Carracedo
En octubre de 1971 el Carrata tenía treinta años. Yo los cumpliría seis meses más tarde. Entonces explotó el Teneguía. En esa época conocí a algunos geólogos que eran amigos de Carracedo. Lola Illescas y su marido Carlos, que andaban exhibiendo una modernidad insólita, ese mundo que anunciaba la desaparición de otro que estaba agonizando.
