Vive justo enfrente de donde nació, en esa calle La Carrera que parece más lagunera que Aguere entero. Hace muy poco (el 11 de agosto) sopló 91 velas, nada menos, y se mueve mejor gracias a los “milagros” de la fisoterapeuta. Se le nota lúcido, con sus siempre resortes pasionales, pero también cauteloso, pausado, reflexivo. Elfidio Alonso debería ser casi una acepción más del término folclore, al menos en la lexicografía canaria, pero, por supuesto, ha sido y es mucho más. He aquí algunos apuntes de cómo se ve a sí mismo, cómo mira al pasado y analiza el presente y futuro.
-¿Cómo está? 91 años ya…
“Pues sí, hace 4 días los cumplí y aquí sigo, vivito y coleando”.
-¿Siente que su vida ha sido plena? Ha sido político, periodista, escritor y, por supuesto, un músico para la historia: ¿se veía con 91; se siente realizado?
“Bueno, son preguntas un poco problemáticas. Durante la vida, uno no piensa que le va a tocar la hora, como a todo ser humano, pero, en líneas generales, me siento satisfecho, aunque hay cosas que no he terminado de hacer o ni siquiera comencé…”.
-¿Qué le pesa más de eso?
“Pues no lo he pensado muy bien, pero me hubiera gustado seguir en el periodismo porque mi retirada fue precipitada. Todavía tenía cosas que decir…”.
-¿No tuvo opción de volver?
“No… También porque me vino la jubilación y ya no pude”.
-Bueno, y por su vida frenesí, pues nunca ha parado…
“Sí, ya que Los Sabandeños me llevaban mucho tiempo; tenías que ensayar prácticamente todos los días, buscar los temas, arreglarlos…”.
-¿Quizás le ha quedado pendiente escribir algún libro más?
“Bueno, tengo algunos empezados: uno de coplas, un poco la continuidad del cancionero de Los Sabandeños… No sé si se me habrá quedado alguna cosa pendiente… Probablemente, porque he escrito novela, teatro, fui Premio San Benito…”.

-¿Y en el folclore, le quedó algo en el tintero?
“Sí, porque ese campo es extenso; tiene muchas intercomunicaciones, al estar supeditado a muchas influencias, o hay que sospechar que eso viene de otra latitud, de paisanos distintos… Es muy complicado”.
-Llegados aquí, y tras un cumpleaños en el que la gente suele hacer balance, ¿de qué está más orgulloso?
“Sin petulancias, de tener editados con Los Sabandeños cien discos de larga duración, que es algo que no tiene nadie, ni siquiera Julio Iglesias. En la casa del grupo están colgadas las cien portadas una tras otra…”.
-Cuando funda el grupo, ¿llegó a concebir algo así, ese éxito, esa duración…?
“Hombre, siempre tienes un objetivo porque, si no, sería muy vacía la existencia de uno que quiere ser creador de algo… Mis aficiones han sido muy poderosas: el folclore me viene de mi familia, de mis tías María Rosa (Alonso, la excelente escritora) y Nieves, que fueron Premio de Coplas de San Benito…”.
-Siempre las menciona, fueron una influencia marcadora…
“Sí, porque comía en su casa en tiempos muy difíciles y, luego, el agradecimiento a mi madre, que deja El Hierro y su familia para traerme aquí y darme una carrera… Compra una casa… La estoy viendo ahora de pensionista para pagarme los estudios: su esfuerzo fue impagable”.
-Está claro, y se ha dicho de todo, que Los Sabandeños es su mejor criatura, pero ¿cómo los definiría en una frase?
“(Larga pausa) Creo que Los Sabandeños siempre han existido, de una forma o de otra…”.
-Antes incluso de fundarse, eran como la lava etnográfica y cultural de un volcán del pueblo que acabó explotando…
“Sí, eso; estaban latentes, ese espíritu colectivo del folclore canario es único y ha dado pie a que saliesen y salgan tantos grupos. Además, había una base consolidada con el Orfeón La Paz, la Masa Coral Tinerfeña, El Tronco Verde… Siempre ha habido esa predisposición a la unidad, aunque ha habido individualidades muy importantes, desde Sebastián Ramos a Manuel Hernández, que hicieron los primeros discos en 78 revoluciones, que son verdaderas joyas si uno se las tropieza por ahí, como me pasó a mí. Creo que sí, que todo estaba predispuesto para una persona inquieta como yo, a la que siempre le preocupó el folclore, por su pervivencia y sus rasgos definitorios de una colectividad .
-¿Y cómo ve hoy el folclore?
“Pues mejor que nunca: goza de muy buena salud, ha salido gente muy valiosa y me congratulo de mi sucesión en Los Sabandeños. Desde mi nieto tocando la bandurria, que acaba de entrar, a mi hija, que es la bibliotecaria (de carrera) de la sociedad, donde están todos mis libros y discoteca, y que canta en Valquiria y ya no sé en cuántas agrupaciones porque he perdido la cuenta… Además, tengo un bisnieto a las puertas de cumplir la edad para entrar y está mi hijo, que ha pasado a regir el grupo desde la presidencia de la fundación, que es algo que nunca pensé que se organizaría. Nunca creí que tendríamos apoyo y dinero para disponer de un inmueble como el de la calle Capitán Brotons. Ha sido todo una especie de milagro”.

-De todas formas, ¿temió por el grupo, pues sufrieron rupturas duras, críticas…? Aunque, bueno, la vida también es así…
“Sí, aunque eso de las divisiones es algo típico de Canarias. Uno siempre quiere mejorar las cosas, que funcionen mejor… Probablemente sea eso, el espíritu de superación… No obstante, albergo mis dudas porque tengo también mi teoría, ya que todas las crisis las vi venir y cómo se rompió el grupo por dentro…”.
-Sobre todo en los 80…
“Sí, pero, ya digo, eso es muy canario, lo de que yo quiero ser más que tú… Probablemente fuese afán de superación, que veo bien, pero deben regir siempre reglas que eviten confrontaciones o malos entendidos, que es lo que no pudimos impedir, pues no tenía necesidad de enfrentarme a compañeros…”.
-Se le achacó exceso de personalismo, de acapararlo todo…
“Exacto, gente que ni me saluda ni yo a ellos. A ese punto llegamos, aunque no con todos”.
-¿Y no hubo ninguna posibilidad de reconciliación?
“Hubo intentos, pero todos fracasaron porque cada uno tenía ya su librito escrito, su capillita, y ése es uno de los males que tenemos los canarios”.
-Bueno, y la envidia famosa de la cultura española…
“Sí, eso lo contó muy bien Miguel de Unamuno…”.
-¿Y cómo está el grupo hoy: tienen garantizado el futuro?
“Está muy bien, en manos de un muy buen director, Israel Espino, que tiene experiencia y está haciendo una labor estupenda, así como los cabecillas de la parte organizativa, con Fernando o mi hijo, que, aunque no tenga quizás mis conocimientos musicales, es un trabajador incansable, tiene buen oído, canta bien y posee gran memoria para los temas. Estoy muy contento por cómo funciona”.
-¿Cuál fue la mejor etapa?
“Creo que todas. Siempre quedé contento de la labor que se realizaba, por ejemplo en los doce años que estuvo Benito Cabrera, pero fue algo general y siempre se aceptaron las directrices, señal de que funcionaba”.
-¿Y un concierto, un momento que dijera jo, el mejor?
“Buf, es muy difícil… Piensa que han sido 60 años, pues hace uno que ya no subo al escenario, y presencia en 31 países. Estuvimos en teatros como el Nacional de La Habana… Hay muchos días que me quedaron marcados, pero, buf, son demasiados”.
-Dígame, al menos, una canción… ¿Tiene alguna predilecta?
“Me quedaría con la resurrección del pasodoble Islas Canarias, que se veía como algo de segundo orden y se ha convertido en un verdadero himno”.
-¿Debió ser el himno isleño?
“Sí; la letra es un poco liviana y pintoresquita, pero la música está bien encajada”.
-¿Terció ahí mucho la política, pues se decía que lo canario no casaba con un pasodoble…?
“Exacto, ése fue uno de los grandes impedimentos”.
-¿Y cómo ve la música actual en general; qué piensa, por ejemplo, del reggaetón, que en realidad lleva asentado 25 años?
“Sé que son variedades derivadas de aspectos folclóricos, pero no me gustan, no veo calidad en las letras y nunca se me ha ocurrido usar músicas así”.
-¿Y el periodismo actual? El papel sigue en la calle…
“Creo que ha mejorado mucho, sobre todo por el salto de calidad que han dado los articulistas y comentaristas. Hay plumas fantásticas, y yo era columnista y escribía todos los días sobre la actualidad, pero no dejo de reconocer que se ha mejorado mucho en la técnica y hasta en los equipos”.
-¿Qué le parecen las redes, las plataformas audiovisuales… Hay sobreexceso: más medios que nunca y, quizás, estamos menos comunicados que nunca, comprendemos menos al otro?
“Es posible, pero soy cauto en eso porque no existen verdades absolutas y creo que hay de todo, pero, en términos generales, el periodismo y la comunicación está mucho mejor. En las Islas, por ejemplo, se ha dado un salto también espectacular con la TV Canaria. Estoy contento y soy un asiduo. La radio, sin embargo, la sigo menos, y eso que también hice radio en su día. No la encuentro con la asiduidad de la televisión”.

-¿Y cómo ve la política?
“En mi caso, en lugar de dejarla, ella me dejó a mí. Aunque mi dedicación no tenía sospechas de que jugara a dobles vertientes, nunca me sentí cómodo en la política porque es un mundo difícil…”.
-Muchas dobles caras…
“Sí…”.
-Pero usted venía de la izquierda radical y, en el 87, se presenta en La Laguna con aquella ATI que casi arrasa en la Isla, pero, en unos años 80 con el PSOE tan fuerte y una AP que no cuajaba, ATI se veía como la derecha: ¿se sintió incómodo con su entorno por aquella apuesta, le costó existencialmente tener que explicarse?
“Está claro que mi formación en política, de donde venía, no era el nacionalismo… Sí, me veían como un radical de izquierdas, pero ese salto que doy, pues vienen a hablar conmigo, me lo explicaba yo porque me nació a mí. Mi ascendiente más directo fue mi padre, un diputado republicano y de izquierdas, y eso me facilitó el camino, aunque tuve otros no tan claros, parientes más amorfos. Lo que siempre procuré fue no tener doble cara ni duplicidades, sino que mi camino fuera claro y recto. Y estuve diez años de alcalde, el que más ha estado, porque La Laguna es un sitio complicado, y más viniendo detrás de Pedro González, que no es ninguna broma, o José Segura luego… Eran pesos pesados y yo, un advenedizo…”.
-Dice que la política lo dejó: ¿por qué? ¿Notó que la gente se alejaba, el partido…?
“El equipo, el partido, no me apoyó como esperaba”.
-Le defraudó…
“No tanto, porque me fui acercando mucho a sus ideales, al ver fórmulas similares en Cataluña o Euskadi (CiU y PNV). No éramos una rara avis, sino la fórmula multipolítica que permitía encajar tus ideas”.
-¿Hay muchas diferencias entre aquella ATI y la CC actual?
“Ha ido cambiando, pero CC conserva el recuerdo de Hermoso o Martín, gente valiosa, emprendedora y muy realista”.
-Una apuesta pragmática…
“Exacto, y me vi muy bien instalado ahí porque, aunque otros ideales se me acercaban o incluso compartía, no cuajaron como el nacionalismo. Aquello fue algo novedoso, que prendió fácilmente y tuvo un éxito muy sonado, como la Alcaldía de La Laguna, ya que era una plaza del PSOE muy fuerte. A mí me costó asimilar ese éxito del nacionalismo, aunque con diferencias en las dos provincias, porque políticos como Sagaseta allá desentonaban con nosotros”.
-¿Cómo está Canarias, en este contexto mundial…?
“Lo tiene complicado, y las cosas pueden enredarse más, aunque hemos dado un salto grande y también desde el punto de vista del Estado, que ahora está más predispuesto a dar más dinero, subvenciones…”.
-¿Está menos abandonada?
-Sí, eso…
-¿La calidad de los políticos ha empeorado? ¿A qué achaca este giro ultraconservador y figuras como Trump, Milei, Abascal…? ¿Hay una regresión?
“No diría tanto, pero sí que la política ha cambiado”.
-¿Le da miedo Vox?
“Los tiempos no son propicios para la extrema derecha…”
-Pues no paran de ganar: Colombia, Chile, Perú…
“Sí, pero ya no se llama ultraderecha, es como un sambenito… A mí no me da miedo un Abascal de vicepresidente. Es verdad que hay posibilidades de que eso se dé, pero también muchas de que no…”…
-¿Su pulsión centralista no perjudicaría a Canarias?
“No lo he pensado; creo que Vox es un partido más… Dicen cosas exageradas que puedes no compartir, como lo del cambio climático o la violencia machista, pero no me da miedo”.
“Como se dice aquí, no me gusta el caminar de la perrita con Trump”
Aunque no teme a Vox, se le notó cauto al hablar de política. Sin embargo, al final se embaló y defendió con ahínco el pacto lagunero entre PSOE y CC, “sobre todo porque sus líderes congenian muy bien”, aunque no se mojó sobre la fórmula mejor para las Islas. Sí elogia a Curbelo y Alpidio Armas, “dos grandes presidentes”, al tiempo que reivindica su vía de ronda, “un acierto”. Sobre El Sáhara, dice que lo que hizo Sánchez “fue arriesgado”, pero cree que la autonomía es “más realista y las cosas se han endulzado, pese a lo de Ceuta”. Respecto el “gran reto de la migración”, pone como ejemplo de integración Suecia y defiende el modelo social europeo de los Kohl y Mitterrand frente a Trump. “Está mal que lo diga, pero ojalá la salud le falle porque, como se dice aquí, no me gusta el caminar de la perrita con él, y ahí está Netanyahu, alguien muy nocivo que no ha aprendido del Holocausto”. Sobre su personalidad, dice que debió ser “más resolutivo en algunas cosas” y resalta su “amor a mi tierra y mi pasión por proteger la herencia cultural y aborigen. Se ha avanzado, sobre todo por Cuscoy, pero no se protege como debiéramos”.






