La alcaldesa de Güímar, Carmen Luisa Castro (PP), ha vuelto a defender su posición sobre el monumento a Franco después de que el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática ordenara su retirada del espacio público de Santa Cruz de Tenerife en un plazo de seis meses.
“Defender el patrimonio no me convierte en franquista ni en defensora de ninguna dictadura. Mi compromiso es con la democracia, con el Estado de derecho y con el respeto a todas las víctimas de nuestra historia”, declaró ayer a este periódico la regidora, que insistió en separar el debate sobre el valor artístico de la obra del que concierne a su significado.
Castro defendió que el patrimonio histórico y artístico “merece ser tratado con rigor” y admitió que las obras “pueden contextualizarse, explicarse e incluso reubicarse si la ley así lo exige”, aunque rechazó que el debate deba reducirse a “etiquetar a quienes piensan diferente”. “En democracia debemos ser capaces de debatir con respeto. Se puede discrepar sobre el futuro de un monumento sin descalificar a las personas. Yo seguiré defendiendo mis convicciones desde el respeto, la legalidad y el diálogo”, añadió la regidora.
La alcaldesa sostiene, además, que defender la permanencia de la escultura “no supone compartir el contexto histórico en el que fue creada, sino reconocer su valor artístico y cultural”. Es esa distinción, admitió, la que le ha valido críticas calificándola de “franquista” por “no compartir la posición mayoritaria sobre la retirada”, aseguró.
Trasladarla a Güímar
Seis años después de que su propuesta de trasladar la escultura a Güímar la situara en el centro de la polémica nacional, la alcaldesa güimarera subraya su posición: “Más allá de darle cobijo, defiendo el valor patrimonial. Las esculturas no difunden odio, lo hacen las personas. No quiero borrar la historia”.
Luisa Castro fue señalada por buena parte de la izquierda canaria en 2018, cuando propuso trasladar la escultura de Juan de Ávalos a su municipio si Santa Cruz decidía prescindir de ella, llegando a plantear su ubicación junto al cementerio local “como símbolo de la paz y la concordia”.






