yo”, sostiene, y remite al criterio vecinal.

El exalcalde nacionalista hace una lectura mucho más crítica. Recuerda que aquel día su mayor preocupación no era dejar el cargo, sino que el municipio “perdiera impulso”. Y asegura que, doce meses después, “los vecinos ya tienen elementos de sobra para formarse una opinión”. Recuerda el uso de más de 11 millones de euros el remanente municipal consumido en este tiempo y denuncia una “acumulación” de informes desfavorables de Intervención que, a su juicio, reflejan una “gestión marcada por la improvisación”.

Pérez también enumera los proyectos que, según él, avanzaban con tracción cuando dejó la Alcaldía y que hoy, sostiene, se han ralentizado, cambiado de rumbo o quedado en la incertidumbre: el Máster Plan del Puertito, el nuevo Centro de Mayores, el Centro de Salud del Puertito, la recuperación de la Casa de San Pedro y de la Fonda Medina, y la promoción de vivienda protegida. “El tiempo que pierde un alcalde lo recupera. El tiempo que pierde un municipio, no”, resume.

Si hay un asunto en el que ambos relatos convergen, aunque cada uno se lo atribuya a su manera, es el de Las Bajas. El desalojo de esta veintena de viviendas costeras, decretado en 2021 por riesgo de desprendimientos, fue uno de los argumentos que sustentaron la censura. Fue precisamente Castro quien, el pasado mes de mayo, firmó el decreto que levantó “de forma condicionada y reversible” el precinto del camino, apoyándose en un informe técnico externo que consideró viable la reapertura pese a admitir un riesgo residual.

Es, si se quiere, el ejemplo más tangible de que aquel cambio de gobierno tuvo, al menos, una consecuencia material más allá de la política.

Los protagonistas, un año después

El paso del tiempo ha ido dispersando a los actores de aquel pleno de agosto. Pérez, asumió la dirección general del Instituto Canario de Administración Pública, lo que le obligó a renunciar también a su acta de concejal en la oposición güimarera. Le sustituyó en la portavocía municipal de Coalición Canaria la edil Haridian Martín, mientras Pérez sigue al frente de la secretaría general del partido en el municipio.

Encinoso y Hernández fueron expulsados del PSOE de forma definitiva en junio, después de que sus alegaciones al procedimiento interno fueran desestimadas. Llarena, el edil de Nueva Canarias-Bloque Canarista, sigue, de forma ambigua, dentro de la formación a la que concurrió a las elecciones de 2023.

Güímar sigue siendo, como recordaba este periódico entonces, un municipio donde rara vez las cosas pasan desapercibidas. Muchos aseguran que aquella moción cambió el rumbo del municipio. Si fue para bien o para mal lo deben decidir los güimareros.

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