La actividad sismovolcánica anómala en Tenerife continúa bajo vigilancia después de varios meses de pulsos sísmicos concentrados principalmente en Las Cañadas del Teide y el entorno de Pico Viejo. Los científicos admiten que podrían producirse terremotos leves perceptibles por la población, pero recalcan que no existen actualmente indicios de una erupción a corto o medio plazo.
Esta es una de las principales conclusiones trasladadas por el comité asesor del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de Canarias (PEVOLCA), que analizó este jueves la evolución de la actividad registrada desde febrero.
El semáforo volcánico de Tenerife continúa sin cambios y los especialistas no observan actualmente las señales que justificarían elevar el nivel de alerta.
Pero ¿qué está ocurriendo realmente bajo Tenerife? ¿Por qué se habla de actividad “anómala”? ¿Pueden producirse terremotos sentidos? ¿Y qué tendría que cambiar para que los científicos comenzaran a contemplar un escenario eruptivo?
Qué está ocurriendo bajo Tenerife
El sistema volcánico de Tenerife atraviesa desde febrero de 2026 una fase de actividad sismovolcánica superior a la habitual.
El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha detectado durante estos meses pulsos de terremotos de baja frecuencia y eventos híbridos, fundamentalmente en la zona occidental de Las Cañadas y al suroeste de Pico Viejo.
Solo durante julio se localizaron 611 terremotos en la parte central de Tenerife, dentro del complejo de Las Cañadas del Teide, según el último informe mensual del IGN.
Estos movimientos no significan por sí mismos que el magma esté ascendiendo hacia la superficie ni que una erupción sea inminente.
Los eventos de baja frecuencia pueden estar asociados al movimiento de fluidos en profundidad, según ha explicado el comité científico del PEVOLCA. Este tipo de señales se detecta en Tenerife desde 2016, aunque la secuencia observada durante 2026 ha resultado especialmente persistente.
La actividad comenzó en febrero
Uno de los primeros episodios importantes se produjo entre el 7 y el 27 de febrero, cuando el IGN detectó siete enjambres de eventos híbridos al suroeste de Pico Viejo.
La actividad se situó entonces aproximadamente entre 6,5 y ocho kilómetros bajo el nivel del mar.
Uno de los episodios más llamativos ocurrió entre el 18 y 19 de febrero, cuando el IGN contabilizó inicialmente alrededor de 950 eventos híbridos, todos de magnitud muy baja y sin posibilidad de ser sentidos por la población.
Durante marzo continuaron los pulsos. Entre el 13 y el 16 de ese mes se localizaron 59 terremotos en Tenerife, con magnitudes inferiores a 1,8 y profundidades de entre ocho y 21 kilómetros bajo el nivel del mar.
La actividad siguió apareciendo posteriormente durante primavera y verano.
Julio volvió a registrar una elevada sismicidad
El último balance mensual del IGN confirma que julio volvió a ser especialmente activo.
En Canarias se localizaron 724 terremotos durante ese mes, de los que 611 se concentraron en la zona central de Tenerife, principalmente en Las Cañadas del Teide.
Sin embargo, el dato necesita contexto.
Un número elevado de terremotos no implica necesariamente un incremento equivalente del peligro volcánico. Muchos de estos eventos presentan magnitudes extremadamente bajas y solo pueden detectarse mediante instrumental especializado.
Los científicos analizan conjuntamente la magnitud, profundidad, localización y evolución temporal de los terremotos, además de otros parámetros.
¿Puede haber terremotos sentidos por la población?
Sí. Los científicos consideran posible que esta fase de mayor actividad genere eventualmente algún terremoto leve perceptible en Tenerife.
El director del IGN en Canarias y portavoz del comité, Itahiza Domínguez, explicó que un aumento de la actividad podría dar lugar a movimientos sentidos, previsiblemente en el entorno de Las Cañadas del Teide.
La previsión científica es que, si se produjeran en las condiciones actuales, serían terremotos de baja intensidad y sin capacidad para causar daños.
Pero el comité insiste en una diferencia importante: afirmar que pueden ocurrir no significa que se esté anunciando que vayan a producirse.
¿Hay riesgo de una erupción del Teide?
Los científicos no observan actualmente señales que indiquen una erupción durante las próximas semanas o meses.
El IGN lleva insistiendo en esta conclusión desde el comienzo de la secuencia de febrero. En sus informes oficiales ha señalado que los enjambres registrados durante 2026 no incrementan el peligro de una erupción a corto o medio plazo.
Además, existen otros parámetros que actualmente no muestran una evolución compatible con una situación preeruptiva.
El terreno no muestra una deformación rápida
Uno de los indicadores fundamentales para los vulcanólogos es la deformación del terreno.
Cuando grandes cantidades de magma ascienden o se acumulan a menor profundidad, pueden provocar cambios detectables en la superficie.
Sin embargo, las estaciones geodésicas del IGN y los análisis mediante satélite InSAR no detectaron durante julio deformaciones significativas que puedan asociarse a actividad volcánica.
El organismo sí observa desde 2023 una deformación en la zona central de Tenerife, pero durante julio mantuvo su tendencia general, únicamente con modificaciones menores.
Según los datos expuestos tras la reunión del comité, la deformación acumulada ronda los dos centímetros durante los últimos tres años.
Los gases tampoco muestran ahora una evolución preocupante
La emisión y composición de los gases volcánicos constituye otra de las principales variables utilizadas para detectar cambios en un sistema volcánico.
Los datos analizados por el comité apuntan actualmente a un descenso en determinados parámetros geoquímicos.
Ya en febrero, el comité científico extraordinario del PEVOLCA señalaba que las campañas recientes de geoquímica mostraban un descenso de los parámetros medidos y que la actividad sísmica no estaba acompañada de cambios significativos en la deformación.
Qué señales sí preocuparían a los científicos
El escenario cambiaría si aparecieran simultáneamente varios indicadores.
Entre ellos estarían terremotos cada vez más superficiales y de mayor magnitud, un incremento sostenido de la sismicidad, una deformación rápida del terreno y modificaciones significativas en los gases volcánicos.
Itahiza Domínguez ha explicado que esa combinación resultaría mucho más relevante que un enjambre aislado.
“Nada de eso se está viendo en estos momentos”, recalcó el portavoz del comité, según la información facilitada tras la reunión.
Un terremoto sentido tampoco significaría que vaya a haber una erupción
Este es otro punto que los científicos consideran necesario aclarar.
Algunas erupciones históricas de Tenerife estuvieron precedidas por terremotos sentidos por la población, pero un terremoto aislado o varios movimientos seguidos no permiten predecir una erupción.
No existe una cifra concreta de terremotos a partir de la cual pueda afirmarse que un volcán va a entrar en erupción.
Por eso la vigilancia combina numerosos parámetros: sismicidad, profundidad de los eventos, deformación, gases, temperatura y otros indicadores geoquímicos y geofísicos.
¿Por qué se considera entonces una actividad anómala?
Porque los registros son superiores a los niveles habituales de los últimos años y porque algunos tipos de señales han aparecido durante periodos más prolongados.
El IGN señaló en febrero que la sucesión de pulsos de baja frecuencia observada entonces no se había registrado previamente con aquella duración y continuidad, aunque sí se habían detectado episodios similares de manera más esporádica desde 2016.
Domínguez resumió esta evolución tras la reunión del PEVOLCA: “Sabemos que estamos por encima del nivel de actividad de hace un año, y hace un año, por encima del de hace diez”.
Tenerife ya había registrado enjambres anteriormente
La actividad sísmica bajo Las Cañadas y Pico Viejo tampoco comenzó en 2026.
El IGN ha documentado episodios semejantes en 2016, 2019, 2022, 2024 y 2025.
Por ejemplo, uno de los enjambres detectados previamente reunió más de 700 pequeños terremotos al suroeste de Pico Viejo, aproximadamente a 10 kilómetros de profundidad y todos con magnitudes inferiores a uno.
La diferencia de 2026 está principalmente en la persistencia y evolución de las señales.
El problema: solo existen unos 20 años de datos instrumentales detallados
Los científicos cuentan además con una limitación importante para interpretar lo que ocurre.
Tenerife tiene millones de años de historia volcánica, pero las actuales redes instrumentales ofrecen aproximadamente dos décadas de información detallada y comparable.
Es un periodo muy corto frente a los ciclos naturales del sistema volcánico.
Por ello resulta difícil determinar con precisión qué nivel de actividad constituye la normalidad absoluta del sistema Teide-Pico Viejo.
Más de 100 equipos vigilan Tenerife permanentemente
El Instituto Geográfico Nacional mantiene desplegada en Tenerife una extensa red destinada a detectar cualquier cambio.
El organismo dispone de más de un centenar de estaciones, equipos y puntos de muestreo que monitorizan de manera continua la sismicidad, la deformación y parámetros geoquímicos.
Estos instrumentos permiten detectar movimientos tan pequeños que resultan completamente imperceptibles para la población.
El comité del PEVOLCA ha acordado mantener reuniones ordinarias de seguimiento cada tres meses, aunque podrá convocarse de forma extraordinaria si se producen cambios relevantes.
Por ahora, la conclusión científica se mantiene: Tenerife registra una actividad sismovolcánica anómala que requiere vigilancia, pero no existen actualmente indicios de una erupción del Teide a corto o medio plazo.






