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Puerto de la Cruz, el oasis nocturno de la comunidad LGTBIQ+

El libro ‘Nosotros también éramos Puerto de la Cruz’ rescata del olvido los testimonios, miedos y conquistas de una generación que tuvo que vivir una doble vida
El oasis nocturno de la comunidad LGTBIQ+
Francisco Javier y Denis, autores y editores del libro 'Y nosotros también éramos Puerto de la Cruz'. / Sergio Méndez

Eran los años 90 y Puerto de la Cruz, consolidado como municipio turístico, se convirtió en una especie de refugio para la comunidad gay de Tenerife dado que en aquellos años el término LGTBIQ+ era una palabra que comenzaba a gestarse.

Era un oasis donde disfrutar de la noche y conocer gente “sin ese temor o pavor a que te pudiera ver alguien”. Sin embargo, el amanecer rompía el hechizo y al salir de los locales, tocaba “volver a la realidad, a la universidad, a tu familia y a aguantar que la gente te siguiera llamando maricón”.

Aquella era una época en la que la identidad sexual no era un tema sencillo de explicar y dar la cara resultaba peligroso. En ese contexto, la ciudad turística fue el lugar donde muchas y muchos se atrevieron, poco a poco, “a salir del armario, aunque eso supusiera llevar una doble vida” y romper tabúes y resistir muchas humillaciones para conquistar el derecho a ser uno mismo. “Esa era la parte buena, en la que podías ser tú, pero por otro lado tenías que ser precavido con las drogas y el sexo”.

Estas “batallitas”, como le gusta llamarlas a Francisco Javier Alberto Díaz se cuentan en el libro Y nosotros también éramos Puerto de la Cruz, que escribió junto a su esposo, el periodista Denis Solovev, en el que se recogen testimonios, historias y vivencias de quienes, como él, vivieron “intensamente” la noche portuense de aquellos años. Se presenta hoy a las 18.00 horas en la Sala Andrómeda, coincidiendo con el Día Internacional del Orgullo LGTBI+, que se celebra cada 28 de junio, dentro de la programación impulsada por el área de Igualdad.

La semilla del libro germinó durante la pandemia. Recordando esos años “locos”, un amigo le sugirió a Francisco que escribiera un libro y como tenía mucho tiempo, “también para darle a la cabeza”, no lo dudó. Denis se sumó al proyecto aportando su mirada periodística y, aprovechando el confinamiento, comenzaron a contactar por redes sociales a las personas protagonistas de aquellos años muchas de las cuales viven hoy fuera de Canarias.

Así surgió el primer libro, en el que se cuentan historias de las vidas de cada persona pero centradas en su relación con el Puerto y con la comunidad LGTBIQ+ aunque entonces “no había siglas ni comunidad como tal sino gente con códigos comunes que ocupaban el espacio público y tenían redes de protección mutua. Este nuevo volumen da continuidad a una primera entrega que dividió a los personajes entre empresarios de la noche, artistas (sobre todo transformistas) y los “personajes estrella” de los bares. Sin embargo, muchas personas se quedaron sin participar y eso dio lugar a este segundo ejemplar, que nace además de la urgencia del tiempo: el sida se llevó a muchos y otros tantos han ido envejeciendo, por lo tanto, añaden Francisco y Denis, era vital ponerles cara y rescatar sus recuerdos antes que fueran borrados.

En esta ocasión, optaron por un enfoque más íntimo y biográfico que va más allá del ocio portuense, “ya que detrás de cada historia, cada anécdota o vivencia, hay una persona que viene de un determinado lugar, con amigos y una familia. Historias reales que nunca debieron silenciarse”, sostienen.

“Para nosotros fue un viaje antropológico” apunta Denis, porque “cuando personalizábamos las vivencias, la gente se relajaba, se abría y conectábamos muy bien porque los entendemos”.

Muchos de los protagonistas del libro tienen historias similares en cuanto a la realidad y los miedos que tuvieron que enfrentar, la doble vida que tenían, el temor a ser rechazados por sus seres queridos, y el “proceso o camino” que vivieron hasta poder comunicarle a sus familias que eran homosexuales.

Entre las páginas más sobrecogedoras están las de las personas transexuales, abocadas muchas veces a la exclusión social y la prostitución. Hay historias duras, advierten, como la de una mujer transexual a la que llamaron para hacer la mili y se presentó en Capitanía con pechos por las hormonas; “un episodio divertido pero a la vez denigrante”, subraya Francisco.

El libro también incluye miradas de personas que no eran del colectivo, como la de una mujer que vendía flores, también en los bares que eran solo para gays y disfrutaba de los espectáculos, o la de Carla, una mujer uruguaya que ejerció la prostitución desde niña, pero logró encauzar su vida y tramitar una pensión. “Ella, en ese sentido, es un ejemplo”, coinciden ambos.

Aunque las leyes han avanzado y la mentalidad ha cambiado, Denis advierte que la visibilidad sigue siendo una asignatura pendiente, incluso entre los mayores del propio colectivo. “Hace falta mucha educación. La gente mayor sigue teniendo prejuicios porque interiorizaron tanto que debían esconderse que hoy no entienden las banderas. Piensan que no hacen falta, pero sí son necesarias porque la sociedad ha cambiado”.

Por eso defienden la urgencia de escribir libros como Y nosotros también éramos Puerto de la Cruz, “para que la juventud compare el pasado con el presente, y conozca los derechos que se han conseguido y no deben perderse”.

Escuchar, aprender y romper el estigma sigue siendo urgente. Al fin y al cabo, el Orgullo también se construyó defendiendo aquellos espacios que, hace no tanto tiempo, fueron el único refugio posible para muchas personas.

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