Casos como el asesinato sin esclarecer de Javier Fernández Quesada deben servir para hacer un análisis crítico de la Transición española, muchas veces edulcorada en el imaginario colectivo, en buena parte, debido a los medios de comunicación.
A Javier lo asesinaron a balazos el 12 de diciembre de 1977 en las escaleras del Paraninfo de la Universidad de La Laguna. Tenía 22 años, estudiaba Biología, era grancanario, una persona comprometida con el mundo en el que vivía y su asesino quedó impune tras un asalto de la Guardia Civil al lugar.
Javier Fernández Quesada en la ULL
Para entender el contexto de lo scuedido hay que viajar hasta la Canarias de los últimos años 70, tras el paso de la dictadura a una democracia amenazada desde diferentes frentes.
Las Islas ebullían en distintas luchas sociales y políticas debido, entre otras cosas, al fuerte movimiento independentista del momento. Trabajadores del tabaco, el frío industrial y el transporte habían organizado grandes concentraciones, acabando algunas con verdaderas batallas campales en las calles tanto de Santa Cruz como de La laguna. La ULL y sus estudiantes, que no querían ver peligrar el camino a la democracia, fueron especialmente activos.
La Laguna vivió ese lunes un ambiente tenso. Se levantaron barricadas en distintos puntos de la ciudad, especialmente en vías como la avenida de La Trinidad. Los enfrentamientos más intensos se concentraron en la zona de Cruz de Piedra y, con el avance de la tarde, se trasladaron hasta el campus universitario.
El declaraciones a DIARIO DE AVISOS, Román Rodríguez, que décadas más tarde sería presidente del Gobierno de Canarias, recordaba lo sucedido son gran claridad: “Se disparaba a la altura del cuerpo; pudieron haber muerto varias personas más”.
En medio de la tensión, la Guardia Civil disparó a los presentes, hiriendo de muerte a Javier Fernández Quesada. Varios estudiantes de Medicina, como el propio Rodríguez, pero fue en vano: Javier fallecería poco después en el Hospital General.
La bala que nunca apareció
El Gobierno Civil, liderado por aquel entonces por Luis Mardonas, emitió un comunicado diciendo que agentes de la Guardia Civil tuvieron que realizar “disparos disuasorios” reconociendo que una persona había resultado herida debido a los disparos.
El caso fue asumido por la jurisdicción militar y también analizado por una comisión del Congreso de los Diputados, que no detectó responsabilidades políticas.
En el sumario judicial figura un informe del general Guillermo Gutiérrez, que planteaba la hipótesis de que el disparo se hubiera efectuado desde una posición elevada, incluso desde el interior del edificio universitario o desde las azoteas. Llegó a barajarse, de forma marginal, la posibilidad de un disparo desde un helicóptero. El proyectil que acabó con su vida jamás apareció. El asesinato de Javier Fernández Quesada quedó impune.

Un documental necesario
Iván López y Lamberto Guerra han hecho justicia con la memoria de Javier con el documental Quesada, la verdad del silencio, un trabajo de años en el que, con testimonios directos, se reconstruye no solo todo lo que pasó, sino la vida de Javier y de sus familia.
Cuando en 2008 fue inaugurado en La Laguna el parque Javier Fernández Quesada, Iván López acudió “por curiosidad” al acto, a partir de ahí la historia del joven lo atraparía. Junto a Lamberto Guerra (también productor ejecutivo de la cinta) ha logrado sacar adelante un documental que servirá para adentarnos en la vida de este joven, pero también acercarnos a un suceso que estremeció a la convulsa y combativa sociedad tinerfeña y canaria de la época.







