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La noche más mágica del año se enciende entre amigos y con música en Puerto de la Cruz

San Juan aúna tradición y fiesta en la ciudad turística, que recupera el gran concierto de Playa Jardín, pero sin la afluencia esperada; por el día el protagonismo se lo llevaron los chorros engalanados
La noche más mágica del año se enciende entre amigos y con música en Puerto de la Cruz
El encendido de la gran hoguera se hizo esperar más de media hora, pero eso no impidió que la gente se animara y disfrutara de una noche mágica. Fotos: Fran Pallero

Noche mágica en buena compañía, con música y al calor del fuego, aunque muchas personas lo vieran desde lejos debido a la prohibición de realizar hogueras particulares ante el peligro de incendios forestales. Así se vivió ayer en el Puerto de la Cruz la víspera de San Juan, la noche más corta y más mágica del año, que este año recuperó el gran concierto de Playa Jardín, aunque sin la afluencia esperada: unas 5.000 personas, según confirmó a este periódico la Policía Local, frente a las 10.000 que se preveían inicialmente.

La imagen de la playa desde la tarde vaticinaba la que hubo por la noche. Lejos de estar saturada de gente desde temprano para hacerse con un lugar, como antaño, la gente podía escoger espacio fácilmente, en un ambiente relajado.

Grupos de amigos, familias y parejas, y sobre todo jóvenes y adolescentes, se acercaban a medida que avanzaba la tarde, aunque eran pocos los que se atrevían a darse un baño en el mar ante la ausencia de sol. Un temor que se perdió a medida que pasaban las horas, seducidos por la idea de darse un baño en el mar con la música y las luces de fondo.

Muchas personas llegaron cargando sus neveras portátiles con comida y bebida que compartían con su grupo y hubo quien incluso armó pequeñas tiendas de campaña con la intención de amanecer allí. Con cartas, juegos, velas encendidas, escuchando música con pequeños altavoces portátiles o simplemente hablando, iban pasando el tiempo hasta que comenzaron las actuaciones musicales. De forma paralela, el paseo del muñeco de San Juan desde el Mercado Municipal hasta el risco del Peñón dio inicio a las 18.30 horas a los actos programados por el Ayuntamiento.

El encendido de la gran hoguera por parte del Ayuntamiento se hizo esperar más de media hora. Previamente ya se podían ver grupos de jóvenes preparándose para iniciar rituales, algunos improvisados y otros inventados, escribir en un papel las cosas que deseaban olvidar o los sueños por cumplir, aunque la intención mayoritaria se repetía como en años anteriores: romper los apuntes de clase para lanzarlos al fuego, una manera de dejar atrás el curso escolar y los exámenes, sobre todo el alumnado de segundo de bachillerato que, además, tuvo que enfrentarse a la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU).

El día estuvo nublado pero el bochorno característico del norte de la Isla se hizo sentir. Afortunadamente, la lluvia que cayó en los municipios cercanos no llegó a la ciudad turística. Ello permitió que los chorros engalanados se llevaran el protagonismo durante toda la jornada con la visita de cientos de personas atraídas por esta muestra de arte efímero. Adornados con frutas y verduras de temporada, hojas de palmeras y algunos con flores, los antiguos chorros o fuentes públicas que se conservan, la mayoría sin uso, recuerdan que antaño abastecieron de agua potable a la población, y la importancia de este recurso como fuente de prosperidad para una ciudad en la que no hace tanto tiempo no tenía la facilidad de obtenerla directamente de los chorros.

Como cada 23 de junio, los chorros engalanados del Muelle, Mequinez, Las Maretas, Cupido, Blanco, Cuaco, El Durazno y Punta Brava centraron la atención de vecinos y visitantes, ya que es una de las estampas más representativas de estas fechas porque refleja el arraigo de una celebración que forma parte de la identidad del municipio y que dio comienzo desde el lunes por la tarde para estar listos a primera hora de ayer. 

Al enrame de los chorros, las hogueras y el paseo del Sanjuanito, se suma hoy por la mañana el tradicional baño de cabras en el muelle pesquero para purificarlas y favorecer su fertilidad, una tradición que recrea un ritual de origen guanche con el objetivo de proteger al ganado.

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