En 1963, varias personas comenzaron a morir en Canarias después de beber ron y aguardiente. Antes de fallecer sufrían vómitos, fuertes dolores y, en algunos casos, una repentina pérdida de visión. Lo que inicialmente parecían episodios aislados terminó destapando uno de los mayores fraudes alimentarios de la España del siglo XX: el caso del metílico.
El balance oficialmente reconocido fue de 51 fallecidos, 18 de ellos en Canarias. Sin embargo, investigaciones posteriores han sostenido que el número real de víctimas pudo ser muy superior, debido a fallecimientos que nunca llegaron a relacionarse con la intoxicación.
La clave para descubrir qué estaba ocurriendo apareció en Haría, Lanzarote, y tuvo como protagonista a una joven farmacéutica: María Elisa Álvarez Obaya.
Las primeras muertes conocidas, en Lanzarote
Una de las primeras víctimas registradas fue Esteban Jesús Pablo Barreto Barreto, que murió en Haría el 18 de febrero de 1963 tras haber tomado unas copas de ron.
Según la reconstrucción histórica del caso, sufrió fuertes dolores abdominales, vómitos y una súbita ceguera antes de fallecer.
El 1 de marzo murió María Dolores Zerpa, enterradora del municipio. Semanas después fallecieron Santiago Betancor y Tomás Pereda. Al mismo tiempo, otras personas habían perdido repentinamente la visión. La sucesión de casos comenzó a levantar sospechas.
La farmacéutica de Haría que encontró la conexión
María Elisa Álvarez Obaya había llegado a Lanzarote poco después de terminar sus estudios de Farmacia y ejercía como inspectora farmacéutica municipal. La joven detectó un elemento común entre las víctimas: todas habían consumido alcohol antes de comenzar a encontrarse mal.
Analizó muestras de botellas, garrafas y barriles en su farmacia y encontró concentraciones elevadas de alcohol metílico o metanol, una sustancia tóxica no apta para el consumo humano.
Álvarez Obaya ordenó retirar los productos sospechosos de los establecimientos de Haría y elaboró un informe fechado el 21 de marzo de 1963. Sus análisis fueron posteriormente confirmados por Sanidad en Las Palmas.
Aquella investigación permitió seguir el rastro de las bebidas hasta una empresa de Vigo y conectar los casos registrados en Canarias con otras muertes que estaban produciéndose en Galicia.
18 muertos reconocidos oficialmente en Canarias
El fraude no afectó únicamente a Lanzarote. Según el balance recogido en la documentación histórica del caso, 18 de las 51 muertes oficialmente reconocidas ocurrieron en Canarias: cuatro en Lanzarote, cinco en Tenerife y nueve en La Gomera.
En Galicia se concentró el mayor número de fallecidos, especialmente en la provincia de Ourense. Durante semanas se habían producido allí muertes que inicialmente se atribuían a otras causas, incluso a una posible meningitis. Las noticias sobre los fallecimientos de Canarias ayudaron a que algunos médicos gallegos empezaran a relacionar aquellos casos con el consumo de bebidas alcohólicas.
Alcohol industrial para ganar más dinero
La intoxicación tenía su origen en una operación fraudulenta. El metanol es un alcohol de uso industrial que puede causar graves intoxicaciones, lesiones en el nervio óptico, ceguera y muerte.
Según las investigaciones publicadas sobre el caso, se utilizaron grandes cantidades de este producto para fabricar o adulterar aguardientes, ron, licor de café y otras bebidas.
Uno de los principales implicados, Rogelio Aguiar, habría adquirido 75.000 litros de metanol, mucho más barato que el alcohol etílico destinado al consumo humano. El menor precio permitía aumentar los márgenes de beneficio. Las bebidas contaminadas acabaron distribuyéndose por diferentes puntos de España e incluso llegaron partidas al extranjero.
51 muertos oficialmente, pero la cifra real sigue siendo una incógnita
El balance oficial terminó fijándose en 51 fallecidos. Sin embargo, nunca pudo determinarse con exactitud cuántas personas estuvieron realmente expuestas al metanol.
Algunos fallecimientos fueron atribuidos a meningitis, ataques cardíacos u otras causas sin que se realizaran las pruebas necesarias para confirmar una intoxicación. El periodista Fernando Rodríguez Méndez investigó el caso durante años y planteó que el número real de afectados pudo ser muy superior al reconocido oficialmente.
Por ello, cualquier cifra de “miles de muertos” debe entenderse como una estimación posterior y no como un dato oficialmente acreditado.
Once procesados y penas de hasta 20 años
El juicio comenzó en diciembre de 1967, casi cuatro años después de las primeras muertes. Once personas fueron procesadas y se impusieron penas de entre uno y 20 años de prisión. También se fijaron indemnizaciones millonarias en pesetas para las víctimas y sus familiares.
Sin embargo, los condenados se declararon insolventes y, según las reconstrucciones del caso, las familias no llegaron a cobrar aquellas compensaciones. Ninguno de los condenados permaneció más de seis años en prisión.
El papel decisivo de María Elisa Álvarez Obaya
La investigación realizada en Haría convirtió a María Elisa Álvarez Obaya en una figura fundamental del caso. Tras descubrir el origen de las intoxicaciones, pasó a trabajar en los laboratorios de la Inspección Farmacéutica de Las Palmas.
Su actuación fue reconocida posteriormente por la Real Academia de Farmacia, que le concedió la Medalla Carracido. El caso del metílico quedó así ligado para siempre a Canarias: fue en Lanzarote donde una serie de muertes aparentemente desconectadas permitió descubrir que bebidas distribuidas por distintos puntos del país contenían un alcohol industrial capaz de provocar ceguera y muerte.





