La historia oficial del arte, y de cualquier ámbito, está marcada por las ocasiones en las que las mujeres estuvieron siempre en un segundo -o tercer-, plano. Georgiana Houghton, nacida en Las Palmas de Gran Canaria el 20 de abril de 1814, es uno de los fenómenos culturales del siglo XXI tras descubrirse que sus acuarelas abstractas se adelantaron casi cincuenta años a las teorías del mismísimo Vasili Kandinski.
Hija de una influyente familia de comerciantes británicos asentados en la capital grancanaria, Georgiana creció en un entorno marcado por el auge económico de la cochinilla y el cosmopolitismo portuario. Sin embargo, su destino no estaba en los negocios familiares, sino en una conexión mística que la llevaría a ser considerada hoy como la verdadera pionera del arte abstracto.
Georgiana Houghton: la médium canaria que hablaba con los pinceles
A mediados del siglo XIX, tras el fallecimiento de su hermana menor Zilla, Georgiana se sumergió en el pujante mundo del espiritismo victoriano. Lo que comenzó como un consuelo personal terminó siendo el motor de una producción artística sin precedentes. Según sus propios diarios, Georgiana Houghton no pintaba por voluntad propia: afirmaba que los espíritus guiaban su mano para crear formas, espirales y mundos cósmicos invisibles al ojo humano.
En 1861, mucho antes de que el mundo conociera el cubismo o la abstracción geométrica, la artista ya producía complejas obras en acuarela que desafiaban toda lógica académica. “El espíritu es quien conduce mi mano”, escribía la artista, quien llegó a producir más de 150 obras que hoy son estudiadas con lupa —literalmente— por los mejores críticos de Londres.
Del olvido en Londres al estrellato mundial
A pesar de su genio, la vida de la artista en el Reino Unido no fue sencilla. Georgiana Houghton intentó exponer su trabajo en la New British Gallery de Bond Street en 1871, pero la muestra fue un fracaso comercial que la dejó al borde de la ruina. Falleció en 1884 en la pobreza, trabajando como fotógrafa de “seres invisibles” y sin sospechar que, un siglo y medio después, su nombre encabezaría los titulares de The Guardian y The Sunday Times.
La mayor parte de su legado sobrevivió de milagro. Casi todas sus pinturas terminaron en la Unión de Espiritistas Victorianos de Melbourne, en Australia, lugar desde donde han viajado recientemente para ser expuestas en la prestigiosa Courtauld Gallery. La reacción de la crítica ha sido unánime: “Ha aparecido una artista que reescribe la historia”, sentenció Waldemar Januszczak tras quedar “pasmado” ante la modernidad de sus trazos.
El legado británico en Las Palmas de Gran Canaria
No hay demadiados datos de la vida de Georgiana en Gran Canaria. Habría recibido parte de su educación en Francia y también vivió en Madeira. Nunca se casó y optó por vivir siempre junto a sus padres. Fue, eso sí, una apasionada de la fotografía, retratando parajes de Gran Canaria.






