El alpinista canario Juan Diego Amador regresará el próximo 5 de septiembre al Himalaya para afrontar uno de los mayores desafíos deportivos de su trayectoria. El objetivo será el Manaslu, de 8.163 metros, la octava montaña más alta del planeta, que intentará ascender sin utilizar oxígeno artificial y sin recurrir a sherpas de altura.
El proyecto, denominado Colossus Manaslu 8.163, supone el regreso de Amador a las grandes montañas del Himalaya casi 25 años después de convertirse en el primer montañero de Canarias en alcanzar un ochomil sin oxígeno artificial.
La expedición se prolongará hasta la segunda mitad de octubre y contará también con la participación del navarro Alejandro Cereceda, el andaluz Daniel Garona y el reconocido alpinista vasco Álex Txikon.
Amador afrontará el Manaslu por la ruta del Sama Ogon y lo hará con un planteamiento especialmente exigente. No utilizará oxígeno artificial ni contará con sherpas de altura para alcanzar la cumbre, lo que significa que deberá portear personalmente en su mochila buena parte del material necesario para establecer los cuatro campos de altura previstos durante la ascensión.
El objetivo va mucho más allá de sumar una nueva cumbre a una trayectoria en la que ya figuran el Cho Oyu, de 8.201 metros, el Gasherbrum II, de 8.035 metros, y el Everest, de 8.848 metros, además del proyecto Seven Summits.
El Manaslu supone también una manera de regresar a una forma de entender el alpinismo que Amador resume en una expresión muy concreta, “volver al origen”. “Quiero volver a enfrentarme a un ochomil desde la perspectiva del alpinismo clásico, sin oxígeno artificial, sin sherpas de altura y asumiendo personalmente los riesgos y las dificultades que implica alcanzar una montaña de esta dimensión. No se trata de decir que una forma de ascender sea mejor que otra, sino de explicar que son retos deportivos diferentes y que requieren esfuerzos, compromisos y niveles de exigencia distintos”, señala.
Debate sobre el estilo en los ochomiles
El Manaslu se ha convertido en los últimos años en uno de los grandes destinos del Himalaya para las expediciones comerciales. La creciente presencia de alpinistas y operadores es, para Amador, una evolución difícilmente reversible, pero también una oportunidad para reflexionar sobre los diferentes estilos con los que actualmente se afrontan las montañas de más de 8.000 metros.
El proyecto Colossus quiere precisamente poner sobre la mesa esas diferencias. Alcanzar un ochomil sin oxígeno artificial y sin asistencia de trabajadores de altura implica una concepción deportiva diferente a hacerlo con oxígeno suplementario y una infraestructura de apoyo mucho mayor.
Uno de los aspectos que más preocupa al montañero canario es la creciente saturación que registran algunas de las rutas más frecuentadas del Himalaya. “Cuando escalas sin oxígeno necesitas mantener unos ritmos de progresión muy concretos. A estas altitudes el margen fisiológico es mínimo y cualquier espera prolongada puede tener consecuencias. Encontrarte con una montaña saturada de personas puede convertirse en un obstáculo para quienes intentamos realizar una ascensión deportiva sin oxígeno e incluso en un peligro para nuestra vida”, explica.
Los aludes entre los campos 2 y 3, el principal riesgo
Amador reconoce que su principal preocupación ante esta expedición no está tanto en la propia cumbre como en algunos de los tramos que deberá superar para llegar hasta ella. Especialmente delicada será la zona comprendida entre los Campos 2 y 3, donde se producen frecuentes aludes.
En este sentido, comenta que “lo que más me preocupa son los constantes aludes que se producen entre el Campo 2 y el Campo 3. Los últimos meses han sido especialmente cálidos y estamos viendo que las condiciones de la montaña son delicadas. Es una zona en la que se han producido accidentes y sabemos que el riesgo objetivo es muy elevado”, advirtió.
A este peligro se suma la complejidad de la parte superior del Manaslu, especialmente su arista final, donde las condiciones meteorológicas y la exposición pueden convertir los últimos metros hacia la cima en uno de los puntos más comprometidos de toda la ascensión. La estrategia del equipo será progresar por la ruta normal, completar las rotaciones necesarias para conseguir una correcta aclimatación y esperar una ventana meteorológica estable que permita afrontar la cumbre.






