Pocas cosas están más presentes en nuestra memoria que algunos de los juguetes que nos trajeron los Reyes Magos en nuestra infancia. En una fecha en la que todo es ilusión para los más pequeños y las más pequeñas, aquellos juguetes nos resultan irrepetibles porque, en algunos casos, lo son.
Hacer un listado general de los mejores juguetes es algo muy subjetivo, pero es verdad que por diferentes razones, algunos de ellos forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones.
Los juguetes de nuestra infancia

Nancy. Fue una respuesta a la Barbie. Es indiscutible que esta muñeca española caló muy hondo en los corazones de los más pequeños de la casa. La publicidad en televisión tuvo algo que ver, si bien a día de hoy sigue siendo uno de los juguetes más codiciados por los coleccionistas. La Nancy, al igual que la Barbie, ha evolucionado con el tiempo y su popularidad parece inagotable.
Fue creada en 1968. No se conoce el origen de su nombre. Lo que sí sabemos es que, desde su nacimiento, Nancy se convirtió en la reina de las jugueterías, ya que era más que una simple muñeca: era un referente de la sociedad del momento que comenzó a emerger en el país.

Playmobil. Lo normal era tener en casa un baúl con un sinfín de estos pequeños machangos que te permitían crear el mundo que quisieras. Los había de todos los colores y para todos los gustos; desde el mítico barco pirata hasta el fuerte, pasando por la comisaría de policía.
Playmobil, tal como lo conocemos, nació en 1974 en Alemania de la mano del diseñador Hans Beck, que desarrolló unas figuras pequeñas, resistentes y fácilmente manipulables, pensadas para estimular la imaginación infantil a través del juego simbólico. La idea surgió en plena crisis del petróleo, cuando la empresa Playmobil buscaba juguetes que requirieran menos plástico que los grandes artículos de la época. Así aparecieron los icónicos muñecos de 7,5 centímetros, con rostro neutro y manos en forma de pinza, concebidos no para imponer una historia, sino para que cada niño construyera la suya.
Desde su lanzamiento en la Feria del Juguete de Núremberg, Playmobil se convirtió en un fenómeno global, ampliando su universo con temáticas como el Lejano Oeste, la Edad Media, la vida urbana o los servicios de emergencia. A lo largo de cinco décadas, la marca ha mantenido una filosofía clara: juguetes duraderos, sin pantallas y con un fuerte componente narrativo.

Figuras de Star Wars. La influencia el cine supuso una revolución para los juguetes que se comercializaban en los ‘movidos’ años ochenta. El éxito del universo Star Wars -su primera entrega fue en 1977- propició que se hicieran figuras de los personajes y sus icónicas naves espaciales.
Hoy estos juguetes son objeto de coleccionistas. Si los tienes en su embalaje original, algo complicado, es posible que tengas un verdadero tesoro en casa.

Masters del Universo. es una de las sagas más icónicas de la cultura pop de los años 80, nacida como una línea de juguetes de Mattel y convertida rápidamente en fenómeno televisivo. La serie animada original, estrenada en 1983, presentó a He-Man, el alter ego del príncipe Adam, como defensor del castillo de Grayskull frente al villano Skeletor, en un universo que mezclaba fantasía, ciencia ficción y una clara carga épica.
El impacto de la franquicia fue inmediato y global, impulsando no solo la venta de figuras de acción, sino también cómics, películas y series derivadas. Su narrativa sencilla —la lucha entre el bien y el mal— y sus personajes fácilmente reconocibles consolidaron a Masters del Universo como un referente del entretenimiento infantil de la época.
Estos juguetes han sido recientemente reeditados para alegría de los niños y niñas de la época.

Futbolín Emilio Butragueño y Exin basket. “Las piernas de los jugadores chutan de verdad”. El futbolín Emilio Butragueño era el FIFA de la época. Dos equipos, un sistema rudimentario y unos porteros que, si le dabas muy fuerte, salían volando, pero podías pasar horas y horas jugando. Si disparabas muy fuerte rebotaba en el fondo de la portería y tu amigo o amiga, te hacía creer que no había sido gol.
El hermano pobre era el Exin Basket, al que no le pusieron jugadores. Solo un agujero que echaba aire que hacía volar la pelota hacia la canasta. El vuelo era hipnótico, porque llegaba a flotar antes de entrar por el aro. Se le acaba cogiendo el tranquillo a base de acabar con agujetas en el dedo.

Los juegos Nova. Los Juegos Nova fueron una popular serie de juguetes y kits educativos comercializados principalmente en España a finales de los años 80 y durante los 90 por la marca Mediterráneo. Esta colección se caracterizaba por ofrecer experiencias prácticas y creativas para niños: desde explorar la arqueología con Arqueologic-Nova, moldear cerámica con AlfaNova o aprender sobre minerales y ciencia con Micronova, hasta actividades manuales como fabricar velas (CeraNova) o colección de sellos con Filatelic-Nova. Cada caja incluía materiales y herramientas específicas para que los pequeños realizaran las actividades por sí mismos, fomentando el aprendizaje a través del juego.
La línea se dejó de producir a finales de los 90 tras la desaparición de Mediterráneo como marca independiente, algunos de estos juegos han vuelto a aparecer en tiendas o mercados de coleccionismo.

Balones Mikasa. Los balones Mikasa eran económicos y duraban mucho, podías jugar con ellos sobre el piche, ahora bien, el de fútbol, si te daba bien, te dejaba la marca. Y no poca. Marcó a una generación de niños y niñas que descubrieron que el deporte podía ser muy duro si te daban con un Mikasa bien inflado. Si era un día de frío era mucho peor (o te calentaba la zona).
La clave estaba en el sistema de confección de estos balones, con nylon especialmente diseñado para que duraran mucho. Es verdad que un balón MIkasa no solía romperse y aguantaban cualquier tipo de superficie. Eso sí, eran durísimos.

Game Boy. La Game Boy, lanzada por Nintendo en 1989, supuso una auténtica revolución en la industria del videojuego al llevar la experiencia de juego a cualquier lugar. Con un diseño robusto, una pantalla monocroma y cartuchos intercambiables, la consola portátil logró imponerse frente a competidores técnicamente más avanzados gracias a su precio accesible, su gran autonomía y un catálogo de títulos que marcaron época, como Tetris, Super Mario Land o Pokémon.
Su éxito fue masivo y sostenido durante más de una década, convirtiendo a la Game Boy en un fenómeno cultural y comercial que trascendió generaciones. Más allá de sus limitaciones técnicas, la consola consolidó el modelo de juego portátil y sentó las bases de futuras plataformas de Nintendo, quedando asociada al recuerdo de una era en la que jugar en cualquier parte pasó de ser una idea a una realidad cotidiana. El Tetris tuvo mucho que ver en su éxito.






