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La enigmática muerte del expropietario del Daily Mirror en las costas de Arona que precedió a la red sexual de Epstein

La muerte de Robert Maxwell, magnate de la comunicación y padre de la pareja de Epstein, frente a Canarias en 1991 anticipó el papel que asumiría Ghislaine en la trama pedófila
La enigmática muerte del expropietario del Daily Mirror en las costas de Arona que precedió a la red sexual de Epstein
En noviembre de 1991, la muerte de Robert Maxwell, padre de la pareja del pedófilo, dejó un rastro de interrogantes.

La historia de la red de Jeffrey Epstein suele concretarse con Manhattan, Palm Beach, Nueva México o las islas privadas del Caribe como casilla de salida. Casi nunca desde Los Cristianos, en el Sur de Tenerife. Y, sin embargo, es en esas aguas donde se produce un acontecimiento clave para entender el contexto previo al entramado que Epstein construiría junto a su pareja sentimental.

En noviembre de 1991, la muerte de Robert Maxwell, padre de la pareja del pedófilo, dejó un rastro de interrogantes. Tres décadas después, la revelación de millones de documentos del caso Epstein obliga a volver la mirada hacia la costa aronera, donde se hunde parte del pasado de esta familia.

Lo que prosigue ahora es una reconstrucción periodística sustentada principalmente a través de la investigación que emprendió en su día Carmelo Rivero, entonces un joven periodista, que años después llegaría a dirigir este periódico. Rivero siguió el rastro de un caso que ya entonces se intuía como un gran puzzle con piezas difíciles de encajar.

El gurú de la comunicación se llamaba realmente Ján Ludvík Hoch y vino al mundo en 1923. Natural de Checoslovaquia, y con orígenes judíos. Prácticamente toda su familia murió en Auschwitz durante la ocupación nazi. Él logró huir a Gran Bretaña y allí se alistó en el ejército británico.

Tras el conflicto, compró pequeñas editoriales científicas que publicaban investigaciones censuradas durante la guerra. También se adentró en la actividad política de la mano del Partido Laborista. Compró, absorbió grupos editoriales y acabó controlando en los años ochenta el Daily Mirror, una de las piezas centrales de su imperio. Se le recuerda por haber llevado el periodismo amarillo a una nueva dimensión. Una suerte de Ciudadano Kane que, tras huir de la guerra, concentró parte del ecosistema mediático del Reino Unido en sus manos. Aquel imperio, con el paso del tiempo, empezó a resquebrajarse.

El 5 de noviembre de 1991, Maxwell desapareció del Lady Ghislaine, un yate de unos 50 metros que llevaba el nombre de su hija. La embarcación había zarpado del puerto de Santa Cruz de Tenerife y, según los datos recopilados entonces, tenía previsto dirigirse hacia el Sur de la isla. Sin embargo, la embarcación alteró su rumbo.

Tras ello, el Lady Ghislaine zarpó. Horas más tarde, los tripulantes denunciaron la desaparición del magnate y se activó un dispositivo de búsqueda. Un helicóptero localizó en el Atlántico un cuerpo que flotaba boca arriba. Con 1,90 metros de estatura y 140 kilos de peso, la identificación resultó prácticamente inmediata.

El cadáver apareció a unas 29 millas de Gran Canaria, mientras el yate permanecía fondeado frente a la costa del Palm-Mar.

La enigmática muerte del expropietario del Daily Mirror en las costas de Arona que precedió a la red sexual de Epstein
Edición de DIARIO DE AVISOS del 6 de noviembre de 1991, que informó sobre la muerte de Maxwell. DA

En aquellos días, la BBC y The Independent publicaban informaciones sobre presuntas prácticas irregulares del magnate en los mercados financieros y en la gestión de los fondos de pensiones de los propios trabajadores de sus medios, que habrían sido utilizados para sostener inversiones cuando atravesaba una grave crisis financiera personal.

La muerte generó una enorme expectación mediática. El forense Carlos López de Lamela, responsable del examen del cadáver y consultado entonces por Carmelo Rivero, planteó una hipótesis: la posibilidad teórica de una sustancia indetectable en una autopsia convencional que habría provocado un fallo cardíaco, causa de la muerte de Maxwell, según el informe forense. Una conjetura que nunca llegó a probarse.

Maxwell fue enterrado finalmente en el Monte de los Olivos, en Jerusalén, con honores reservados a jefes de Estado.

De aquella historia surgió mucha literatura, entre ellas la novela Ciudadano Max, del escritor Alberto Vázquez-Figueroa, quien ambientó su relato —con nombres ficticios— en torno a la muerte del magnate. En el trasfondo del relato se sugiere la hipótesis de un “asesinato de Estado (o varios)”, una idea que el autor dejó escrita en la contraportada: “Este caso es algo que, de confirmarse, podría afectar de un modo muy profundo y negativo al futuro del sistema social en el que vivimos”.

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Ghislaine Maxwell

La familia Maxwell se trasladó a Tenerife tras el fallecimiento. Los periodistas que cubrieron aquel episodio recuerdan una escena de duelo atravesada por la opulencia. Ghislaine Maxwell, de 29 años por entonces, su madre Elizabeth y su hermano Philip comparecieron en el puerto de Santa Cruz de Tenerife para agradecer el trato recibido.

Hubo, sin embargo, una decisión que llamó la atención de los investigadores: la familia ordenó destruir la documentación del camarote. Cuando la jueza de Granadilla, Isabel Oliva, solicitó ese material, únicamente aparecieron telegramas de condolencia. La investigación judicial no avanzó. En Tenerife se quedó todo.

Tras la muerte de su padre, Ghislaine se instaló en Nueva York. Allí conocería a Jeffrey Epstein: el perejil de todas las salsas. Ella era una socialité de la alta alcurnia británica. Había crecido entre jefes de Estado, aristócratas y grandes fortunas. Para entender al pedófilo y su entramado —coinciden investigadores y víctimas— resulta clave entenderla a ella. De su padre heredó una posición social, una selecta agenda y una forma de utilizar la información.
“Epstein tenía dinero, pero carecía de acceso real a la élite. Ghislaine aportó justo lo que le faltaba: los contactos”, afirma Rivero.

“Era ella quien decía a las chicas cómo hacer las cosas. Era muy fría (…) fue responsable de gran parte del acoso”, declaró una de las víctimas tras la condena de Ghislaine en el año 2021 a 20 años de prisión por captar a adolescentes para el entorno abusivo de Epstein.

Trampa de miel

El poder en este entramado se ejercía a través de una práctica que, a la luz de la documentación revelada, aparece identificada como la trampa de miel: el intercambio deliberado de servicios sexuales como instrumento para obtener información, influencia o control.

En los últimos días, la colaboradora de Jeffrey Epstein, Ghislaine Maxwell, ha invocado su derecho constitucional a no declarar ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, que investiga las ramificaciones del caso.

A través de sus abogados, Maxwell ha condicionado su eventual testimonio a la concesión de un indulto presidencial. Según su defensa, en ese escenario estaría dispuesta a declarar “con total franqueza y honestidad” sobre los hechos.

Casi como un efecto mariposa: en la costa de Arona, un hombre cayó al mar y, a su vez, emergió una posición de poder heredada, articulada a través de un entramado de explotación sexual.

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