tenerife sur

Los repuntes de carreras ilegales en Atogo y Los Loros obligan a actuar a las administraciones

Aumenta la preocupación ciudadana por la seguridad vial y la convivencia en zonas rurales de Arafo y Granadilla, donde se realizan prácticas ilegales relacionadas con el motor
Los repuntes de carreras ilegales en Atogo y Los Loros obligan a actuar a las administraciones

La práctica del rally es una tradición con décadas de historia en Canarias. Forma parte del imaginario popular, mueve turismo, economía y pasión por el motor. Pero cuando se desborda fuera de los circuitos y de las fechas oficiales, se transforma en un problema de orden público. Esto es lo que está ocurriendo en varios puntos de la Isla como Los Loros y Atogo, donde las concentraciones no permitidas de vehículos y las carreras ilegales han generado un creciente malestar vecinal y una clara preocupación institucional. La presión vecinal aumenta, las administraciones comienzan a reaccionar, pero la situación aún está lejos de resolverse.


El primer trazado afectado, de unos 8 kilómetros en total, es la carretera de Los Loros, que conecta Arafo con zonas de medianías, el entorno natural del Parque Natural de Siete Lomas y el municipio de Candelaria. Esta vía se ha convertido en escenario habitual de actividades peligrosas durante los fines de semana.


Según denuncian los vecinos de la zona, motos y coches deportivos acceden en horarios “divididos” de facto: los sábados y domingos por la mañana predominan las motos, mientras que las tardes y noches quedan para las concentraciones de coches. En este punto se realizan tanto carreras ilegales como reuniones masivas de vehículos.

Uno de los problemas más graves


“Estamos en contra de la velocidad, que cogen muchos en este tramo. Ya ha habido accidentes y numerorsos episodios que demuestran la necesidad de actuar en este enclave”, advierte el alcalde de Arafo, Juan Ramón Martín, quien no oculta su preocupación: “Este es uno de los tres problemas más graves del municipio en estos momentos”.


Según Martín, la imagen se repite cada fin de semana: entre 80 y 100 coches se reúnen cerca de la bodega comarcal, circulan de un lado a otro y provocan explosiones de motor que rompen el descanso y la tranquilidad del lugar.


Las carreras ilegales suponen un riesgo tanto a participantes, como también para vecinos, agricultores y senderistas.


“Sales de un camino y pretendes acceder al otro lado de la vía, te cercioras de mirar a izquierda y derecha para pasar con seguridad, y de repente tienes una moto encima”, denuncia.


El pasado 28 de octubre, el Ayuntamiento de Arafo convocó una Junta Local de Seguridad con representantes del Gobierno central, el Cabildo de Tenerife, Guardia Civil de Tráfico y policías locales tanto de Arafo como de Candelaria.


Esta fue la primera vez que se reunieron todos los actores implicados, y se acordaron varias medidas concretas: una inversión de 200.000 euros por parte del Cabildo para instalar vallas u otros sistemas que impidan el aparcamiento —y, con ello, las concentraciones—; la solicitud de un radar de tramo a la Dirección General de Tráfico; el refuerzo de la presencia policial con controles rutinarios; y la regulación del aparcamiento en el entorno protegido de Siete Lomas.
“Estas medidas son un primer paso para devolver la tranquilidad y la seguridad a los vecinos”, concluye el alcalde.


Bajando por la TF-1, antes de llegar al futuro Circuito del Motor proyectado en la comarca, la situación se vuelve aún más tensa al acercarse a Atogo, el núcleo granadillero con mayor tradición en el mundo del rally. El malestar vecinal no deja de crecer, y advierten que, si las instituciones no actúan con firmeza, tomarán medidas por su cuenta para hacerse oír.
La carretera insular que cruza el barrio, según los vecinos, ha sido invadida por carreras y concentraciones nocturnas.


“Han pasado de confundir la libertad con el libertinaje”, denuncia Casiano González Mesa, presidente de la Asociación de Vecinos de Atogo. “Esto empezó hace casi un año y medio. Era habitual ver dos o tres coches. Ahora, hay hasta doce cada pocas noches”.
Mesa denuncia que los vecinos se encuentran indefensos:

Muros derribados por carreras ilegales


“Se colocan en ambas direcciones y hacen carreras. Uno dirección Chafiras y otro, San Isidro. Alcanzan grandes velocidades y provocan un gran estruendo. Sales a decir algo y te insultan. Estamos totalmente solos”.


Los testimonios vecinales hablan de accidentes reiterados, vehículos de vecinos de la zona siniestrados, decenas de muros derribados y un ambiente de impunidad. Desde la asociación vecinal han iniciado recogidas de firmas, protestas y no descartan cerrar la carretera si no se toman medidas inmediatas.


“El próximo año nos concentramos y no habrá competencia. Esto será lo último, pero lo haremos”, advierten, si no hay movimientos de las administraciones competentes.
En el último pleno celebrado recientemente en el Ayuntamiento de Granadilla de Abona, se presentó una moción del grupo socialista que fue aprobada por unanimidad.


El acuerdo proponía establecer operativos específicos de vigilancia y control en los días y horarios en los que se concentran vehículos en la carretera de Atogo, además de instar al Cabildo de Tenerife y a otras administraciones competentes a instalar un radar con el objetivo de reducir la siniestralidad.

Un histórico del rally


En Santiago del Teide, la carretera de Tamaimo es otro de los puntos calientes en cuanto a prácticas temerarias relacionadas con el mundo del motor. A pesar de que los accidentes —algunos mortales— se han repetido en la zona, el Ayuntamiento asegura que no tiene constancia de actividades fuera de lo habitual. La falta de denuncias formales o vigilancia intensiva mantiene esta situación en un limbo preocupante.


Recientemente, ha circulado por las redes un video en el que se ve un muro derruido de una de las curvas más sinuosas del trazado.


El rally en Canarias es un fenómeno cultural y deportivo que reúne miles de aficionados, pero cuando se convierte en un espectáculo fuera de control, pone en jaque la convivencia. Los vecinos exigen más rapidez y contundencia. “Hasta que no maten a alguien, no harán nada”, lamentan desde Atogo.