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Julio Fuentes, medio siglo al cuidado de un barrio entero de Santa Cruz de Tenerife

Se jubila una de las personas más queridas y respetadas en El Toscal después de cincuenta años y cinco meses ininterrumpidos de trabajo en la farmacia de Ramón Peláez Páramo
Julio Fuentes, delante de la farmacia en la que ha trabajado desde los 14 años. DA
Julio Fuentes, delante de la farmacia en la que ha trabajado desde los 14 años. Sergio Méndez

Julio es Julián Antonio Fuentes Hernández; Julio, el de la farmacia, el hijo de Chelo y Felipe, el marido de Santina, el padre de Alberto, Paula y Claudia, el abuelo de Valentina, el socio número 660 del Tenerife y la sonrisa amiga que conoce, quiere y respeta todo El Toscal por su trabajo en la farmacia de Ramón Peláez, ubicada en la calle Méndez Núñez.

Este miércoles, día 23, Julio celebrará su 65 cumpleaños y será la última jornada de su larguísima trayectoria profesional de 50 años y cinco meses. Más de medio siglo detrás de un mostrador cuidando de los vecinos con cariño, empatía y tendiendo siempre una mano a quien la ha necesitado.

Cada día de estos más de cincuenta años ha puesto los pies en el suelo a las seis de la mañana para llegar antes de las siete a la cafetería de Almudena (Bar Alojera), otro punto de referencia en el barrio, donde arranca siempre la jornada con el desayuno y una lectura rápida de la prensa para empezar, a eso de las siete y media, a trastear en la farmacia.

“Empecé a trabajar el 1 de febrero de 1975, con 14 años, y sin pretenderlo. Acompañé a mi madre un jueves a pagar una factura a la farmacia, porque el anterior propietario, Gabino Dorta Gorrín, tenía también un bazar, y el encargado de aquel entonces, Jesús Mata, que atendió a mi madre, le preguntó: ¿Y su hijo no estudia? Como la respuesta fue negativa, porque yo no fui buen estudiante, don Jesús le dijo, que venga el lunes, que empieza a trabajar aquí. Y así fue como entré, sin más referencias que la palabra de mi madre, que bastó para que me dieran la confianza”.

Julio recuerda, sobre su primer día, que aún vestía pantalón corto. “Yo era un chiquillo todavía, ni usaba pantalón largo, y así quiero venir a trabajar el último día, en pantalones cortos, igual que empecé”. Añade que “aparte de los nervios, recuerdo la satisfacción y las ganas de hacer bien las cosas. Me acogieron muy bien y me gustaba el trabajo pero nunca pensé que iba a estar tanto tiempo como cincuenta años aquí”. Su primer sueldo, 3.000 pesetas (18 euros), “se lo di enterito a mis padres, más contento que unas pascuas. Con esa edad yo no manejaba dinero ni lo necesitaba porque en mi casa tenía los gastos cubiertos. Y mis padres, orgullosos y felices de verme encaminado”.

“Unos años después, don Ramón compró la farmacia conmigo dentro. Trabajé 35 años con él y fue para mí un segundo padre. Nos entendíamos solo con la mirada, teníamos mucha conexión, me marcó en mi vida laboral y personal. Don Ramón fue una persona justa, que ayudó muchísimo a la gente del barrio, a quien no tenía para pagar… era un boticario, un hombre sabio. Por fortuna, sus hijos, Gonzalo y Alberto, actuales propietarios, han seguido su camino y son dos grandes profesionales”, afirma.

Julio también tiene palabras de agradecimiento y cariño para sus compañeros: Alberto (su propio hijo, que trabaja en la farmacia hace ya nueve años), Lourdes, Jorge y Amanda.

En todos estos años, este hijo adoptivo y predilecto de El Toscal ha conocido a varias generaciones de familias y ha visto la evolución del barrio. “En cincuenta años ha cambiado mucho. Sigue siendo familiar pero, antiguamente, las puertas estaban abiertas. Cuando ibas a entregar medicinas a las casas, tirabas de un cordoncito que había en la puerta y entrabas. Te ponían hasta de desayunar. Aún así, sigue siendo un barrio con mucha vida y muy buena gente”.

Quien conoce a Julio sabe que uno de sus grandes amores es el Tenerife. El socio número 660, al que abonó su padre cuando tenía 13 años, luce con orgullo el escudo en su bata de trabajo. “No son buenos tiempos por la categoría en la que estamos pero hemos vivido épocas maravillosas y hemos disfrutado mucho con el equipo. Ahora es cuando más tenemos que estar”, asegura.

Las otras dos chapas que adornan su uniforme son el escudo del Tenerife Femenino, al que también está abonado y sigue en sus partidos, y la imagen de la murga Nifú Nifá, “un regalo de Mari Carmen, la hija de Nicolás Mingorance, que falleció el año pasado, y lo llevo en su honor”. El resto de los recuerdos y obsequios atesorados a lo largo de los años se distribuyen por las paredes en forma de fotos, dibujos, medallas y artículos de prensa. La farmacia ha sido para Julio mucho más que un mero lugar de trabajo.

“Yo he venido siempre a trabajar feliz, soy un privilegiado. Me da pena irme pero tengo una vida activa más allá del trabajo, hago deporte, me gusta dedicar tiempo a mi familia… Me voy satisfecho porque en la medida de mis posibilidades he tratado de hacer feliz a la gente. He ayudado a quien he podido y he aprendido muchísimo de una persona mayor que te daba un consejo, de un niño que te regalaba un dibujo o te traía una foto firmada porque había ganado un campeonato. He compartido la alegría de una persona que recuperó la salud y he querido acompañar cuando a alguien le han dado malas noticias. Mis padres me decían haz el bien y no mires a quién y yo solo he tratado de seguir su consejo”.

Es inevitable emocionarse al recordar a sus padres, pero también cuando menciona a Santina, “yo no camino sin ella de la mano”, o a sus hijos y su nieta, “mi ojito derecho y el izquierdo también”. En estos días la emoción se multiplica porque Julio está recibiendo de vuelta el cariño que él ha repartido durante todos estos años. Serán muchos los vecinos y amigos que irán a despedirlo el miércoles. Los que no van a poder estar han ido pasando por la farmacia a cuentagotas para darle un abrazo y desearle lo mejor.

Le cuesta decir adiós a la que ha sido su casa toda una vida pero recibe con los brazos abiertos lo que está por venir y se marcha “feliz y contento”, convencido de que deja al barrio en buenas manos, “con el mejor equipo que ha tenido nunca la farmacia”.

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