Vacaciones de sí mismos
Basta observarlos con curiosidad antropológica cuando se arrastran (con gesto contrariado) por los aeropuertos. Es suficiente con seguirles la pista cuando, transpirando tensión, incomodidad y mal humor, disimulan malamente que los han expulsado temporalmente de su zona de confort. Ahí están, en los mostradores de facturación, en la cola de embarque o buscando la fila
