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El “templo romano” que cubrió Tenerife en 1987: la historia detrás del año más icónico del Carnaval de Santa Cruz

La Reina del Carnaval de aquel año sigue en el imaginario colectivo
El "templo romano" que cubrió Tenerife en 1987: la historia detrás del año más icónico del Carnaval de Santa Cruz

El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife no solo es una explosión de color, es una máquina de batir récords. Existe una edición, la de 1987, que vive en la memoria colectiva como “el año de Roma”, un hito que transformó la fisonomía de la capital y colocó a la isla en la cima del mundo gracias al Libro Guinness de los récords. Fue el primer año en que nuestra fiesta más internacional decidió abrazar una temática integral, cambiando las reglas del juego para siempre.

La metamorfosis de la Plaza de España

La apuesta fue arriesgada y monumental. Por primera vez, el Carnaval de Santa Cruz se “tematizó”, y el escenario elegido fue el corazón de la ciudad. El perímetro de la Plaza de España fue rodeado por una imponente columnata de estilo jónico, dispuesta en parejas, que recreaba la atmósfera de un templo romano de planta circular.

El detalle arquitectónico no descuidó la esencia tinerfeña: el portal del dintel de cada par de columnas estaba adornado por dos chicharros coronados con laureles. Esta fusión entre la cultura clásica y el sentimiento chicharrero marcó un estándar estético que aún hoy es recordado como la cima del diseño urbano en el Carnaval de Santa Cruz.

La noche que el mundo bailó en Tenerife

Si la decoración fue asombrosa, lo que ocurrió sobre el asfalto fue histórico. El baile del Martes de Carnaval se convirtió en un fenómeno de masas sin precedentes. Con un despliegue de más de 40.000 vatios de sonido, una iluminación de vanguardia y el uso pionero de rayos láser, la capital se preparó para una cita con el destino.

La combinación musical fue imbatible: la orquesta Billo´s Caracas Boys y la inigualable Celia Cruz. La Plaza de España y sus alrededores se inundaron de una marea humana que superó todas las expectativas.

Un Récord Guinness imbatible

Fue en esa edición cuando el Carnaval de Santa Cruz entró oficialmente en el Libro Guinness de los récords. La cifra oficial dejó al mundo sin palabras: más de 200.000 personas bailando simultáneamente en la calle.

Este logro no solo fue un éxito de convocatoria, sino la confirmación del Carnaval de Santa Cruz como un evento capaz de movilizar a una población entera bajo un mismo ritmo. La seguridad, el despliegue técnico y la pasión de los tinerfeños hicieron posible que aquel “templo romano” custodiara el mayor espectáculo de danza al aire libre jamás registrado.

Una reina del Carnaval de Santa Cruz para la historia

Mónica Raquel Estévez, de solo 16 años, se convirtió en Reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Fue con el primer diseño en la carrera de Leo Martínez y, además, lo hizo en representación de Almacenes El Kilo.

Tajaraste, su fantasía, continúa en el imaginario colectivo, al estar inspirada en la vestimenta tradicional de Tenerife, como ella misma recordaba en Cope Tenerife: “Fue muy especial por muchas cosas para mí y para muchísima gente, por eso creo que se recuerda tanto“.

El legado del año de “Roma”

Aquel año de Roma no solo nos dejó un récord mundial; nos dejó una forma de entender la fiesta. La tematización permitió que el Carnaval de Santa Cruz tuviera un hilo conductor, una narrativa que envolvía desde los disfraces hasta los grandes escenarios.

Hoy, cuando miramos hacia atrás, aquel año de Celia Cruz y las columnas jónicas sigue siendo el faro que guía la ambición de nuestra fiesta. Fue el momento en que Tenerife demostró que, cuando se trata del Carnaval de Santa Cruz, no hay límites geográficos ni históricos que valgan.

El cartel, polémico

La estética de aquel Carnaval de Santa Cruz 1987 comenzó con su polémico y vanguardista cartel, obra del reconocido artista checo Jiri Georg Dokoupil. El pintor intentó plasmar su particular experiencia en la isla con una obra que no dejó a nadie indiferente.

Como dato curioso para los amantes del arte urbano, Dokoupil es también el autor de la icónica escultura “Muñeco de Nieve”, que hoy vigila la avenida de Los Majuelos. Su vinculación con Tenerife en aquel 1987 dejó una huella imborrable que unió la vanguardia internacional con el sentimiento carnavalero.

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