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Eulalia Corralero: “Las kellys del Sur han avanzado en derechos e infraestructuras, pero aún queda por mejorar”

La fundadora del movimiento de las ‘Kellys’ estuvo presente en la asamblea de Adeje convocada por Asociación de Camareras de Pisos de Canarias
Eulalia Corralero, fundadora del movimiento las ‘Kellys’. DA

La madre fundadora del movimiento de las kellys se ha sentado frente a Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz para reclamar derechos que, dice, “siguen sin cumplirse del todo”. Icono de la lucha obrera de las camareras de piso, el pasado viernes fue una más en la asamblea de Adeje convocada por Asociación de Camareras de Pisos de Canarias y que aprobó pedir una huelga general estatal a los sindicatos mayoritarios, un germen que ahora busca apoyos a lo largo y ancho del Estado. Aún mantiene retazos de su acento extremeño, aunque emigró joven a Lloret del Mar, en la provincia de Girona.Todavía se emociona al recordar los inicios de un movimiento que le ha marcado la vida y que nació de una interacción en redes sociales.

-Se dice que el movimiento nació de un comentario suyo en una publicación de ‘El País’…
“¡Sí, así fue! Y siempre digo que el éxito de las kellys se lo debemos, en parte, a las nuevas tecnologías. Un día me pasaron un artículo de El País. Hablaba de las camareras de piso como nunca había leído antes, con muchísima profundidad. Entré en la web, dejé un comentario diciéndole que tenía toda la razón, que aquello lo estábamos viviendo nosotras en primera persona. El autor, Ernest Cañada, me respondió y me propuso hacernos una entrevista; vino a Lloret y nos hizo la primera entrevista. Al terminar, alguien preguntó qué se podía hacer al respecto y yo propuse crear un grupo de camareras, pensando en algo parecido a un grupo de terapia, porque yo misma había estado en tratamiento por depresión y ansiedad. Nos fuimos a casa de una compañera y allí la hija de una de ellas nos dijo que lo moderno era montarlo en Facebook. Buscando nombre, recordamos que el artículo se titulaba Las que limpian los hoteles, así que pensamos en acortarlo a “las que limpian”. Ella nos propuso escribirlo con “k” y doble “l”, más moderno. Y así, sin buscarlo, nació las kellys. Con el tiempo descubrimos que, además, en origen griego kellys significa “las que luchan”. Ni un departamento de marketing lo habría hecho mejor y fue pura casualidad (risas).

-¿Cuándo fueron consciente de que aquello se había convertido en un movimiento?
“Creció muy rápido, y todas contaban el mismo discurso: que no llegaban a hacer las habitaciones a tiempo, que no les pagaban los festivos, que las condiciones eran indignas en todas partes por igual. Yo misma me asusté de lo que habíamos montado. Poco después, Ernest me invitó a dar una charla en una conferencia en Barcelona, ante profesores universitarios y psicólogos. Allí me lancé a contar lo que sabía. Terminó siendo la contraportada de La Vanguardia, una de las páginas más leídas del periódico”.

-¿Qué recuerda de aquellos primeros años, compaginando el activismo con su trabajo?
“Por aquel entonces, yo estaba sana, trabajaba muchísimo y le dedicaba al movimiento el tiempo que podía, pero siempre con mucho sacrificio. Me decía a mí misma: “Un año más y lo dejo.” Y así hasta catorce años, pero siempre pasaba algo que me motivaba a seguir. Lo pienso ahora y decidí bien, ¿cómo iba a decirle a toda esa gente que ya no iba a acompañarles?”.

-Uno de los momentos que más llama la atención es su reunión con Mariano Rajoy. ¿Cómo fue aquel encuentro?
“Fuimos cinco kellys. Nos recibieron en Moncloa con honores de jefe de Estado. Estuvimos casi dos horas con él, nos dedicó muchísimo tiempo y nos prometió que se iban a regularizar como enfermedades profesionales el túnel carpiano, el codo de tenista y otras patologías derivadas de nuestro trabajo. Y lo cumplió. Tengo que reconocerlo, porque es de justicia: Mariano Rajoy se portó muy bien con nosotras. No entramos en polémicas de si era de derechas o de izquierdas; él hizo su parte, y lo que hizo, lo hizo bien. Ocho meses después lo echaron del Gobierno, cosas de la política”.

-Ha tenido interlocución también con Pedro Sánchez y con Yolanda Díaz. ¿Cómo compara aquellas reuniónes?
“¡Sin ninguna duda, Mariano Rajoy se portó mejor que Yolanda Díaz! Lo digo sin ningún tapujo. Recuerdo también que, cuando fuimos a ver a Rajoy, el entonces líder de la oposición, Pedro Sánchez, sacó un vídeo diciendo que lo que había que hacer era derogar el artículo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores, que prohíbe externalizar la actividad estructural de una empresa. En nuestro caso, esa actividad estructural son las habitaciones”.

-¿Qué papel ha jugado la prensa en la visibilización del movimiento?
“Un papel decisivo, rotundamente. El éxito de la palabra …”. es que cualquier persona la asocia automáticamente a un trabajo femenino, duro y mal pagado, y eso ha sido gracias al apoyo de la prensa. Sin esa caja de resonancia mediática, sin que tanta gente sintiera que aquello le tocaba de cerca —porque tuvo una madre, una tía o una abuela en esta profesión— no habríamos llegado adonde estamos hoy”.

-¿Ha notado diferencias en la situación de las camareras de piso en Canarias respecto a Cataluña, de donde usted viene?
“Me ha sorprendido gratamente. Hay muchísimas camareras de piso sindicadas y los sindicatos han trabajado bastante bien. Aquí se trabaja mucho por producción, por puntos, algo que a mí me sonó nuevo cuando llegué. Es lógico que nadie cuestione ganar más dinero trabajando más, pero hay que pensarlo bien, porque al final se está recibiendo dinero a cambio de salud. Dicho esto, en algunos hoteles del Sur se cuida muchísimo a las trabajadoras, y en varios aspectos no le sacáis ventaja a Cataluña. Es la cuarta vez que vengo a Canarias y no me lo esperaba: en muchos casos estáis por delante, igual que en Baleares, donde los sindicatos mayoritarios también han sido fuertes. Aunque, como en todo, aún queda por mejorar”.

La resolución aprobada en Adeje para instar a los sindicatos mayoritarios a convocar una huelga estatal recoge buena parte de lo que ustedes llevan años reclamando. ¿Cómo valora que Sindicalistas de Base lo impulse en Canarias?
“Le estoy eternamente agradecida, igual que se lo estaría a Comisiones Obreras o a UGT si lo hubieran hecho ellos. Pero no lo han hecho. Así que no hay que criticar a quien sí está luchando en la misma dirección: si no le das la mano, al menos ten la decencia de callarte”.

-Después de catorce años de lucha, ¿se considera un referente del movimiento?
“Nunca me habían hecho esta pregunta, de verdad. No sé si soy un referente. Creo que he sido una persona que vio una oportunidad para dar visibilidad a algo, y que por carácter no sabe decir que no. Muchas veces me he preguntado por qué me metí en esto, con la falta que hacía en mi casa. Pero si alguna niña, dentro de unos años, lee el pasaje de estos catorce años de lucha, me gustaría que me recordaran como una compañera que lo dio todo para que se reconociera el trabajo de las camareras de piso”.

-Sobre las camas elevables, aprobadas ya en Baleares y recientemente en Canarias, ¿qué ha visto en la implantación real?
“He hablado con camareras que trabajan en hoteles donde ya se están instalando y el problema es que nadie les pregunta antes cómo deberían ser. Hay subvenciones para que los empresarios las incorporen, así que tampoco supone un desembolso importante para ellos. Pero, claro, si a una trabajadora bajita se la ponen demasiado alta y luego, cuando se estropea, no se la arreglan, tiene que moverla ella misma, y al ser metálica pesa muchísimo. Es la historia de siempre: se compran seiscientas camas y ya está, sin preguntar a las personas que están en el tajo qué tipo de cama les vendría bien. En este país tenemos esa costumbre de legislar sin contar con quien va a usar lo que se legisla…”.

-¿Por qué considera que externalizar el servicio de pisos es, como se dijo en la asamblea de Adeje, “atacar el corazón del hotel”?
“Porque verdaderamente es así. Externalizar siempre es un error, se mire como se mire. En Málaga, Comisiones Obreras consiguió que la trabajadora externalizada cobrase lo mismo que la de plantilla, y lo vendieron como un logro, pero yo no lo veo así: lo que hicieron fue legitimar la externalización. Cuando en un hotel conviven plantilla propia y personal de empresa externa, se divide a las trabajadoras, y en las votaciones sindicales cada una vota con su empresa, lo que resta fuerza a los comités”.

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