La decisión se tomó tras la pandemia. “Me parecía una falta de respeto hacia los clientes que compran a precio completo que, semanas después, vean el mismo producto con descuentos del 50% o del 70%”, explica Miguel Galván, propietario de la tienda de regalos y decoración, La Casa Chiquita. El establecimiento, ubicado en el centro de la capital, es uno de los pocos que no se suma a las campañas de enero. En su caso, optan por mantener los precios estables para evitar una situación habitual tras las fiestas: que los regalos adquiridos en Navidad aparezcan poco después a un precio inferior.
“No es una política habitual, pero quienes la entienden son muy fieles”, apunta Galván, para quien la confianza de la clientela es prioritaria. Y añade: “Muchos suben precios para luego bajarlos en campañas. Mis clientes se dan cuenta de eso. Yo intento no hacer como empresario lo que no me gusta como consumidor”.
Según el propietario de este comercio situado en la calle Viera y Clavijo -que además este año ha estrenado un segundo local-, la fidelización de la clientela es el principal objetivo, algo especialmente visible durante la campaña navideña. “Para mí, el mayor premio es que los clientes de siempre sigan volviendo, nos recomienden y se acuerden de nosotros. Y eso ha ocurrido estos meses”.
Junto a esa base de compradores habituales, en Navidad el establecimiento recibe también a numerosos nuevos visitantes, a menudo de paso, atraídos por unas vitrinas cuidadas y en constante renovación. “En estas fechas hay más movimiento en la calle y gente que entra simplemente porque pasa por delante. Además, se nota mucho la llegada de personas de fuera: visitantes de la Península, canarios que viven fuera o familiares que regresan para las fiestas”.
Entre la nueva clientela destaca, además, un perfil poco habitual hasta ahora: el de una generación más joven. “Me ha sorprendido positivamente la presencia de jóvenes. Durante años el cliente habitual superaba los 35 años, pero este año he visto chicos y chicas de 16 o 17 años, incluso más jóvenes, comprando regalos para familiares o para ellos mismos”. Así, Galván afirma ver “una juventud más consciente y con ganas de apoyar al pequeño comercio”, un relevo que considera “muy esperanzador”.





