La conocida como la casa más navideña de Canarias, ubicada en el número 189 de la carretera de El Boquerón, en Valle de Guerra (La Laguna), ya tiene fecha para su próximo encendido: será el 29 de noviembre. Su creador, Lorenzo Barroso, trabaja en los preparativos del montaje.
Tras tres décadas de tradición festiva en la Isla, la organización pretende recuperar el esplendor de la cita y quitarse el mal sabor de boca de la edición anterior, marcada por la lluvia. De momento no hay actuaciones confirmadas ni escaleta definitiva para la jornada inaugural.
La iniciativa nació en 1995 de la mano de Lorenzo Barroso padre y, tras su fallecimiento, su hijo asumió el compromiso de mantener vivo un legado que cada mes de diciembre atrae a más de 2.000 personas en su apertura. Lo que comenzó como un pequeño adorno familiar en la fachada se ha convertido en uno de los reclamos más populares de Tenerife y del Archipiélago, con un despliegue que ha llegado a superar las 80.000 bombillas de bajo consumo.
Una espina clavada por la lluvia
El objetivo de Lorenzo Barroso para esta temporada es reencontrarse con el público sin los contratiempos sufridos en la última convocatoria. En aquella ocasión, las precipitaciones caídas durante las labores de montaje y en la propia jornada de encendido dificultaron el espectáculo que la familia había diseñado.
Búsqueda activa de colaboradores
De cara al próximo 29 de noviembre, la prioridad del organizador es recabar apoyos para confeccionar el programa de actividades. Barroso busca la implicación de empresas, artistas, colectivos o instituciones que deseen colaborar para enriquecer la jornada de encendido.
Actualmente no existen horarios ni grupos musicales confirmados para el día de la apertura. La intención de la familia es mantener el acceso totalmente gratuito y preservar el carácter comunitario del espacio.
Tres décadas de tradición en Valle de Guerra
La historia de esta vivienda suma ya 30 años de recorrido en el municipio de La Laguna. Desde aquel primer pesebre con unas pocas luces instaladas en 1995, el recinto ha ido ampliando sus dimensiones con belenes hechos a mano, figuras a gran escala y espacios habilitados para sacar fotografías.
Pese al esfuerzo logístico que requiere cada montaje, el promotor mantiene la filosofía con la que comenzó su padre: transformar la iluminación de la casa en un punto de encuentro y unión familiar para residentes y visitantes de todas las Islas.







