Nieves, la mujer de Alberto Molina (Las Palmas de Gran Canaria, 7 de abril de 1943) abre a DIARIO DE AVISOS la puerta del domicilio de una de las mayores leyendas del tinerfeñismo. Sentado en el sofá, el mítico exdefensa central nos recibe y saluda con una enorme sonrisa en su rostro.
Afable y cercano, como siempre, el exjugador que más veces ha defendido la camiseta blanquiazul, 413 veces, nada más y nada menos, rememora para el ‘Decano’ su larga trayectoria, haciendo énfasis, lógicamente, en la lesión que marcó su trayectoria deportiva. “Lo tenía hecho con el Atlético de Madrid, cuando me lesioné, ¿sabes?”, asegura.
Rotura de menisco y de los ligamentos cruzado y lateral. Una lesión que en esos momentos, año 1967, retiraba a cualquier jugador. Pero Molina no era un cualquiera. El incondicional apoyo de Juan Padrón, expresidente de la Federación Tinerfeña de Fútbol, le permitió superar la gravedad de tal traumatismo y seguir defendiendo la casaca birria.
Desde su sofá se divisa la parte trasera de la Grada Popular y se escucha perfectamente cuando el equipo de su vida marca los goles. Ya las piernas no le permiten acudir al Heliodoro, pero a buen seguro que este viernes celebrará como nadie el regreso del club a la Segunda División A, algo que él mismo ya consiguió formando parte de aquel histórico equipo de la temporada 70/71.

–¿Cómo se encuentra de salud?
“Pues gracias a Dios, bien. Puedo caminar, hablar y hacer lo que quiera. No tengo prohibido nada. Lo único es el tobillo y la lesión que tuve en la rodilla, que eso fue del fútbol. Pero, aun así, vivo bastante feliz”.
–El Tenerife está a punto de subir a Segunda División. ¿Qué sensaciones le transmite el equipo actual?
“La verdad es que nunca he pensado que somos los mejores, ni mucho menos. Pero sí te puedo decir que salimos al campo y lo hacemos lo mejor posible. A veces ganamos y a veces perdemos, pero pienso que el Tenerife, luchando con ese honor y esa gloria que tiene, puede lograrlo. Yo lo veo ascendido. Por desgracia me puedo llevar un disgusto grande, pero tengo una fe ciega en que vamos a ascender”.
–Sería repetir lo que logró usted en 1971, en aquella temporada del ascenso. ¿Qué recuerda de ese año?
“La verdad es que de los años anteriores me acuerdo poco, porque estoy desligado de muchas cosas, pero sí recuerdo la alegría tan enorme y tan grande que nos llevamos por ese ascenso. Creo que pocas cosas puedo sentir igual otra vez”.
-García Verdugo fue el entrenador que aquella gesta. ¿Qué le decía?
“Me acuerdo mucho de él porque me decía que yo era el responsable de que el equipo estuviera unido, que no hubiera problemas entre los jugadores. Me dijo que tenía que cuidar eso, porque la amistad era lo más grande que podíamos tener”.
-Era un equipo con muchos jugadores de la tierra.
“Sí, prácticamente todos éramos de aquí. Me acuerdo de los nombres de todos, pero la alineación exacta ya cuesta. Son muchos años y la cabeza tampoco da para tanto”.
–¿Qué recuerda de la fiesta del ascenso?
“Si te digo la verdad, me acuerdo poco, pero aquellos años del ascenso fueron años muy felices, para llevar siempre en el corazón”.

–La lesión fue muy desafortunada. ¿Cómo ocurrió?
“Venía un contrario detrás de mí y el balón iba a salir a córner. Fui hacia atrás y al girar se me quedó la pierna clavada en el suelo y la otra parte del cuerpo giró. Sentí un dolor enorme. Estuve año y medio sin poder jugar y me operaron dos veces”.
–Usted siempre menciona a Juan Padrón cuando se hace referencia a su importante lesión. ¿Qué hizo por usted?
“Gracias a Juan Padrón pude seguir jugando al fútbol y viviendo tranquilo. Fue él el que se preocupó para que me operaran en Barcelona. Primero fue en el norte, pero luego me llevaron a Barcelona, que era mejor. Hice allí la recuperación con Kubala. Él me devolvió la vida”.
–Después de esa lesión todavía jugó ocho temporadas más con el Tenerife.
“Sí, la rodilla me respondió bien. Me recuperé bien, hice una buena rehabilitación y fortalecí la pierna.
–¿Es cierto que antes de los partidos le sacaban líquido de la rodilla para que pudiera jugar?
“Sí. Antes de empezar me sacaban el líquido y me inyectaban para que no me doliera. Y después del partido me lo volvían a sacar”.
–¿Cómo aguantó tantos años así?
“La inyección me calmaba y adormecía la rodilla, no sentía nada. Pero cuando se enfriaba venía el sufrimiento. Después del partido dolía muchísimo, casi no podía caminar”.
-Nadie ha superado aún sus 413 partidos con el Tenerife. Aitor Sanz está cerca. ¿Qué le parecería que le superara?
“No me molesta, en absoluto. Al contrario, demostraría que es un jugador clave para el Tenerife. Mi mérito no fue solo jugar partidos, sino el rendimiento que di. Ojalá Aitor me supere y juegue muchísimos más”.
-¿Qué representa el Tenerife para usted?
“Es mi vida. El Tenerife fue quien me dio el futuro, el resto de mi vida y la alegría de jugar al fútbol. Se lo debo todo al Tenerife”.
-Usted tiene una anécdota muy curiosa con Tonono.
“Sí. Fue Tonono el que me aconsejó que me fuera al Tenerife, porque en UD Las Palmas no iba a jugar mientras estuviera él. Éramos muy amigos. Yo lo admiraba como futbolista y como persona. Me aconsejó irme al Tenerife y acertó”.

-¿Nunca le quedó la espina de no triunfar en la UD?
“Siempre te queda ese dolor de no haber jugado en el equipo de tu isla. Pero después vienes al Tenerife y te quieren como a un dios. Eso te hace olvidar muchas cosas”.
-¿Le costó adaptarse a Tenerife cuando llegó?
“Muchísimo. Vivía cerca del estadio en una habitación alquilada. Me sentía solo, sin amigos, sin conocer la isla. Era la primera vez que salía de casa para quedarme fuera”.
-¿Y cuándo cambió todo?
“Cuando conocí a mi mujer. Ahí cambió todo y me estabilicé aquí.
-¿Sigue yendo al estadio?
“Iba al estadio y tenía mi sitio reservado. Ahora menos por la rodilla y porque me cuesta caminar hasta la grada, pero sigo pendiente. Muchas veces lo escucho desde casa y oigo hasta los goles desde aquí”.







