Es una de las voces más conocidas de la música canaria desde hace más de tres decenios. Encima, el nombre de su madre Olga, que por supuesto le ha marcado en esto y en otras muchas cosas, hasta en su “novelería”, lleva mucho tiempo en la cima del folclore y el sentimiento isleño. José Manuel Ramos estrena el próximo domingo, 13 de septiembre, su nuevo espectáculo. Un recopilatorio titulado Todo de mí que ofrecerá casi en su casa, o el lagunero teatro Leal, que es lo mismo. He aquí un leve buceo en este trabajo, su trayectoria musical y su vida, que, a sus casi 60 y a diferencia de muchos, considera realizada. Un lujo.
-¿Está realmente todo José Manuel Ramos en este trabajo?
“El repertorio escogido tiene que ver con ese título porque lo he elegido de discos que he grabado durante todos estos años. Hay canciones que siempre he tenido que incluir en mi repertorio, como el caso del Unicornio (azul) o El bar de los mal amados, y el de este espectáculo gira en torno a los discos que hice en solitario y algunas cosas con la Parranda de Cantadores y Los Sabandeños. ¿Que ahí está todo de mí? Pues sí hay una gran parte de las cosas que he hecho todos estos años”.
-¿Cuántos temas incluye?
“Son catorce, entre los que están ése del Unicornio, que hice con Los Sabandeños en 1996; en el año 2000, con la Parranda de Cantadores, hice No volveré, que fue una ranchera que gustó mucho y las parrandas de las Islas pasaron a incluirla en sus repertorios porque era un estribillo muy pegadizo que la gente recibió muy bien, aunque es una canción vieja. Pero le dimos la puerta de entrada aquí y se convirtió en un suceso extraordinario. Me llena de orgullo y alegría que fuéramos nosotros los que abrimos la puerta a cantar rancheras en los escenarios, ya que no era muy común arriesgarse con eso en Canarias, si bien siempre estuvieron presentes en las parrandas junto a los boleros y demás.
-¿Y por qué este popurrí personal en este momento; lo necesitaba existencialmente?
“(Larga pausa) No exactamente, pero sí era un momento de hacer recuento, pues voy a cumplir 60 años y creía que había que recordar las canciones que he logrado introducir en la memoria colectiva de la gente a lo largo de los años. ¿Qué pasa? Que el repertorio que he escuchado en mi familia tiene mucho más que ver con la música hispanoamericana que con la europea, con lo que me nutrí, desde la niñez y adolescencia, de la música en español, que engloba la de México, sobre todo, y los boleros de Los Panchos, aunque, al llegar a Los Sabandeños, se me abrió un universo de tríos que no conocía, como Los tres caballeros o Los tres ases. Siempre se me ha ido más el gusto por cantar música hispanoamericana que la europea, pero he sido muy feliz haciéndolo y era el momento del recuento. Siempre se me ha ido el corazón mucho más a México y Cuba que para otros lados.
-¿Por qué elige el teatro Leal para el estreno: siente un vínculo especial con él o ha sido algo más bien circunstancial?
“Cuando me lo ofrecieron, la elección me pareció buena desde el principio. Sé que es un poco recurrente decir que el teatro Leal es mi casa, ya que es la casa de muchos, si bien no sé cuántos conciertos he hecho ahí desde que tenía ocho años, pero puede pasar la centena sin pensar mucho. Date cuenta de que ahí he actuado con todos los grupos a los que he pertenecido o colaborado. No solo con el de mi madre, Los Zebenzuí, de La Punta, sino con cualquiera de las formaciones que me han invitado, festivales, fiestas de la copla, fiestas de San Benito, homenajes… Entrar ahí es hacerlo en un sitio que, si no es mi casa, sí es muy familiar y en el que me encuentro más relajado que si fuera el teatro de otra ciudad, para no nombrar ninguna.
-Este recopilatorio parece una especie de encrucijada: mirando atrás, ¿se siente realizado en su trayectoria musical?
“Creo que sí, porque date cuenta de que vengo de la tradición más identitaria en una época en la que La Punta del Hidalgo tenía un número de cantadores, tocadores y bailadores que hacía difícil no entrar en alguna de esas modalidades. Mis expectativas fueron cambiando con los años y, al llegar a Los Sabandeños, se me abrió un universo mucho más grande de posibilidades en las que me veía cantando y defendiéndolo más o menos bien, con lo que creo que he hecho más de lo que esperaba a los 25 años. Me he dedicado en cuerpo y alma a esto; para vivir de la música hay que tener varios calderos al fuego, que es lo que he tenido yo todos estos años, y eso me ha permitido aprender y tener experiencias con un montón de gente que, de otra forma, no lo hubiera hecho. Sí, me siento realizado”
-Cuando, en 2002, comenzó su carrera en solitario, ¿la veía así, se siente satisfecho y hacia dónde quiere llevarla ahora?
“En el año 96, estábamos Los Sabandeños con el Unicornio y otras canciones creo que unas catorce veces al día en TV, que eran los espacios que había comprado Manzana. En ese momento, mis amigos, y me acuerdo mucho de Luisa Machado, la que fue cantante de Taburiente, me decían que debía hacer ya algo en solitario, sin tener que dejar ningún grupo con los que estaba comprometido. Me decían que eso me vendría bien para crecer como artista, pero nunca di el paso hasta que, en 2002, se dieron las circunstancias idóneas para que un tipo tímido como yo diera ese paso, aunque a veces la gente me dice que yo de tímido no tengo nada, si bien no saben lo que realmente hay aquí…”.
-Sí que ha tenido siempre, al menos, un carácter fuerte que no ha podido disimular…
“(Carcajada) Bueno, hay un primo mío que dice que soy un actor del carajo…”
-¿Y nunca le dio por ahí, por hacer también TV, cine…?
“No, porque creo que mi timidez no me permitió hacer otra cosa que no fuera algo en lo que estuviera seguro de que iba a funcionar medianamente. Tenía que haber habido alguien que me metiera de cabeza y que me hiciera ver que se me daba, pero no di el paso nunca. Visto hoy, cuando empiezo en 2002 a grabar en solitario la canción que tiró de ese CD, El bar de los mal amados, no creía que fuera a poder seguir en el mundo de la música como profesional porque, paradógicamente, ese fue el año en el que se produce la debacle en la industria discográfica, en la venta de discos. No sé si el Jefe Supremo, nuestro Guía… En ocasiones, uno tira de darle gracias a Dios porque, sin muchas alharacas, he tenido la posibilidad de continuar en la música y vivir de esto”.
-¿Y qué siente que le falta por hacer y debe hacerlo sí o sí?
“Cuando, hace tres años, hice el disco Vuelta al origen, Fabiola Socas, una íntima amiga, me dijo que era una deuda que tenía con La Punta y, al terminar de grabar, sentí que ya había hecho suficientes cosas y que, si tenía que dejarlo por alguna cuestión médica o por cosas del destino, con ese disco ya había cerrado el ciclo del amplio abanico de cosas que toqué y canté, pero heredé la novelería de mi madre y uno siempre tiene la ilusión de hacer cosas, No tanto por cosas que se ponen en el camino, pues muchas veces hay que buscarlas, pero sigo teniendo la misma ilusión de que surjan cosas que pueda afrontar y defender”.
-¿Tiene, pues, nuevos proyectos a la vista o está centrado al máximo en este espectáculo?
“Estamos centrados en esto, pero hay una cosa muy bonita que hice en mayo y que me gustaría darle forma en 2027: Las canciones de mi madre, basado en eso que uno ha escuchado desde chiquitito. Me di cuenta de que ella metió en nosotros una serie de nombres y músicas diferentes que dan la oportunidad de hacer un espectáculo simplemente con una lista de quince canciones que a ella le gustarán mucho y que significaron que nos metiéramos en la música, con esa mano izquierda que tuvo siempre. Es algo que me tiene ilusionado y, por supuesto, seguir actuando con Benito Cabrera, con el que tengo un dúo desde 2018 y empezamos ahora otro recital, con canciones en su totalidad de su autoría. Es otra cosa que me tiene muy ilusionado. Es decir, seguir poniendo cosas al fuego…
-Con casi 60, ¿se ve más de folclorista, cantautor o será siempre un híbrido?
“Me gustaría regresar, poco a poco, a la música tradicional, pero, para eso, me tendría que sacar la lotería (risas)”.
-¿Volverá a algún grupo o lo descarta?
“No se puede descartar algo que me han ofrecido alguna vez, pero la verdad es que prefiero centrarme en lo que pueda dirigir en mi vida artística”.
-Y más allá de la música, ¿se siente realizado en el resto de ámbitos de la vida?
“Creo que sí. Es justo decir que sí”.
-Es un tópico, pero ¿una canción propia y ajena, y un disco?
“La Malagueña de Chago Melián, con letra de Benito Cabrera, que me ha dado muchas alegrías, y una que no sea mía: El sitio de mis recreos. De los discos, el mío favorito es Viceversa, el segundo que hice, con la producción de Fernando Ortí y para Multicraft, y otro ajeno: Del 63, de Fito Páez.
-¿Su mejor canción está por escribir o ya la escribió?
“No lo sé. No me he dedicado mucho a componer y mi familia y mis amigos siempre me han tirado mucho de las orejas por eso, pero vamos a pensar que está por escribir”.






