santa Úrsula

Orgullo y desafíos en Santa Úrsula de la nueva mujer rural

Un estudio recoge las necesidades y propuestas de las residentes en las medianías del municipio para diseñar políticas públicas que permitan mejorar su calidad de vida
Orgullo y desafíos en Santa Úrsula de la nueva mujer rural
Juana y María Jesús son vecinas de la Tosca de Ana María. Sergio Méndez

“Soy más del campo que una amapola”, bromea Guacimara García, de 44 años, vecina de El Farrobillo, en Santa Úrsula. Ella dice que es uno de esos “casos únicos” que trabaja el campo porque le gusta, ya que su madre y su padre son agricultores, es algo que ha vivido “toda la vida” y que compagina con su vida profesional -estudió Magisterio- , igual que su hermana, tres años mayor y también profesional.

Recuerda el esfuerzo de su padre para sacarlas adelante a base de combinar la hostelería con el campo y que siempre les aconsejaba que “estudiaran para que pudieran tener una vida mejor que la de ellos y no les faltara nada”.

En su familia “se ama” la agricultura y el trabajo en el campo pero saben la dureza que conlleva. Esta realidad es similar a la de muchas mujeres que viven en barrios rurales y por eso participó en el estudio impulsado por el Ayuntamiento y coordinado por la investigadora Ana María Morales Hernández, junto al apoyo técnico de Elena P. González Negrín y Elena Vega Cuesta para conocer la realidad de estos entornos desde una mirada femenina ya que este colectivo es quien mejor conoce las dificultades con las que se ha enfrentado y se enfrenta a diario y las mejoras que se podrían llevar a cabo para solventarlas en la planificación de las políticas públicas.

La investigación se centró en los barrios de Las Toscas (Tosca de Ana María y Tosca Barrios), El Farrobillo, La Vera y La Corujera, así como en subnúcleos vinculados como El Cantilo, La Bastona, Tamaide, La Tosquita y Pino Alto.

Fueron ellas quienes expusieron sus necesidades y trasladaron las propuestas que permitirán poner en marcha actuaciones para mejorar la igualdad de oportunidades, la movilidad y otros aspectos sociales faciliten la vida en los barrios rurales, que forman parte de la historia, la identidad y el patrimonio de Santa Úrsula, una localidad con el 88% de su superficie clasificada como suelo rústico y en la que la agricultura mantiene un peso crucial en la conservación del paisaje y la memoria.

El estudio se realizó con una metodología participativa de enfoque mixto, es decir, combinando métodos cuantitativos y cualitativos para obtener una visión amplia de sus condiciones de vida y mejoras a futuro.

En total participaron 271 mujeres mayores de 20 años residentes en los núcleos mencionados que realizaron una encuesta que permitió analizar seis grandes dimensiones: el perfil sociodemográfico, la movilidad y el transporte, la calidad de vida y el acceso a servicios, las desigualdades de género y los usos del tiempo, la violencia de género y se dejó un espacio para sus propuestas.

La parte cualitativa, en la que intervinieron 48 mujeres, consistió en dialogar sobre tres cuestiones principales, qué significa ser mujer rural hoy, cómo condiciona la movilidad su vida cotidiana, y cuáles son las principales dificultades que encuentran en su acceso a los recursos.

Entre ellas, además de Guacimara, se encontraban María Jesús González, María Isabel Pérez y Juana Evangelista González. La primera vive en la Tosca de Ana maría y también es hija de agricultores. Creció viviendo de lo que cosechaba su familia. Aunque su madre quería apartarla de la dureza del terreno animándola a aprender labores domésticas, María Jesús prefirió estudiar. Aprendió a leer a los tres años, daba clases particulares de matemáticas con trece y desarrolló una variada vida laboral, fue dependienta, montó su propio negocio, emigró a Inglaterra y trabajó en ayuda a domicilio y geriátricos. Para ella, el campo es un pasatiempo y quiere desmontar el mito que vivir en el entorno rural sea incompatible con formarse, trabajar o viajar.

Lo mismo opina María Isabel, quien desde hace unos años vive en El Chapatal, perteneciente al barrio de La Vera. También lleva la agricultura “en la sangre” porque es la actividad que realizó siempre su familia. Desde pequeña, su abuelo le decía que “si podía le pagaba a unos señores para que sus nietas no fueran al terreno” pero ella y su hermana iban porque les gustaba pisar las uvas, jugar con la tierra y pasar la mañana acompañándolo. Ella también apostó por los estudios pero cada vez que puede ayuda a su padre a limpiar la finca.

Juana tiene 78 años, también es de la Tosca de Ana María y es la memoria viva del trabajo en las empaquetadoras y el cultivo en las huertas junto a su marido a las que todavía se “desconsuela” por ir.

Igual que las demás entrevistadas, defiende el enorme valor de la experiencia tradicional y reivindica la capacidad de resiliencia de las mujeres que han levantado el medio rural de Santa Úrsula.

Las cuatro se consideran “con orgullo” mujeres rurales y ello no solo está ligado a la vida en el campo y a la vinculación con la agricultura sino al hecho de residir en las medianías, con independencia de su actividad profesional, su calidad de vida y las posibilidades de autosuficiencia alimentaria. En este sentido, coinciden en que “hay que terminar con el pensamiento contradictorio que tener una vida en el campo supone no formarse, no vestir bien o no salir. Eso quizás era antes,” subrayan.

Sus aportaciones, igual que las del resto de participantes, han sido cruciales para definir propuestas concretas que potencien la calidad de vida en estos entornos. La principal es la mejora del transporte público con microguaguas o guaguas lanzaderas que lleguen a zonas de difícil acceso, mejoren los recorridos y las paradas.

Respecto a las infraestructuras viarias, se hace necesario un acondicionamiento de las aceras, la creación de accesos peatonales, la eliminación de barreras arquitectónicas y la instalación de elementos de apoyo en zonas con pendientes elevadas.

A ello se suma la necesidad de contar con una programación sociocultural estable en estos barrios, la creación de actividades específicas para mujeres de todas las edades, promoción de iniciativas de empleo, formación en competencias digitales, fomento de la incorporación de la juventud al sector agrario, mejora de la cobertura digital, y la ampliación de servicios de ayuda a domicilio, entre otras acciones.

Una figura femenina que se ha transformado con el municipio

El Día Internacional de las Mujeres Rurales se celebra cada 15 de octubre tras ser establecido por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en 2007. Sin embargo, el área de Igualdad del Ayuntamiento decidió adelantarse e impulsó el estudio financiado por el Cabildo de Tenerife para conocer los cambios que ha habido en la identidad de la mujer rural con la transformación económica del municipio de Santa Úrsula. “Se quería reconocer ese concepto actualmente”, sostiene Ana María Morales Hernández. El estudio parte de definir cuál es el perfil de las mujeres que viven en las zonas de medianías, que ya no se identifican solamente con la vinculación a la agricultura pese a que esta actividad tiene un valor simbólico y emocional porque es parte de la herencia familiar. Actualmente hay una serie de transformaciones importantes como el acceso a la educación, al empleo, y la apertura a recursos para permitir la conciliación, ya que los cuidados siguen estando feminizados.

TE PUEDE INTERESAR