medio ambiente

Jane Goodall, en Tenerife: “La criatura más intelectual, no la más inteligente, está destruyendo su hogar”

La eminente primatóloga y activista ambiental reconoce en Tenerife la desconexión entre el cerebro y el corazón, “solo con ambos trabajando en armonía podríamos llegar a nuestro potencial”
Jane Goodall: "La criatura más intelectual, no la más inteligente, está destruyendo su hogar"

La primatóloga Jane Goodall sigue recorriendo el mundo a sus 89 años para compartir su historia como científica pionera y activista ambiental. El Paraninfo de la Universidad de La Laguna acogió ayer su conferencia Razones para la esperanza, con aforo completo, en el que narró las principales razones de esperanza para seguir trabajando y dejar un mundo mejor.
Realizó un análisis de las problemáticas que afectan a nuestro planeta y su biodiversidad e inspiró esperanza. Considerada una de las científicas de mayor impacto en el siglo XX y una de las activistas ambientales más reconocidas del siglo XXI está involucrada en la defensa por la biodiversidad y el cuidado del planeta. “¿Cómo es posible que la criatura más intelectual esté destruyendo su propio hogar?. Eso demuestra que no somos inteligentes.

Hay una desconexión entre el cerebro y el corazón, solo con ambos trabajando en armonía podremos llegar a nuestro potencial”, afirmó.


Ante un auditorio entregado repasó su enorme trayectoria desde que nació en 1934 en Londres, una familia de clase media, en la posguerra, con penalidades. “Había restricciones y racionamiento, ahorrábamos y no tirábamos nada. Esa época me enseño el valor de las cosas. Es lo que tenemos que hacer ahora, la naturaleza está sufriendo horriblemente”.


Una niña inquieta que con cuatro años que permaneció durante cuatro horas en el gallinero de una granja por su incipiente curiosidad científica de descubrir cómo ponía la gallina el huevo. “Con un pensamiento científico, me hice preguntas, cometí errores y logre la respuesta sin desfallecer”.


Su madre no detuvo su amor por los animales y ese ímpetu por aprender. Criada entre el jardín de su casa y la lectura, rodeada de animales, leyendo las aventuras de Tarzán y otros libros de la biblioteca o de segunda mano, “soñaba con vivir en África, con los animales salvajes, no me planteaba ser científica”. No tenía dinero, era joven pero su madre le invitó a luchar: “Si verdaderamente quieres ir tienes que trabajar duro, aprovechar cada oportunidad y no rendirte. Eso mismo le digo a los jóvenes, yo lo hice y tu lo puedes hacer”, reiteró.


No pudo ir a la Universidad, así que trabajó en Londres hasta que recibió la invitación de una compañera cuya familia se mudó a Kenia. Se buscó otro trabajo de camarera y ahorró todo lo que pudo para pagarse el billete. Tenía 23 años y comenzó a hacer realidad su sueño cuando comenzó a trabajar de secretaria del famoso antropólogo Louis Leakey, visitó el Serengeti y otras expediciones hasta que éste la envió en 1960 al Gombe, Tanzania, con la misión de investigar por primera vez a los chimpancés salvajes.


Con la compañía de su madre y un cocinero, comenzó una investigación. Mientras su madre atendía e dispensario sanitario ella intentaba relacionarse con los monos. Le costó meses que comenzaran a tolerar su presencia. “No se frustró ni desfalleció. Observó sus costumbres, dietas, relaciones…”.


Semanas después de la marcha de su madre, en un día de lluvia, observó el gran descubrimiento de su trayectoria. Uno de los chimpancés cogió un palito, lo limpio y utilizó como herramienta para comer termitas. “Hasta ese instante la ciencia pensaba que solo los humanos eramos capaces de crear y utilizar herramientas”.


Le gusta recordar que en Jane hay dos personajes, la mujer tímida que le encanta estar en la selva con los animales, y aquella icónica rubia con los simios que creó National Geographic, una “imagen romantica, que sigue llenando recintos”.


No tener formación universitaria “hizo que no tuviera la visión reduccionista de la ciencia de la época”, llamaba a los chimpancés por su nombre, no por un número y “hablé de su personalidad, emociones e inteligencia”, esos videos y estudios “comenzó a cambiar la forma en la que se estudia el comportamiento de los animales”, y su relación con todo el ecosistema.


A principios de la década de 1990 comenzó a dar un mayor protagonismo a la defensa de los animales, denunció las condiciones de cautiverio en los circos, jaulas de investigación, la caza comercial y furtiva. También se preocupó por las penurias de los pueblos, su pobreza, falta de educación y sanidad.


Abordó el cambio climático, los residuos, la agricultura y la ganadería extensiva, reflexionó sobre el desecho alimentario y abogó por acciones para ralentizar el cambio climatico y la perdida de biodiversidad. Finalizó con el video de Wounda abrazando a Jane tras ser liberada en Tchimpounga.

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