A pesar de estar ubicado en pleno núcleo urbano de uno de los municipios con más horas de sol de Tenerife, en el interior del Parque Central de Adeje, único bosque público productivo o comestible de Canarias, huele a humedad y se respira frescor, como pudo constatar DIARIO DE AVISOS durante una visita realizada esta semana, en la que comprobó sobre el terreno el meritorio trabajo que desarrollan las cuadrillas de trabajadores contratados por el Ayuntamiento.
El gran pulmón sureño, que apadrinó hace cuatro años el mismísimo Robert Kennedy, abogado, activista medioambiental y sobrino del expresidente de Estados Unidos, quien plantó un drago como símbolo de “un mundo mejor y sostenible en la lucha contra el cambio climático”, se extiende sobre una superficie de más de 30.000 metros cuadrados (más del 60% ya está plantado) y reunirá, una vez finalizado, 25.000 especies vegetales entre árboles frutales, ornamentales, palmeras y plantas aromáticas, medicinales y culinarias.
“No parece que estés en Adeje, ¿verdad?”, bromeó una de las trabajadoras durante el recorrido para destacar el contraste climático que ofrece la gran apuesta medioambiental del Sur, que ya ha dado sus primeros frutos. Más de 15 toneladas de hortalizas y frutas nacidos y desarrollados en este recinto vegetal, situado entre los barrios de Las Nieves y Las Torres, se han destinado al Banco de Alimentos en los últimos dos años. El parque cumple también con otra destacada función social: personas con bajos recursos económicos y en riesgo de exclusión social se encargan de su mantenimiento a través de programas de formación y empleo que activa el Ayuntamiento.
Además del gran jardín botánico, que tendrá en una laguna de 290 metros cúbicos con aves, peces y una pequeña cascada uno de sus elementos centrales, el espacio incluirá en la zona norte un área dedicada a fomentar el conocimiento de la agricultura y la artesanía local y contará con un aula abierta de naturaleza en la que los visitantes podrán apreciar las diferentes técnicas que se aplican en la agrofostería.
Para ello se restaurará una vieja nave en la que se empaquetaban antiguamente los tomates (Fyffes) y se reconvertirá en un área “para crear conciencia sobre el sector primario, la importancia del kilómetro cero, fomentar la investigación, la artesanía y sumar como valor añadido a un destino turístico que quiere ser de calidad”, explicó in situ a este periódico José Miguel Rodríguez Fraga, alcalde de Adeje, consciente de la necesidad de que la industria turística y el sector agrario “se conecten”.
Juan Antonio Hernández, ingeniero agrónomo, consultor internacional y uno de los grandes artífices del proyecto, recuerda que el lugar era una “escombrera” donde iban a parar los desechos de la construcción de las urbanizaciones próximas. “Lo que estamos haciendo es para producir alimentos, tener nichos verdes de empleo, contribuir a los beneficios sociales, pero, no nos engañemos, lo hacemos sobre todo porque no tenemos elección: debemos luchar contra el cambio climático, si queremos que nuestros hijos tengan futuro”, asegura en un vídeo divulgativo del Ayuntamiento de Adeje, institución que organiza, previa petición, visitas puntuales para grupos reducidos.
Carlos Borromeo Falcón, arquitecto, aparejador y técnico municipal explicó que para sacarle el máximo rendimiento al suelo se aplica la técnica “lasaña” a través de cuatro capas conformadas por tierra, compos, astillas y restos vegetales o mulching. Además, tal como aconseja el experto Juan Antonio Hernández, se cuida hasta el más mínimo detalle a la hora de plantar. “Es muy importante la colocación y la proximidad de las distintas especies para generar un ecosistema natural óptimo. Debido a la alta densidad, las plantas compiten unas con otras en busca del sol y crecen más rápido, aunque yo prefiero decir que se ayudan unas a otras”, señala Falcón.
Tributo medioambiental
Tras reconocer que es uno de los proyectos de los que se siente más orgulloso “por su compromiso frente al cambio climático y su calado social”, Rodríguez Fraga subrayó que la miniselva tropical adejera, aún sin nombre oficial (“lo de Parque Central me parece un poco pretencioso”, afirma el alcalde), es un “tributo” al medioambiente y un “pulmón” en un espacio urbano que se ha convertido en el nuevo polo de desarrollo del municipio.
“Se planteó inicialmente como un parque convencional y posteriormente la idea se fue retroalimentando y evolucionamos hacia el concepto de un parque productivo, aunque no ha sido fácil”, subrayó el alcalde, quien destacó la “labor y vocación” de las personas que trabajan en su mantenimiento. Erradicar un foco de termitas subterráneas, cuya presencia se ha detectado en tres municipios del Sur, es ahora uno de los objetivos prioritarios del Ayuntamiento en colaboración con el Cabildo.
Los expertos subrayan que los parques de estas características aportan beneficios medioambientales y contribuyen a reducir el efecto invernadero, evitar la erosión del suelo y mejorar el nivel de las aguas subterráneas. Se calcula que una hectárea de bosque absorbe 18 toneladas de CO2, produce 12 toneladas de oxígeno y aporta otras 13 de materia orgánica, además de ser una barrera natural para viento, lluvia y ruido.



















