Las cumbres de la isla de Tenerife aparecieron adornadas con la primera nevada del invierno coincidiendo justo con el día de Navidad. No solo el Teide y Las Cañadas, el manto blanco se extendió hasta Izaña y, como es habitual, obligó al Cabildo a cerrar durante el fin de semana las carreteras de acceso al Parque Nacional, por motivos de seguridad.
Pero el efecto de la borrasca y hasta el descenso de las temperaturas se vieron bruscamente interrumpidos con la aparición desde el lunes de una calima con viento y calor procedente del Sahara, que transformó por completo el panorama meteorológico en el Archipiélago. Eso ha hecho posible que, en pleno diciembre, mientras los turistas disfrutan de las playas con un sol espléndido, muchos tinerfeños han aprovechado para cumplir la tradición de ir a la nieve con toda la familia, equipados con trineos, tablas o plásticos con los que deslizarse por las laderas nevadas de Las Cañadas.
Sin embargo, la calima y la alta temperatura han acelerado la desaparición de la nieve y muchos de los que han subido estos días al Parque Nacional se han llevado una decepción. Solo el Teide se mantiene cubierto de blanco. No obstante, las previsiones meteorológicas son que en fin de año llegará a las Islas otro frente frío con lluvia que, con toda probabilidad, volverá a reponer las cumbres de la bendita nieve que esta vez derritió la calima antes de tiempo.















