Patarroyo, entre dos mundos
En la terraza del Mencey, hace dos años, Manuel Elkin Patarroyo se sabía ya mortal. Venía de morder el polvo de su mala salud de hierro, por enésima vez, y diríase que le había visto las orejas al lobo. Una crisis familiar le había cercenado, al parecer definitivamente, su proverbial sentido del humor. Lo encontré,

