conversaciones en los limoneros

Amelia Piña Pisaca: “Andy Warhol es un vampiro tóxico”

Amelia Piña Pisaca (Santa Cruz, 1966), pintora, diseñadora. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, me suelta que es autodidacta, pero dentro de la facultad, lo cual me parece imposible
Amelia Piña Pisaca
Amelia Piña Pisaca

Está tan acostumbrada a decir lo que piensa que ha perdido el miedo, si es que alguna vez lo tuvo, que creo que no. Ella es Amelia Piña Pisaca (Santa Cruz, 1966), pintora, diseñadora. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, me suelta que es autodidacta, pero dentro de la facultad, lo cual me parece imposible. Pero luego me lo explica: “Había allí profesores que eran un horror; algunos ni aparecían. Otros me anunciaban el suspenso, antes de los exámenes, porque ellos eran progres y yo era una pija de familia bien y nieta de un arquitecto famoso; decían que era una facha a la que no se le podía pedir mucho. Y se quedaban tan frescos”. Su padre ejerció como secretario del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz; su madre era amiga de mi madre. Su abuela, que tenía chófer, paraba el coche en zona prohibida y le decía al conductor: “No importa, quédese ahí que cuando venga el guardia yo le pago la multa”. Es lo que se dice una ácrata, o quizá, mejor, una mujer libre, que habla sin complejo alguno. No tiene por qué tenerlo. Su padre, a través de un pariente suyo que era alto cargo de la Universidad de Sevilla, averiguó para mi padre que yo no había ido a Híspalis a estudiar medicina, sino a hacer el gamberro y el vago. Y mi padre viajó a Sevilla y me trajo de una oreja. Fue una delicia la charla pero al final me dice: “¿Pero no habíamos venido a Los Limoneros a hablar de mi pintura?”. Le respondo que también.


-¿Tu tiempo universitario fue un desastre?
“Como quieras calificarlo, pero no por mi culpa; había profesores que no enseñaban nada. Y, además, en mi caso algunos me anunciaban los suspensos antes de los exámenes, como te dije”.
-¿Qué has hecho, en otro tiempo, para sobrevivir?
“Vender retratos a 10.000 pesetas, además de otras actividades como dar clases en institutos”.
-¿Niña de papá y de mamá?
“¡Qué va! Ellos no estaban de acuerdo con mi rollo. Y por eso me supe adaptar a la pobreza”.
-¿Qué es lo más raro que te ha pasado?
“¡Uf!, muchas cosas. Una vez me cogió en auto stop un señor que tenía una furgoneta llena de suflés”.
-¡Coño, qué bien!
“En la facultad éramos unas cuantas a las que consideraban sfigatas –perdedoras–. A Elena, una alumna, un profesor le dijo que era muy poca cosa. Y la suspendía una y otra vez. Aprobó la carrera gracias a otra profesora”.
-El otro día, Quini Feria, que es un hombre con sensibilidad, dijo aquí mismo que un pintor, si no sabe dibujar, debe dedicarse a otra cosa.
“No estoy de acuerdo. Si alguien no sabe dibujar puede ser artista y dedicarse a combinar colores; y puede triunfar”.
-¿Tú entiendes la pintura de Andy Warhol, cuyas latas de sopa valen millones? Dime que no, por favor.
“Está sobrevalorado. Y no, no lo entiendo. Un artista debe tener imaginación y algo que decir, aunque no sea dueño de una buena manualidad”.
-¿Quién te enseñó a pintar?
“Pues ningún profesor de Bellas Artes, por cierto. Aprendí más en una tarde con un alumno que en todos mis años de facultad. Era conceptual, tenía una buena cabeza”.
-Allí enseñaba Pedro González.
“Como profesor, muy malo. Como artista, bueno…”.
-¿Cómo ves el arte, hoy, Amelia? Pregunta sesuda la mía.
“El trabajo artístico, en cualquier tiempo, debe pasar antes por una guerra de almohadas”.
(Su obra es excelente. Tiene cuadros de gran formato por los que ha peleado, incluso una vez ante los tribunales, porque un presunto cliente se lo apropió. Habla con rabia de quienes han intentado engañarla, como algún que otro galerista local, que también se ha apropiado de obra suya. Dice que “hay algunos que se saben vender muy bien en el mundo del arte, pero no valen nada”. Ha diseñado juegos de té y cajas para vinos selectos. Y abunda sobre Andy Warhol, ella que es esotérica total):
“Andy Warhol es un vampiro tóxico”.
-¿Qué haces con tus numerosos enemigos?
“Los pinto en mis cuadros como si fueran diablos, por ejemplo. Tengo a varias personas enfiladas que siempre aparecen en un rincón de mis obras, con caras de demonios, rojos como tomates y rabiando. A mis enemigos los mando al infierno”.
-¿Por ejemplo?
“No me tires de la lengua”.
-Venga, que me ponen a parir si no arriesgo.
“No, déjame tranquila que hay mucho bicho malo por ahí. Creo que me he metido en un avispero con esta entrevista y ya te voy conociendo”.
-Define el arte, entonces.
“El arte es confusión, pero los que manejan la cultura, aquí en Canarias, no lo saben. Son enemigos de cualquier creación artística nueva”.
-¿Cuál es tu meta?
“La libertad”.
-¿Has pasado hambre?
“Tanto como eso, no”.
-¿Qué hiciste en Italia?
“Trabajar como una loca y… bueno, y también follar”.
-¿Qué opinión tienes de los galeristas? Me temo que mala.
“La mayoría son unos sinvergüenzas; algunos son honrados, pero los menos”.
-¿Mandarías al infierno a un galerista al que llaman…?
“No, no des nombres. Sí, sí lo mandaría”.
-¿Cómo te definirías como artista, Amelia?
“No lo sé, yo hago cosas mucho más complicadas que los hombres artistas. Creo que las hago mejor”.
-¿Y la mejor oferta que has recibido?
“Pues diseñar para el Circo del Sol, pero no tenía dinero para fabricar el producto y nadie de mi entorno creyó en mí. También me copiaron una idea para el Cortejo de Tarasca. Me han copiado toda la vida”.
-¿Vives de la pintura?
“Sí, claro que vivo de ella”.
-Hay lobbies en el mundo del arte?
“Sí, claro que los hay. A mí me ha ayudado mucho el lobby gay, que es muy influyente y amable. Pero hay gente que es gay y no se atreve a decirlo, no me explico por qué, y esos son más ladinos, más peligrosos”.
-¿Qué países inspiran hoy tu pintura?
“India y México son mis países de culto. En la facultad no gustaba esto de las influencias, pero yo soy un ser libre y en la facultad se creó una especie de mafia que nunca entendí”.
-He visto un cuadro tuyo, hermoso, que parece –y que no es— un collage, con Frida Kahlo en el centro.
“Sí, diseñé y pinté un almanaque con ese cuadro de portada, que no pude vender bien porque salió tarde de la imprenta y apareció cuando ya había empezado el año 22”.
(Me entrega uno. Es precioso. Lo guardaré con mucho cariño. A Amelia no le gusta el pescado, pero sí las gambas de Huelva. Vivió en Venecia, conoció Italia, “donde se hace arte de verdad”. Tuvo novios italianos. Amelia se fue a Italia porque a un galerista italiano le gustó mucho su obra. Pero una llamada de otro galerista de Tenerife a su colega italiano la dejó en la calle”).
-¿Cosa de amores?
“No lo sé, por mi parte no. Pero sí te diré que hay mucha misoginia en el mundo del arte. Y, además, te ven débil y te quieren dar por saco. Parece que para triunfar hay que dar mucho por saco”.
-¿Crees en la otra vida?
“Por supuesto, lo que hago lo he traído de ahí”.
-Eres un pozo de vivencias, Amelia.
“¿Tú crees?, yo me quiero zafar del conocimiento, pero el conocimiento me persigue”.
-¿Y el amor?
“Ya no me enamoro tanto. Ni llevo agenda, lo mío es tradición oral”.
-¿A quién prefieres enseñar, con tu experiencia docente, a un mago de Granadilla, un suponer, o a un pijo de La Laguna?
“A un mago de Granadilla, en cuyo instituto conocí a Lázaro, un niño de 13 años que no quería pintar, que tampoco se fugaba por San Diego, que tuvo momentos de gloria en clase y al que le di sobresaliente; un ejemplo de superación para los demás”·
-¿Qué dijiste en la revista Fama que causó tanto escándalo?
“Ah, sí, dije eso, que mi sino era dar por saco. Y aparecí en portada”.
-Tus padres murieron, tienes una hija que vive fuera. ¿Te sientes sola?
“Puede que a veces; pero entonces me acuerdo de mi padre, que siempre me decía que sería perfecta si tuviera sentido común. Ahora procuro hacerle caso, pero ya no está aquí”.
-Puede que te vea.
“Puede”.
-¿Más rarezas?
“Un día me tocó ser presidente de una mesa electoral y mi padre, que era muy serio, se echó las manos a la cabeza. Les di un discurso a los miembros de la mesa diciéndoles que yo no presidía nada, que aquí éramos todos iguales. El juzgado nos felicitó por nuestro trabajo impecable”.
-¿Qué has pintado para ganarte la vida?
“Por ejemplo, desnudos y retratos”.
-¿Quieres decir algo más?
“Sí, que esto me ha desilusionado un poco porque no hemos hablado mucho de mi pintura”.
(Ya lo he hecho yo entre paréntesis. Eres una artista de los pies a la cabeza, con una obra yo diría que un tanto barroca, hermosa, agradable a la vista y llena de sus propios matices. Y con influencias de los clásicos italianos. Y hecha con los mismos matices que conforman tu carácter. Vayan a Internet, vale la pena que la conozcan. Y, además, personalmente, Amelia Piña Pisaca –que firma solo como Amelia— es un encanto, aunque algunos sostengan radicalmente todo lo contrario. Yo no).

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