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Más de 4.500 eventos sísmicos en Tenerife: Involcan explica qué está pasando

El episodio se concentra a unos 10 kilómetros de profundidad bajo Las Cañadas y es el enjambre híbrido más prolongado detectado hasta ahora en la Isla
El Teide, en el centro de la caldera de Las Cañadas, donde INVOLCAN sitúa en su sector suroccidental la concentración principal del actual enjambre de señales híbrida
Imagen del Parque Nacional del Teide. El episodio ha sido detectado en el sector suroccidental de la caldera de Las Cañadas. | DA

Tenerife registra más de 4.500 eventos sísmicos híbridos desde la noche del miércoles 22 de julio, según la última actualización del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan). El episodio se concentra principalmente en el sector suroccidental de la caldera de Las Cañadas, a unos 10 kilómetros de profundidad, y se ha convertido en el enjambre híbrido más prolongado observado hasta ahora en la Isla.

La Red Sísmica Canaria comenzó a detectar esta nueva secuencia a las 21.30 horas del miércoles 22 de julio. En determinados momentos se han superado los 300 eventos en una sola hora, aunque INVOLCAN precisa que la mayoría presenta una amplitud muy pequeña.

El organismo científico subraya, además, el mensaje más importante para la población: los datos disponibles no indican que se aproxime una erupción volcánica ni modifican su probabilidad a corto o medio plazo.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN), organismo responsable de la vigilancia volcánica en España, también ha señalado durante episodios recientes de actividad híbrida en Tenerife que este tipo de señales no supone por sí mismo un aumento del peligro de erupción en semanas o meses.

Qué son los eventos híbridos registrados en Tenerife

Los eventos híbridos son un tipo de señal sísmica relacionada con procesos que ocurren en el interior de los sistemas volcánicos.

Involcan vincula la interpretación más probable de este episodio con el movimiento o inyección de fluidos hidrotermales dentro del sistema volcánico de Tenerife. Estos fluidos circulan por fracturas del subsuelo y pueden generar vibraciones que son registradas por los sismómetros instalados en superficie.

En su actualización oficial sobre el episodio del 22 y 23 de julio, Involcan relaciona estos enjambres con la inyección de volátiles hidrotermales de origen magmático dentro del sistema hidrotermal de la Isla.

El organismo recuerda que este proceso se observa de forma recurrente desde 2016. Entre las evidencias estudiadas cita el incremento de la emisión difusa de dióxido de carbono en el cráter del Teide y una ligera deformación detectada en el sector noreste del edificio volcánico.

El decimoquinto enjambre desde 2016

El episodio actual es el decimoquinto enjambre de eventos híbridos registrado en Tenerife desde octubre de 2016.

El anterior había ocurrido apenas unas semanas antes, el 3 de julio de 2026. Involcan lo calificó entonces como el decimocuarto episodio de estas características detectado desde que comenzó esta secuencia de registros hace casi una década.

Durante 2026 se han registrado varios episodios, especialmente en febrero, además de los detectados posteriormente en julio. Involcan sitúa el actual entre el 22 y el 23 de julio en su cronología oficial.

La actividad sismovolcánica en el interior de Tenerife lleva meses bajo seguimiento. El IGN ya había localizado durante la primavera concentraciones de terremotos y señales híbridas principalmente en la zona occidental de la caldera de Las Cañadas y áreas próximas a Pico Viejo.

Qué tendría que ocurrir para hablar de un escenario preeruptivo

Involcan explica que un escenario previo a una posible erupción normalmente requeriría la aparición conjunta de otros cambios mucho más claros.

Entre ellos estarían un incremento significativo de los terremotos volcano-tectónicos, una migración progresiva de sus hipocentros, una deformación del terreno más rápida y de mayor magnitud y cambios importantes en la cantidad o composición de los gases volcánicos.

Es precisamente la combinación de diferentes parámetros —y no únicamente el número de señales sísmicas— la que permite evaluar la evolución del sistema.

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