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La ‘viuda negra’, la fugitiva que se escondía entre lujos en Tenerife, ya está en la cárcel

Pamela Gwinnett estafó casi 300.000 libras a una anciana de 89 años y permaneció 16 meses escondida en Los Cristianos antes de ser extraditada a Reino Unido
La 'viuda negra', una fugitiva que estafó 300.000 libras a una mujer de 89 años. Daily Mail

Pamela Gwinnett, conocida en Reino Unido como la ‘Viuda Negra’, ya se encuentra en prisión después de permanecer más de un año fugada en Tenerife. La mujer, de 63 años, fue extraditada la pasada semana y condenada este lunes a cumplir seis años y dos meses de cárcel por estafar cerca de 300.000 libras, unos 345.000 euros, a una anciana de 89 años.

Gwinnett había sido detenida en julio en un complejo residencial de Los Cristianos, en el municipio de Arona, donde llevaba viviendo desde abril de 2025 tras incumplir las condiciones de su libertad provisional y huir del Reino Unido mientras esperaba la celebración del juicio.

La acusada solicitó permiso para viajar a Tenerife con el argumento de que necesitaba esparcir las cenizas de su hermano. El tribunal británico rechazó la petición el 2 de abril de 2025, pero Gwinnett tomó un avión apenas cinco horas después y no compareció ante la Justicia seis días más tarde.

Durante los aproximadamente 16 meses que permaneció en la Isla, fue vista disfrutando de la piscina comunitaria, acudiendo a restaurantes y realizándose tratamientos estéticos. Varios equipos de medios británicos, entre ellos Sky News, lograron localizarla y entrevistarla frente a su domicilio, donde negó haberse apropiado del dinero.

La Policía de Greater Manchester, la Agencia Nacional contra el Crimen británica y las autoridades españolas colaboraron para detenerla y ejecutar su extradición. Gwinnett regresó al Reino Unido el pasado 30 de julio y fue arrestada nada más aterrizar en el aeropuerto de Manchester.

Aisló a la anciana de toda su familia

La víctima, Joan Green, era una contable jubilada que vivía en Chorley, en el condado inglés de Lancashire. Gwinnett había entrado en su vida realizando algunas compras y pequeñas tareas de limpieza para ella y su marido, pero terminó ganándose su confianza hasta conseguir que le concediera poderes notariales sobre su patrimonio.

Según quedó acreditado durante el juicio, la acusada puso en marcha una estrategia para separar a Green de sus familiares y controlar en exclusiva sus cuentas. Para lograrlo, presentó acusaciones falsas ante los servicios sociales, asegurando que los parientes de la anciana robaban su dinero y la desatendían.

También ordenó colocar candados en las verjas de la vivienda, cambió el número de teléfono fijo e indicó a las cuidadoras que impidieran la entrada de familiares y amigos. El juez Michael Maher consideró probado que Gwinnett pretendía mantener a la jubilada completamente aislada y bajo su control.

Una de las cuidadoras terminó facilitando en secreto una visita de la familia. Los parientes descubrieron entonces el estado de abandono en el que se encontraba Green y comenzaron a recabar pruebas sobre la gestión de sus bienes.

El tribunal también señaló que Gwinnett no proporcionaba ningún cuidado real a la anciana, sino que la intimidaba y provocaba que sintiera miedo. En una ocasión, una trabajadora encontró a Green en la cama sin haber recibido la atención higiénica que necesitaba.

Bótox, restaurantes y un coche de 22.500 libras

Gwinnett llegó a apropiarse de casi 300.000 libras del patrimonio de Joan Green. Parte del dinero fue utilizado para comprar un vehículo valorado en 22.500 libras, pagar cuotas hipotecarias de propiedades a su nombre, acudir a restaurantes caros y someterse a tratamientos de belleza y bótox.

La acusada continuó retirando fondos incluso después de que un tribunal suspendiera sus poderes notariales en marzo de 2022. Meses más tarde abrió una cuenta conjunta con la jubilada y transfirió nuevas cantidades, tanto antes como después del fallecimiento de Green, ocurrido en noviembre de ese mismo año.

Gwinnett fue juzgada en ausencia en octubre de 2025 y recibió inicialmente una condena de seis años de prisión por fraude mediante abuso de posición de confianza y robo. El juez Maher aseguró entonces que había tratado a la víctima como una “vaca lechera” a la que pretendía explotar hasta dejarla sin dinero.

Tras su extradición y comparecencia este lunes ante el Tribunal de la Corona de Preston, el magistrado añadió otros dos meses a la pena por haber incumplido las condiciones de su libertad bajo fianza.

El juez describió a Gwinnett como una mujer “intimidatoria” y “manipuladora” que utilizó los ahorros acumulados durante toda una vida por Green y su marido para financiar un “estilo de vida extravagante”.

La familia de la víctima mostró su alivio después de verla finalmente en el banquillo. Su nieto, David Bolton, lamentó que la condenada no haya pedido perdón ni mostrado arrepentimiento por el daño económico y emocional provocado.

La defensa sostuvo que Gwinnett había huido a Tenerife debido al miedo, la ansiedad y diferentes problemas de salud mental. Un argumento rechazado por la familia, que recordó que durante su estancia en la Isla disfrutaba de piscinas, manicuras, bares y restaurantes.

Además de la pena de cárcel, la Justicia británica ha dictado una orden de confiscación sobre sus bienes para intentar recuperar el dinero sustraído y compensar a los herederos de Joan Green.

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