Con algo de cansancio, pero más frescos que la edición pasada gracias al nuevo formato de cuatro fases, que alivia terminar tan tarde, arrancó la segunda fase del Concurso de Murgas Adultas. Cinco nuevas formaciones se encargaron de llenar el escenario de los Ritmos Latinos de crítica, ironía y algo de humor, que, como suele ocurrir, es el género menos presente entre las murgas. Y con un Recinto que poco a poco se iba llenando, llegaron Castorcitos, segundo premio de Interpretación de las murguitas, para dar el pistoletazo de salida. Vuelven a estar en el podio en esta nueva edición, y se nota.
Tiralenguas (1991)
Desde Icod y tras haber sido la única murga del Norte que no pasó el año pasado a la Final de Murgas, llegaron al Recinto estrenando dirección artística con Osel Martín y con el sello inconfundible de Xerach Casanova en la dirección musical. Un mamel que marcó un antes y un después en los de la Casa del Miedo. Y se nota. Tiralenguas rindió homenaje a sus 35 años en el Carnaval con calidad vocal, gusto musical y algunas de sus fantasías sobre el escenario, sumando el plus de la prodigiosa Fabiola Socas, recordando cuando los acompañó en una de sus presentaciones anteriores. Empataron con su pasacalle y las expectativas eran altas. Prometían.
Y cumplieron. Tanto, que rompieron el hechizo de la primera fase con dos temas sobresalientes. “Atención. Esto es un simulacro… ¿o no?”, avisaban al público antes de comenzar a desgranar una serie de situaciones que parecen ficción, pero no lo son. “Simular nuestros Carnavales, lo hacen en Las Palmas pero no les sale”, “simular la libertad, lo de Venezuela y Donald Trump”, “simulacro de glorieta, colocando al Padre Anchieta”, o incluso un guiño de humor con “simulacro de reguetón: en la guagua se quedó el olor de tu perfume…”. Crítica, ironía y humor bien mezclados que arrancaron carcajadas y aplausos entre el público, esencia pura de este concurso.
El tono se volvió más serio con el “simulacro del volcán reventado”, el Teide, en una crítica a machete al gasto económico mientras, cantaban, “de los casos reales pasan”. “Vaya fantasmada, recursos de Europa, una millonada gastan en bobadas”. También hubo espacio para el ya conocido kit de emergencia, en una retahíla con humor que sirvió para hilar una defensa firme de la situación que sigue viviendo La Palma, con familias aún en contenedores. El Recinto se encogió cuando una víctima del volcán cantó una estrofa, antes de cerrar con un rajazo directo a Coalición Canaria y a Fernando Clavijo: “La Palma no es una campaña para gobernar”. Y no quedó ahí. También hubo hueco para denunciar la simulación que vive la sanidad canaria, dando voz sobre el escenario a un grupo de mujeres en representación del sector: “Canarias va a la cola también en sanidad”.
Aplausos, aplausos y más aplausos. Y cuando parecía imposible superarse, llegó “El Mago del Norte”. “No entiendo qué hace un tío como tú en un sitio como este”, “¿y qué hago aquí? Que soy del Norte”. Así apareció el campesino del pueblo, con pasaporte incluido por si acaso. Una letra perfectamente hilada, con humor y crítica social sobre cómo se percibe a la gente del Norte. “Soy ese mago ignorante”, aunque, matizan, “ignorante depende”. “Yo tengo tierras arriba en Icod, ¿y tú qué tienes?”. Utilizan el reality de Supervivientes como excusa para demostrar las habilidades del sector primario: “Si voy yo, llego a mi casa con más kilos que antes”.
El tema no decae y se mantiene en lo más alto hasta el final. Contraponen lo que ve alguien del Norte y alguien de la capital al despertar o al acostarse, y regalan uno de los momentos más divertidos al ritmo de “Será porque te amo”: “Si no me entiendes, será porque soy mago”, “si voy de frente, será porque soy mago”, “si no ganamos, será porque soy ¿malo?”. Aviso al capitalino incluido: “Que yo a ti te he visto en la Romería de Tegueste, en la de Los Realejos, en las tablas de San Andrés…”. También hay guiño a la medicina natural, aunque, sentencian, “el canarión es lo único que no tiene remedio”. Todo ello, rematado con un canto a la defensa del sector primario y la aparición en el escenario del ya famoso Nito de ‘Frutas y Verduras’.
El cierre, apoteósico. En las pantallas, un vídeo con declaraciones de Sito, director de Trapaseros, en el concurso del Norte de hace años, para lanzar un mensaje claro: “No veo diferencia, que tú y yo somos iguales. Un concurso sin barreras para ti y para mí. Carnaval es libertad, que venga quien quiera venir”. Así, reivindican dejar de ser “las del Norte” para ser simplemente una más. Nos vemos el sábado.
Tras con Tras (1995)
Las de Taty Rodríguez, que repite dirección artística por tercer año consecutivo, llegaron a las ya conocidas ‘calles de Latinoamérica’ denunciando la situación del Mercado de la Salud, lugar de ensayo de ellas y muchas otras murgas, por el conflicto que mantienen con los vecinos tras varias denuncias. Empatan con su pasacalle, uno de los más bonitos del Carnaval, y da gusto escucharlas. En los últimos años, la formación ha crecido notablemente en una búsqueda constante de un aire más fresco y comercial.
Su primer tema, “Canarias, sálvese quien pueda”, fue una crítica directa a la situación del Archipiélago. Abordaron asuntos recurrentes en el concurso, como las colas: “está petado hasta el baño de mi casa. Somos ocho y hago cola, sí señor”, el turismo insostenible y la defensa de la implantación de una ecotasa para proteger los espacios naturales. No faltó la referencia a la docencia y a la situación de los profesores canarios que no pueden permitirse una vivienda en otras islas: “Muchos se plantean que lo mejor sería tener que abandonar su tierra”. También hubo guiños, en uno de los mejores momentos del tema, al colapso de enclaves como Taganana, el mirador de Chipeque, el Teide o los charcos, a los que, advirtieron, mejor no ir “nunca después de un jueves”. Una letra con cuerpo a la que le faltó energía.
Tras la actuación de Tiralenguas, mantener el listón no era fácil. Aun así, las de Melca Barrera lograron arrancar aplausos del público y dieron paso a su segundo tema, que fue de más o menos. “El algoritmo”, que cobra vida y aparece sobre el escenario. A partir de ahí, un repaso a todo aquello que el algoritmo controla en nuestras vidas: “Si me meto en Facebook, no sé por qué coño me salta el Temu. Chiquita cruz”. Con él presente, entonaron “a mí ese señor no me da muy buena espina, así que en esta letra lo voy a aprovechar”. Hubo guiños a la skincare, a los suplementos “para cuidarnos por dentro”, a la ropa de gimnasio o a “las mil recetas que guardarás en tu perfil pero jamás cocinarás”. También intentaron un juego con ChatGPT que no terminó de enganchar, quizá por la falta de un hilo conductor claro. Cerraron con una advertencia sobre los peligros de las redes sociales y los “cobardes escondidos”. Lo intentaron, pero quedó la sensación de que las del año pasado estaban un escalón por encima.
Mamelucos (1980)
Como ya es costumbre, las presentaciones de Mamelucos generan una gran expectación entre el público. Y no es para menos, porque nada más abrir la boca sonaron como un cañón, como siempre han hecho. Sin embargo, tanta potencia vuelve a jugarles en contra y la letra se pierde, algo que se repite a lo largo de toda la actuación. Así, “inmorales se alzarán” para, acto seguido, entonar su pasacalle, historia viva del Carnaval. Como novedad, las pantallas proyectaron la letra para facilitar que el público pudiera acompañarlos.
En su primer tema, transformaron el escenario del Recinto Ferial en “El Casino de Las Vegas”, con un hilo conductor claro que sirvió como rajazo continuo a la clase política. “Santa Cruz es una ciudad que vacía los bolsillos, pero lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, cantaron. A partir de ahí, una metáfora constante con las máquinas tragaperras para denunciar los gastos cotidianos, especialmente los escolares —“son 600 euros cada año lo que yo estoy apostando”— y lo complicado que resulta llegar a fin de mes. “Si me roban la pasta, cómo quieren que yo avance”, enlazando la adicción al juego con la sensación de expolio económico.
También hubo espacio para Tarife y Bermúdez, que aparecieron sobre el escenario apostando uno por la Navidad de Vigo, con un árbol que ilumina hasta Chío, y el otro por un carril bici ya eliminado: “¿Y ahora qué hago con la bici que he comprado?”. Rajazo directo a Caraballero, que “gana la partida porque juega a dos bandas”, en referencia a presuntas adjudicaciones a empresas amigas: “Para que el pueblo no lo viera… pues te he quitado la careta”. No faltaron menciones a la Cuna del Alma, a los especuladores, a la situación de los docentes o a la masificación turística, para cerrar sacándose un as de la manga y “ganarle a la banca”, alzando la voz en defensa de Canarias. Eso sí, la composición musical no ayudó a la dicción y terminó diluyendo la letra.
Aun así, con un público entregado, afrontaron su segundo tema: “Perdonar no es lo mismo que pedir perdón”. Aquí se les entendió mejor, y se agradeció. Arrancaron con una retahíla de disculpas: “Si la fase acaba a la una, pido perdón porque mañana se madruga”, “pido perdón al canarión por faltarle el respeto, que la homofobia en Carnaval no tiene hueco” o “pido perdón a los vecinos de La Salud por si los molesto con los ensayos”. De ahí pasaron a criticar al alcalde de la capital —“paciencia nos pedía el alcalde cuando tardabas dos horas en llegar a La Salle”— y a defender la calle de La Rosa y sus negocios cerrados: “Pregúntales qué paciencia ellos tenían”.
Llegaron después los rajazos a Vox y, en especial, a Abascal: “Protestaré porque Franco no esté de vuelta”. Una crítica clara al racismo, poniendo el foco en el trato a las personas migrantes que llegan a Canarias. Como era de esperar, volvió a salir a escena el asunto de Rudy, tras la denuncia presentada el pasado año por el influencer por haber sido llamado por la murga, presuntamente, racista. “Rudy, amigo, perdón por lo sucedido”, cantaron, con un público que respondió al unísono: “Ay, Rudy, amigo, Canarias no está contigo”. Un batiburrillo que resultó difícil de digerir en tan poco tiempo. ¿Nos vemos en las calles o en la Final?
Chinchosos (1987)
Con un “Dame like, like” como carta de presentación, Chinchosos hizo su entrada en el escenario antes de entonar su pasacalle, “Chinchoso soy en la vida una vez”, una declaración de intenciones que conecta directamente con su identidad. La presentación tuvo un tono emotivo, acompañada por la proyección de un vídeo con las cinco murgas que no salieron este año, y dejó uno de los momentos más bonitos de la noche con la mención de su director al fundador Paco Padilla, figura clave en la historia de la murga y referente de la modalidad.
En su primer tema, “La chinchoparada”, desarrollaron una idea sencilla y reconocible: la espera constante. “Para todo hoy tú tienes que esperar”, cantaron, enlazando situaciones cotidianas como la Cabalgata, las paradas llenas de turistas o la propia espera de “quince años por volver a una final”. Y entre tanta parada, acabaron perdiendo la guagua y diluyendo el hilo conductor del tema.
El segundo, “El influencer canario”, apostó por un tono más comercial y directo. “Yo soy influencer y no te voy a demandar, no soy gilipollas, yo soy un profesional de verdad”, arrancaron, con un mensaje indirecto a Rudy, para después repasar aquello que el influencer enseña, opina y denuncia. Hubo crítica al concejal por la gestión del precio de las entradas, referencias a una ciudad donde “se pone un árbol antes que un techo” y un mensaje claro: “Canarias no se vende, se ama y se defiende”. El cierre llegó con un vídeo en las pantallas como homenaje a los influencers canarios que alzan la voz por las Islas.
No hay que desmerecer el esfuerzo ni la pasión que hacen que una murga con casi 40 años siga teniendo presencia en el Carnaval. Sin embargo, Chinchosos continúa buscando ese “sueño” que la devuelva a lo que un día fue.
La Sonora (2020)
Con un pase a la Final bajo el brazo en la pasada edición, y ya son dos en apenas cinco años de vida en el Carnaval, llegó La Sonora al escenario levantando al poco público que, a las 23:30 horas, aún resistía en el Recinto. Afortunados los que se quedaron. Su pasacalle ya forma parte de la esencia del concurso y es de esos que invitan a levantarse y bailarlo. Qué bien suenan.
En su primer tema, “Los bonos de La Sonora”, repartieron crítica con precisión y mucha claridad, algo que se agradece y permite disfrutar del contenido. Hubo bonos para todos: para Javier Caraballero, “un bono para el dentista, que entre tanta sonrisa y sonrisa te la clava”; para Rudy, “un bono guardado de un buen abogado”; y una crítica directa a los bonos turísticos del Cabildo, con experiencias en quad “para atravesar y destruir nuestros montes”. Todo ello rematado con ironía: “Y como souvenir te puedes llevar un trozo del volcán, que aquí lo importante es que disfrute el turista”.
El tema se vino arriba con un potente alegato en defensa del comercio local y los emprendedores. Subieron al escenario los dueños de la Bocatería, con reparto incluido de bocadillos por el Recinto “para que nadie se quede sin cenar”. “Al joven canario, gracias una vez más”, cantaron. Siguieron las menciones a la calle de La Rosa y a los negocios que han tenido que cerrar, el homenaje a Foto Yumar, castigado por las obras de El Toscal, o a Don Pepito, en Añaza. “Yo los felicito por aguantar el tipo”. También apareció Nito de ‘Frutas y Verduras’ en defensa del agricultor y del sector primario. Como colofón, repartieron bonos reales de estos comercios escondidos bajo las sillas del público: “Es más generoso el pobre porque tiene más corazón que el adinerado”. Y bajo esta premisa, sortearon dos entradas para la Final de Murgas en directo a través de X. Sobresalientes.
Pero aún había más. En su segundo tema, “Un tema soñado”, La Sonora tiró de emoción. Subió al escenario Javito, director de Chacho Tú y murguero de Las Palmas, en un sueño donde los murgueros de Gran Canaria cruzan para vivir el concurso de Tenerife, con defensa incluida de la cantera. De ahí pasaron al sueño de un canario emigrante, con una emotiva recreación del reencuentro de la familia Velázquez —padre, hijo, hermano y tío— entre las butacas del Recinto. El momento cúspide llegó con el homenaje a Diablos Locos, rechazando las críticas hacia las murgas y agradeciendo su presencia en el Carnaval tras quedarse fuera de la Final el pasado año. “Más que una final o ganar un premio, esto es una fantasía que pude cumplir”, cantaron, en clara referencia al Tom Carby recibido por parte de los trónicos.
Y aún guardaban el mejor cierre. Los de Carlos Estévanez, murguero de cuna, comenzaron a enumerar los sueños cumplidos de sus componentes: traer a la familia desde Venezuela, terminar la carrera de Periodismo, abrir una barbería, formar una familia o simplemente tener un solo en una fase de murgas. La ovación total llegó con dos momentos que encogieron el Recinto: el del componente que reconstruyó su vida tras haber pasado por la cárcel y una pedida de mano inesperada, con los roles invertidos de manera inesperada, en la que ella se arrodilla y le pide matrimonio a él. “Solo está en tus manos, no dejes de soñar”. Y tanto es así que La Sonora ya sueña con el puesto en el que actuará el sábado.






