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La calle de Santa Cruz de Tenerife que llevamos llamando mal toda la vida

Fue durante muchos años la calle más concurrida de Santa Cruz al haberse establecido en ella las principales entidades bancarias, farmacias y tiendas
La calle de Santa Cruz de Tenerife que llevamos llamando mal toda la vida

Es, sin duda alguna, una de las calles más conocidas de Santa Cruz de Tenerife, pero, curiosamente, muy pocos la nombran de manera correcta. Su historia es sumamente curiosa, pues llevaba a una fortaleza, la de la plaza de armas del Castillo de San Cristóbal. La calle del Castillo, conocida como calle Castillo de manera popular, recibe cada día a miles y miles de personas, siendo el verdadero centro de la ciudad.

La fisonomía de la calle del Castillo, el corazón comercial de Santa Cruz de Tenerife, no siempre fue la que conocemos hoy. Su expansión fue un proceso lento y costoso que tardó tres siglos en completarse. Lo que comenzó en la plaza de La Candelaria (antigua plaza del Castillo de San Cristóbal) apenas alcanzaba la actual calle Valentín Sanz a mediados del siglo XVIII. Un siglo después, el trazado logró extenderse hasta Teobaldo Power, pero el gran desafío seguía siendo conectar la vía con la parte alta de la ciudad.

La calle de Santa Cruz de Tenerife que fue un reto

El salto definitivo hacia la plaza Weyler (entonces plaza del Hospital Militar) no se produjo hasta finales del siglo XIX. Para culminar este tramo, el Ayuntamiento se vio obligado en 1873 a expropiar diversos terrenos y viviendas construidas de forma desordenada en antiguas huertas.

Ante la falta de fondos municipales, la solución vino de la mano del sector privado: los comerciantes de la capital adelantaron 21.500 pesetas a través del impuesto de Consumo, con un interés del 6%. Esta financiación se complementó con la subasta de materiales de derribo y la venta de los solares sobrantes tras la alineación de la calle. Finalmente, el 25 de julio de 1875, la ciudad celebraba con solemnidad la unión de la calle del Castillo con la plaza de Weyler, un hito marcado por la instalación de un icónico “árbol de faroles” que iluminaba el nuevo final de la vía.

Joyas arquitectónicas de la ampliación

Este nuevo tramo se convirtió rápidamente en un escaparate de la pujanza económica de la época. En 1874, la Sociedad Constructora de Edificios Urbanos levantó tres inmuebles emblemáticos que aún hoy embellecen la zona. Entre ellos destaca la famosa “Casa del Barco”, en la esquina con Robayna, que más tarde albergaría el Hotel Olsen’s Alexandra y la sede de la naviera Olsen.

La arquitectura de influencia británica también dejó su impronta en 1903 con el edificio de la firma Elder Dempster y Cía. Diseñado por el arquitecto Antonio Pintor, este inmueble es una joya del patrimonio local, destacando por sus impresionantes puertas modernistas talladas por los hermanos Ruiz, quienes también se encargaron de la magistral cantería que define esta histórica esquina chicharrera.

Los otros nombres de la calle Del Castillo

La calle del Castillo recibiría el nombre de Alfonso XIII, después de la visita que el monarca hizo al Archipiélago en 1906, nombre que perduraría hasta 1932, en que pasaría a denominarse Capitán Fermín Galán, militar español republicano, héroe del alzamiento de Jaca, fusilado en diciembre de 1930.

A partir del 5 de octubre de 1936, la calle volvería a tomar el nombre por el que siempre había sido sido conocida: calle del Castillo.

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