Cian y Aura, sus nombres como autoras, nunca imaginaron queterminarían escribiendo, a cuatro manos, las historias de fantasía que soñaron alguna vez. Esta es la historia de una amistad literaria nacida en Internet, de un océano cruzado y de una colaboración que hoy suma varias novelas publicadas.
La historia de estas dos jóvenes arrancó en mayo de 2015, en un foro de escritura por Internet donde cualquier usuario podía leer los textos de los demás. Allí, Aura y Cian se cruzaron entre tantos relatos, y el Cupido de la literatura obró el flechazo. “Nos pusimos en contacto. No nos habíamos visto las caras ni sabíamos nada de la otra, si era hombre o mujer, si realmente era quien decía ser o había intereses detrás”, recuerda Cian.
Lo que sí compartían era una manera de mirar los textos: “A mí me gustaban los detalles en los que Aura se fijaba, porque eran los mismos en los que yo lo hacía”. Fue, según sus propias palabras, “un amor literario a primera vista” y más allá, la prueba inequívoca de que debían compartir tinta.
De crear a parches a la sincronicidad
El entorno cercano tuvo mucho que ver en el siguiente paso. Amistades que seguían sus historias de rol (relatos colaborativos e interactivos, habituales en foros como aquel) empezaron a decirles que el material en conjunto que comenzaban a escribir tenía potencial para convertirse en novela. “Aun así, nos parecía muy difícil el formato, era desordenado, y nos costaba”, admite Ángulo.
Cian, natural de Cartagena de Indias, aporta su propia genealogía como narradora. Desde pequeña le fascinaba inventar historias, ver películas y leer reinterpretaciones de clásicos, una afición que la llevó a colaborar en revistas semanales de círculos de lectores. Pero inventar historias y escribirlas eran cosas distintas. Sus libros referentes son El país más hermoso del mundo y la obra de Gabriel García Márquez.
Los primeros años de colaboración fueron, según describen, poco eficientes. “Una escribía una parte, se la enviaba a la otra, esta la reescribía y se la devolvía. Al principio era escritura a parches y se hacía muy difícil construir una historia con concordancia argumental”, resumen las autoras.
El punto de inflexión llegó con la pandemia. Cian vivía entonces en Colombia y fue Aura quien la animó a instalarse en Gran Canaria con la promesa de “ayudarla a encontrar un lugar mejor donde vivir”. Ya juntas en la isla, emprendieron la escritura desde la misma casa de una trilogía que, afirman, les “enseñó a trabajar de manera sincronizada”. El primer intento editorial no salió como ellas esperaban. Presentaron un episodio piloto a una editorial de coedición y, aunque el proyecto llegó a distribuirse en la Península, el resultado dejaba entrever las costuras de un texto escrito a dos voces sin una unificación completa.
La verdadera oportunidad llegó a raíz de un correo de otra editorial interesada en su saga -formada por Una plegaría a Saon y Cuando devoró su corazón-. La respuesta fue que la historia les había gustado, pero no publicaban sagas de autores noveles, solo novelas autoconclusivas. Las autoras decidieron adaptar el proyecto, cerrar una obra que ya tenían empezada y convertirla en un libro independiente. Se la enviaron a una editorial pequeña, Libellum -su sello de cabecera-, que aceptó publicarla casi de inmediato.
Hoy, tras varios libros publicados, tienen una opinión creada sobre el mundo editorial independiente, al que catalogan como “una jungla”.
Sobre el alcance geográfico de su obra, ambas observan una dinámica que no les resulta ajena al fenómeno editorial en español: “Nadie es profeta en su tierra”. Aseguran haber encontrado más aceptación fuera de su entorno inmediato que en las propias Islas, en un mercado donde “el lector tiende a preferir la novela anglosajona”.
En cuanto al proceso creativo, reparten los personajes entre ellas y desarrollan las tramas desde el punto de vista de cada uno, cuidando el equilibrio de los diálogos.
Se definen como opuestas en carácter -“el día y la noche”-, pero compatibles como amigas y equipo creativo. Para Aura, la escritura de fantasía exige, sobre todo, imaginación y pasión, esta última entendida casi como una necesidad interior: “Una vez mi padre me dijo una frase: ‘Hay artistas que crean porque es superior a ellos”.
Cian añade la curiosidad como tercer ingrediente. Uno de sus móviles en el mundo de la novela es la costumbre de preguntarse el porqué de las cosas (una vena que le nace de su profesión científica) -de dónde surgieron las flores, por ejemplo- y de inventar explicaciones que después traslada al terreno de la fantasía.






