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El hijo de Ávalos certifica que el monumento nunca fue un ‘homenaje’ a Franco

El presidente de la Fundación Juan de Ávalos e hijo del artista tilda de “falsas e inexactas” las informaciones sobre la obra. San Miguel Arcángel elevará su carta como prueba al BIC
Juan de Ávalos y su obra, que llamó monumento a la Paz de Tenerife. DA

Un nuevo actor se ha sumado a la extensa polémica entorno al popularmente conocido como monumento a Franco de la capital tinerfeña, una obra realizada por Juan de Ávalos en 1964, e inaugurada dos años después, que el Gobierno de España acaba de incluir en el catálogo nacional de vestigios franquistas, con lo que obliga al Ayuntamiento de Santa Cruz, titular de la misma, a su retirada del espacio público en un plazo de seis meses para dar así cumplimiento a la ley estatal de Memoria Democrática.

No obstante, Juan Ávalos Carballo, hijo del reconocido escultor, que fue colaborador en el diseño de la arquitectura complementaria de la obra (pilastras y fuente) y, además, es actual presidente de la Fundación Juan de Ávalos, responsable de la gestión del legado artístico del artista, ha certificado que “el monumento nunca fue un homenaje a Franco”.

En una carta firmada digitalmente por el hijo del artista, enviada el pasado 1 de julio a la asociación para la Investigación y Protección del Patrimonio Histórico San Miguel Arcángel, justo un día después del anuncio del ministro de Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, Ávalos Carballo afirma que la obra no es vestigio franquista.

“Ante las falsas e inexactas informaciones sobre el simbolismo del monumento fuente proyectado y realizado por el escultor Juan de Ávalos en Tenerife, como hijo del escultor y colaborador en su día en el diseño de la arquitectura complementaria de pilastras y fuente y actualmente gestionando su legado artístico presidiendo la Fundación Juan de Ávalos, declaro que en ningún momento el simbolismo de la obra fuera un homenaje a Francisco Franco Bahamonde”.

Asimismo, añade que “la figura allí representada es un ángel de la Paz presentando la cruz de Cristo como deseo y ofrenda; y recalca que el título de la obra en toda la documentación bibliográfica que posee esta Fundación y archivos personales es el de Monumento a la Paz”.

Ávalos Carballo puntualiza en su certificación que “es fácil comprobar en toda la obra escultórica de mi padre su distanciamiento de toda representación belicista y, sin embargo, su continua proclama a favor de la Paz y la Reconciliación entre españoles”. Palabras a las que suma que “existe un colaborador del estudio de mi padre, en esta obra, que puede verificar los datos que yo certifico y declaro a todos los efectos, en Madrid a 1 de julio de 2026”.

Testimonio directo

Desde la asociación San Miguel Arcángel han valorado la certificación remitida por el hijo de Juan de Ávalos como “un testimonio directo de quien colaboró en el diseño de su arquitectura complementaria y quien, desde la Fundación Juan de Ávalos, custodia hoy toda la documentación bibliográfica y los archivos personales del escultor. Su testimonio confirma, con el respaldo documental de la propia Fundación, lo que nuestra asociación viene sosteniendo desde el inicio: que el simbolismo nunca estuvo vinculado a un homenaje personal a Franco”.

San Miguel Arcángel afirma, igualmente, que “el propio firmante añade un dato relevante para la instrucción del expediente: la existencia de otro colaborador del estudio de Juan de Ávalos que puede corroborar estos mismos hechos, ampliando así el respaldo testimonial disponible”, alega.

Por ello, anuncia que “trasladaremos este documento a quienes corresponda en el marco del expediente de declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en curso de la escultura, al considerarla una prueba documental de primer orden sobre la verdadera naturaleza artística e histórica del monumento”.

En este sentido, la entidad defensora del monumento considera que el documento, remitido a la asociación el 1 de julio, zanja de forma directa e inequívoca la polémica sobre el significado del mismo, y lo hace desde la única voz que puede hacerlo con total autoridad: la de la familia del propio autor de la obra”.

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