Una cafetería en la que podrás disfrutar de un café o una deliciosa comida entre las paredes, o el patio, de una casona histórica construida en 1782. Además, es un lugar a descubrir, pues acaba de abrir en Tenerife hace solo dos meses tras años de reconstrucción.
En el casco histórico de La Orotava hay actualmente más de 500 inmuebles catalogados como bienes de interés patrimonial que permanecen vacíos o deshabitados. El elevado coste de rehabilitación, la falta de ayudas públicas suficientes y las trabas administrativas dificultan que muchas de estas edificaciones puedan tener un nuevo uso y eviten su deterioro progresivo.
Uno de esos inmuebles se encuentra en el número 14 de la calle Tomás Zerolo. Se trata de una casona construida en 1782, a finales del siglo XVIII, protegida tanto por el planeamiento municipal como por el Plan Especial del Casco Histórico aprobado en 2012, que aún no ha sido actualizado. Durante años, su futuro parecía condenado al abandono, hasta que su propietario, Rafael Machado, decidió emprender una larga batalla administrativa para darle una segunda vida.
El proyecto no fue sencillo. Machado invirtió seis años de gestiones, obras y espera para poder abrir en el inmueble una cafetería, una iniciativa empresarial que ha permitido frenar el deterioro de la vivienda histórica. Solo la tramitación de la licencia municipal se prolongó más de dos años, a lo que se sumó otro año adicional para poder disponer de suministro eléctrico, una demora que define como “lo más desesperante” de todo el proceso.
La idea inicial era convertir la casona en un hotel rural, pero pronto tuvo que descartarla. La normativa de protección impedía intervenir en las paredes maestras, una actuación imprescindible para adaptar el edificio a ese uso.

TZ14, una cafetería con historia
Finalmente, el inmueble abrió sus puertas convertido en TZ14, una cafetería cuyo nombre hace referencia a la calle Tomás Zerolo. El establecimiento comenzó a funcionar hace apenas dos meses y, por ahora, solo abre en horario de mañana, ya que la facturación todavía no permite ampliar la jornada, aunque su propietario no descarta hacerlo en el futuro.
La filosofía del proyecto va más allá del negocio. Machado apostó por reutilizar y rescatar elementos antiguos que llevaba años almacenando, muchos de ellos procedentes de otros edificios. Puertas antiguas fueron restauradas, lijadas y cubiertas con resina epoxi, que les da un acabado similar al cristal. En su interior, aparecen portadas de revistas de los años 50, discos de vinilo de 45 revoluciones y láminas de flora de Tenerife, convirtiendo cada mesa en una pieza única.
En una de ellas destacan ejemplares de Triunfo, una publicación emblemática de la época; en otra, portadas de Playboy, muy popular tras el final de la dictadura. El trabajo artesanal fue realizado por Pedro, colaborador habitual del proyecto, al que Machado define como un “manitas”.
Pese a las dificultades, el propietario defiende que este tipo de intervenciones son clave para conservar el patrimonio histórico de La Orotava, especialmente cuando las generaciones más jóvenes ya no ven estas viviendas como una opción habitacional. “Son casas incómodas, con problemas de humedad, frío o largos recorridos para el agua caliente”, explica.
La única ayuda pública que recibió fue una subvención de 20.000 euros del Cabildo de Tenerife, destinada a la reparación de columnas deterioradas por filtraciones de agua, que tuvo que ir sustituyendo de manera progresiva.
La vivienda pertenece a su familia desde comienzos del siglo XX, cuando fue adquirida por su abuela. Anteriormente había estado habitada y sus antiguos propietarios modificaron la fachada original de piedra por una de estilo modernista, que se mantiene en la actualidad.
Entre los elementos más llamativos del inmueble destaca un mural en el jardín, obra del colectivo artístico Sabotaje al Montaje. No tiene un significado concreto, más allá de representar flora de Tenerife, reinterpretada con el sello personal del artista. El espacio se completa con plantas aromáticas como la citronela y un rincón dedicado a la memoria de los carpinteros de La Orotava, con piezas recuperadas y herramientas antiguas. “En los años 50 había 45 licencias de carpintería en el municipio; hoy solo quedan seis”, recuerda Machado.
El interior alberga también baúles, libros y una colección de cuadros con imágenes de charcos naturales de la Isla, una obra de la arquitecta Claudia Rodríguez de Azero, concebida con un enfoque casi surrealista.
La historia de TZ14 es la de una iniciativa privada que logra salir adelante frente a un problema estructural. Un ejemplo de cómo la conservación del patrimonio histórico depende, en muchos casos, del esfuerzo individual. Una realidad que, según su propietario, debería servir de advertencia para que las administraciones simplifiquen los trámites y refuercen las ayudas, si se quiere evitar que muchas de estas casonas terminen desapareciendo.







